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Una mujer indígena gobernará la zona más exclusiva del DF

“Conmigo se van a terminar las mordidas”, juró la ingeniera Xóchitl Gálvez, nueva delegada de Miguel Hidalgo, zona de altos ingresos de la capital mexicana.

 

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Xóchitl Gálvez lleva un sarape con dibujos prehispánicos y un collar de monedas chapadas en oro. “A los indígenas nos gusta el brillo”, dice esta ingeniera mexicana que acaba de ser elegida delegada de Miguel Hidalgo, la zona en la que se encuentran las Lomas de Chapultepec y Polanco, los barrios más exclusivos del DF. La mujer que de niña cocinaba gelatinas que después vendía por la calle gobernará ahora el lugar en el que vive uno de los hombres más ricos del mundo, Carlos Slim, y donde se asientan tiendas de lujo como Prada y Gucci.

A los 52 años, y luego de estar entre los mejores emprendedores latinoamericanos dirigiendo una fundación que ayudaba a niños con desnutrición en zonas rurales, esta mujer con fama de honesta y de decir las cosas por su nombre tiene ahora la chance de gobernar. “Señor presidente, este cabrón se chingó el dinero”, dijo a propósito de un gobernador que había metido la mano en la caja.

Xóchitl Gálvez también dirigir una empresa dedicada al desarrollo de edificios inteligentes. “Odiaba a los políticos. No quería ser uno”, jura, pero decidió que ese era el camino si quería combatir problemas sociales como “la corrupción, la inseguridad o la falta de planeación”. La elección la ganó mostrándose cercana a la gente. “El hecho de venir de un pueblo tan pobre (Tepatepec) me hacía tener una buena conexión con la gente humilde y el ser empresaria me conectó muy bien con la zona más pudiente. Esa dualidad funciónó”, explica.

La Miguel Hidalgo, con 300.000 habitantes, es un microméxico que refleja la realidad del país. El río San Joaquín es un muro que divide dos mundos. Una zona antigua de pueblos prehispánicos que por su mal desarrollo urbano se ha convertido en un nido de delincuencia, y otro espacio elitista, de ejecutivos, bicicletas ecológicas y cenas de 200 dólares por persona. “Estoy convencida de que la violencia que hay ahí se da por la exclusión, no por la pobreza”, considera.

Gálvez fue una buena estudiante. En el contexto machista del México de provincias se abrió paso como pudo, hasta llegar al DF y emprender el vuelo. Tiene una hermana recluida en la prisión de Santa Martha Acatitla, a la que visita. “Hago la cola, llevo mi comida, paso los controles. Será un juez el que decida si mi hermana es culpable. Acataré el sentido de la sentencia”, comenta. Ahora combatirá no solo a los criminales callejeros, sino a los que juegan con la especulación inmobiliaria y los sobornos para la obtención de licencias. “Conmigo se van a terminar las mordidas, que ni lo intenten”, dice Xóchitl.

Visto en El País

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