Deporte

Venezuela: el fútbol une lo que la política separa

En una tierra en la que la pasión es el béisbol, la fiebre del fútbol genera un clima de reconciliación en Venezuela. Se trata de una tregua, en sesiones de 90 minutos, entre oficialistas y opositores.

 

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La Vinotinto, como se conoce a la selección de ese país, sueña con el milagro de clasificarse a su primer mundial y mientras lo intenta, contagia de entusiasmo a todos los venezolanos, independientemente de su inclinación política. Poco antes de que la escuadra venezolana perdiera ante Uruguay 1-0, en un encuentro clasificatorio al Mundial de Brasil 2014, dos rivales políticos, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y el líder de la oposición y gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles, expresaron exactamente lo mismo:el deseo de ir a la cita brasileña y participar en la primera Copa del Mundo de su historia.

“Toda nuestra energía, todo nuestro amor y todas las bendiciones a los jugadores de la Vinotinto. ¡Que viva La Vinotinto!”, dijo Maduro antes de que la selección saltara al campo de juego.

“#VamosVinotinto toda nuestra Venezuela unida por el sueño Brasil 2014. A ganar”, escribió Capriles en su cuenta de Twitter.

Tras la derrota, Venezuela acompaña a Uruguay en el quinto lugar, con 16 puntos. La Vinotinto necesita ganar sus próximos encuentros si quiere despojarse del estigma de ser el único país de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL) que no ha ido a un Mundial.

Para la psicóloga Carolina Vásquez, los venezolanos tienen dificultades para lidiar con las adversidades y respetar las posiciones antagónicas. Por eso, acaban asumiendo un comportamiento infantil cuando se trata del fútbol. “Es como si fueran unos niños en el prescolar”, dijo Vásquez.

El fútbol es como la hora de recreo. “Son espacios de catarsis, de fiesta, en los que no se tocan temas profundos. La idea es aprovechar, disfrutar, algo que adoramos. Somos hedonistas. Todo es armonía y concordia hasta que surge una diferencia. De ahí en adelante, volvemos a ser rivales”.

El martes, los venezolanos vieron una decisión atípica en la Asamblea Nacional, un recinto en el que se han visto profundas discrepancias, gritos y hasta golpes entre parlamentarios oficialistas y opositores. Los diputados pospusieron para la próxima semana la discusión del proyecto de ley de Bosques y Gestión Forestal que estaba pautada para el día en que la Vinotinto se mediría ante Uruguay. La familia de Carolina Vásquez también se ha contagiado de la “fiebre vinotinto”. De vez en cuando va al estadio acompañada de su hija, quien juega en la selección femenina de balompié del Distrito Capital y del equipo de la Universidad Central de Venezuela.

Carolina y su hija profesan posturas ideológicas antagónicas, pero las dejan de lado cuando acuden al estadio. “El acuerdo es: aquí no se habla de política”, señaló. Hasta ahora ha funcionado muy bien, dijo. En el estadio de Cachamay, en la ciudad de Puerto Ordaz, se vio plasmada en una pancarta gigante lo que parecía describir muy bien el sentimiento de los venezolanos en la noche del partido: “Pasión que nos une a todos”. Acostumbrado a cubrir las manifestaciones políticas en Venezuela, especialmente las del presidente Hugo Chávez, quien murió en marzo, el fotógrafo Carlos García Rawlins dijo que en el día del partido las banderas políticas se quedan en casa. Ese día el sentimiento nacionalista se crece.

“Es imposible decir quién es quién. Todos apoyan a Venezuela, algo diferente a lo que ocurre en el terreno político”, dijo el fotógrafo mientras esperaba el pitazo inicial. “El día del partido no importa si el patrocinador es PDVSA (la estatal petrolera) o Polar (gigante industrial asociada con la oposición)”.

Visto en: BBC Mundo

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