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Yale dedica programa a videos de terror de los 80s

La prestigiosa universidad norteamericana adquirió 2700 VHS de películas de suspenso y miedo olvidadas, por considerarlas “la encarnación cultural del deseo de una época”.

 

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En la biblioteca de la Universidad de Yale se puede encontrar desde papiros egipcios a tabletas de barro babilónicas. Entre esas rarezas ahora resalta otra, no menos valiosa culturalmente: tendrá videos, o VHS, o cintas de video, que definen mucho cómo vivía la gente y pensaba en los ochentas del siglo pasado. La institución adquirió 2700 películas de terror, suspenso y ciencia ficción, muchas de ellas olvidadas, o bizarras, o ignotas. Eso la convierte en la primera universidad norteamericana en tratar a los videotapes como objetos dignos de estudio.

La colección está dominada por películas de terror, también llamadas de explotación, muchas de ellas de fines de los setentas y comienzos de los ochentas. David Gary, el bibliotecario en jefe a cargo del proyecto, llama a los videos “el tipo de material que permite conocer los deseos ocultos de una era”. Es raro que se haga tal compra en tiempos cuando la gente ve películas en sus teléfonos celulares, de un formato obsoleto y de cintas menospreciadas por la crítica. Pero ese es el punto.

El punto del proyecto no es rescatar a las películas en sí, sino al formato, preservar sus cualidades. Y no solo las cintas, sino los diseños de tapa, las tipografías, los mensajes. Gary llama a todo esto “la materialidad del VHS”. “La gente querrá estudiar las etiquetas que se ponían en los videos, el carrete, la caja de plástico”, piensa Gary, especializado en Historia Norteamericana. “Todo eso cuenta una historia sobre cómo se produjo y de dónde vino, para que los académicos futuros lo puedan estudiar de alguna manera”.

 

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Las tapas no solo responden al gusto de la época, sino a un mercado hiper-competitivo luego de que Sony y JVC lanzaron sus primeros videocassettes a mediados de los setenta. Había que llamar la atención de los adolescentes que consumían ese tipo de películas, de ahí el atrevimiento en imágenes y colores. “El arte de tapa y de las cajas es algo que lograba vender películas a los jóvenes”, opina Aaron Pratt, estudiante de doctorado que ayuda en la selección.

Películas de asesinos, de monstruos, de rubias perseguidas, de locos: eso dice mucho sobre un período particular de la historia norteamericana, dice Pratt. Y se ve que esos videos marcaron a toda una generación de coleccionistas, que aportaron sus copias a la colección universitaria. Joe Pesch, un coleccionista de Dayton, Ohio, fue su principal aliado. El estado impecable de sus copias selló el trato. “La nostalgia es el último paso antes del estudio académico. Asegurémonos de que haya un lugar que preserve a estas películas por un largo tiempo”, le dijo Gary a Pesch, y lo convenció de vender.

¡Larga vida al VHS!

Visto en Bloomberg

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