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Unesco declara vallenato patrimonio de la humanidad

El género folclórico de la costa Caribe colombiana tendrá finalmente el reconocimiento que se merece, por su ascendente en la cultura del país.

 

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Diomedes Díaz, el rey del vallenato, el cacique de la Junta, el hombre que vivió de eterna parranda dejó “un legado de 10.000 años de enseñanza” a través de un género musical que decía: “era el sentir del pueblo”. Dos años después de su muerte, la Unesco reconoció que este género musical originario de la costa Caribe de Colombia es patrimonio histórico de la humanidad.

Marcado por el ritmo del acordeón, la guacharaca y la caja propia del género, el vallenato es la música popular del Magdalena Grande en los departamentos de Guajira, Cesar y Magdalena. “Regiones que permanecieron unidas bajo el mismo nombre y las mismas costumbres por muchos años”, explica el periodista experto en vallenato Juan Pablo Gómez Orozco. Es el sonido del patio trasero de las casas del Caribe con el que los juglares ponían voz a la vida de esta esquina de Colombia.

 

 

“Cien años de soledad es un vallenato de 350 páginas”, aseguró Gabriel García Márquez, quien celebró el Nobel de Literatura en 1982 poniendo a bailar a los suecos los ritmos de su tierra. Una parranda a pocos grados de temperatura similar a la que organizaba Aureliano Segundo en las páginas de su novela. Y es este tipo de celebración el que la Unesco llama a preservar. “Surgieron como una manifestación cultural de las clases menos favorecidas, cuando la aristocracia tenía grandes fiestas, al final, en el patio de las casas, la servidumbre hacía sus propios festejos”, explica Gómez Orozco que también recuerda que estas fiestas se llamaron en una época “colitas”, porque era la celebración que quedaba después del gran festejo.

 

 

Una de las reglas básicas de la parranda es que circule licor y comida entre los asistentes. “No se puede bailar”, insiste Gómez Orozco. “Se ve como la falta de respeto hacia el cantante y los músicos”. En estas celebraciones se escucharon por primera vez los cantos de Rafael Escalona (uno de los grandes juglares del vallenato) antes de que les dieron la posibilidad de llegar a un estudio de grabación.

Visto en El País

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