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Wes Anderson hizo la decoración de un bar en Milán

La semana pasada abrió sus puertas el Bar Luce, cuyo aspecto, mobiliario y hasta platos fueron creados por el delicado cineasta, que llevó a su cine a la vida real.

 

 

Sus películas son personalísimas, encantadoras, reconocibles a la legua. Su nombre es sinónimo de elegancia, ternura, cromatismo vintage. Es Wes Anderson, cuyo mundo es casi una marca registrada. Y ahora, ese universo de colores y referencias sale de la pantalla grande y llega a la vida real, a la ciudad italiana de Milán. Bienvenidos al Bar Luce, el restaurant más fantástico de la semana.

El café está ubicado en el complejo de la Fondazione Prada, recientemente inaugurada. Es el sueño de todo fan de Anderson, que dice que quiso hacer un lugar que fuera perfecto para sentarse a escribir una película. Claro, el lugar parece salido de uno de sus films, parece un decorado salido del lobby del Gran Hotel Budapest. “Pienso que podría ser un gran set para una película, pero es mejor aún como lugar donde escribir una película. Traté de hacer un bar en el que yo pasaría mis tardes no ficcionales”, comentó risueño Anderson.

Cada detalle es, para decirlo de algún modo, “Instagrameable”, desde el menú hasta el piso. Y eso sin olvidar las tortas, de indudable aspecto dulce y colorido (¿Serán un guiño a la Mendl’s Bakery, salida de la última película del realizador?). El baño femenino es digno de Margot Tenenbaum, ideal para que se esconda en un ataque de angustia; las máquinas de pinball en el hall nos recuerdan a La Vida Acuática; y la rocola es tan hermosa que seguro apelaría al gusto de Max Fischer, el protagonista de Rushmore.

Por supuesto que en el sitio milanés reinan los colores pastel en el interior, y un cierto modernismo de antaño da a todo una vida muy andersoniana, muy bella, muy acogedora e invitante. Lo has hecho otra vez, Wes.

Visto en Buzzfeed

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