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Van casa por casa para que los chicos vuelvan al colegio

En Santa Fe, un equipo del Ministerio de Educación sale a buscar a los alumnos que abandonaron la secundaria. Casi 1.600 ya volvieron y están terminando sus estudios. Ahora van por otros 3.400.

 

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Cuando a Agustín (16) le tocaron la puerta de su casa en el barrio Las Flores de Rosario, lo primero que pensó fue que esas dos personas que lo esperaban afuera serían vendedores ambulantes o testigos de Jehová. Pero no: eran dos empleados del Ministerio de Educación de Santa Fe que recorrían el barrio en busca de los chicos que, como Agustín, habían abandonado la secundaria. De casa en casa, tocando timbres y golpeando puertas, los equipos territoriales del ministerio combaten la deserción visitando a los adolescentes que dejaron la escuela. Ese es el punto de partida del plan Vuelvo a Estudiar, que ya logró que al menos 1.600 chicos retomen la secundaria.

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Tras el impacto inicial, la mamá de Agustín puso en palabras lo que él ya estaba sintiendo: “Es mucha la gente que anda detrás tuyo para que vuelvas al cole. Tenés que ponerte las pilas”. Desde entonces, su hijo retomó la escuela, al igual que otros jóvenes de entre 14 y 22 años en Rosario, Santa Fe, Venado Tuerto, Reconquista y Avellaneda. Vuelvo a Estudiar arrancó en 2013 en esas cinco ciudades, y en 2014 se amplió a toda la provincia.

“El proceso de retorno es artesanal, para cada chico se diseña una estrategia diferente. En una primera fase, los equipos territoriales visitan a los adolescentes, indagan en los motivos de abandono y les ofrecen un abanico de posibilidades para que vuelvan”, explica Claudia Balagué, ministra de Educación de Santa Fe.

Las causas de la deserción son casi tantas como los chicos que abandonan. Entre las más repetidas están las situaciones de maternidad, cuestiones laborales y vínculos complicados con el grupo (desde acoso hasta discriminación). Para poder abordar esta complejidad, el plan Vuelvo a Estudiar surgió como una iniciativa del Gabinete Social de Santa Fe, integrado por diez ministerios que trabajan en conjunto sobre las problemáticas específicas de los sectores más vulnerables de la provincia.

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En febrero los equipos territoriales empezaron a llegar a los barrios con los listados de chicos que estaban escolarizados en 2012, pero no asistieron al colegio en 2013. “El Sistema de Gestión Escolar fue fundamental para poder tener información actualizada. Es una plataforma en la que cada escuela carga los datos de su matrícula permanentemente. Por lo tanto, en cualquier momento del año se puede consultar esa información”, señala Balagué. Así, el compromiso de cada directivo permite contar con estadísticas confiables, una herramienta clave para la gestión.

Con esas listas en mano, y tras un primer contacto de los equipos territoriales, un grupo de “consejeros juveniles” salieron a buscar este año a más de 3.400 adolescentes que dejaron la escuela en 2013. El consejero juvenil es una figura innovadora, cuyo trabajo consiste en hacer de puente entre los chicos que deciden retomar y la escuela. “Nosotros hacemos el contacto con el colegio. Hablamos con el director y tratamos de pensar juntos estrategias para recibir a estos alumnos. Una vez que reingresan, hacemos el seguimiento: visitamos a los chicos en sus casas y en la escuela, hablamos por teléfono con ellos, miramos sus asistencias, etcétera”, cuenta Alicia Alderete, consejera juvenil responsable de la zona sur de Rosario.

Para las escuelas, el desafío es adaptarse a las necesidades de estos estudiantes, que en muchos casos trabajan, son madres y padres, o viven en contextos conflictivos: entre ellos hay “soldaditos” de las bandas narco enquistadas en Rosario. Dentro del colegio se nombra a un docente como “referente”, encargado de acompañar a los alumnos que vuelven. Una vez sorteados los obstáculos para el reingreso, comienza la etapa más difícil: la de sostener la escolaridad.

“Las escuelas aprenden a articular su trabajo con otros actores. Un gran reto es amoldarse a las circunstancias de cada chico”, plantea Romina Scott, consejera en el oeste de Rosario. En cada caso se busca una solución a medida, que genere condiciones flexibles para estos alumnos, sin descuidar la calidad ni los contenidos. “Si se define que un chico se va a ir antes de hora porque trabaja, eso se compensa con otras tareas”, describe Alicia.

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En las localidades más chicas, son los mismos docentes y tutores los que salen a buscar a los chicos. En las puertas de sus hogares, o en una mesa con mate de por medio, piensan juntos las maneras de volver a la escuela. En algunas familias, los padres también se entusiasman y deciden saldar su propia deuda con la secundaria.

“Que el Estado golpee la puerta de tu casa y venga a buscarte es un golpe simbólico fuerte”, dice Romina. Alicia concluye: “Los chicos valoran que los llames para saber si están yendo a la escuela. Ellos necesitan que se los reconozca, no pueden ser un número. Cuando ven que se los empieza a llamar por su nombre, entonces renace su compromiso con la escuela”.

 

Visto en Clarín

Agradecemos a Perla Wior por enviarnos esta noticia.

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