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Una cárcel de La Pampa, reconocida en el mundo entero

El instituto correccional U-25 del Servicio Penitenciario Nacional, en General Pico, es pionero por su modalidad de sistema abierto y es actualmente único en su tipo en Latinoamérica.

 

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En el instituto U-25 ni el alcaide, Guillermo Pérez; ni el subalcaide, Matías Fernández, ni otras autoridades vestidas de civil llevan armas. En el edificio, que tiene cien años, funcionaba el Hospital Centeno de General Pico, 135 kilómetros al norte de Santa Rosa, y hoy funciona una cárcel modelo no solo en el país sino en toda la región, por evitar castigos, encierros y medidas represivas. Un entorno, en fin, donde se puede soñar con que los presos se reincorporen pacíficamente a la sociedad.

El personal penitenciario prefiere llamar a los internos “residentes”, un hecho nada menor. Ubicado en la calle 10, una de las más importantes de General Pico, el instituto -que tiene las características de un edificio público común-, está rodeado de vecinos que todos los días caminan, hacen sus mandados, concurren a sus trabajos y se cruzan e intercambian saludos con los habitantes del penal, que no tiene celdas, sino amplias habitaciones con siete camas cada una y pequeños placards construidos en el taller de carpintería de la unidad por los internos que trabajan bajo las órdenes de su maestro, el subalcaide Hugo Daniel Ocampo, jefe de la división de trabajo del Servicio Penitenciario Federal (SPF).

Los cuartos son grandes, cómodos, luminosos y ventilados. Las ventanas no tienen rejas sino mosquiteros y dan a jardines o a la calle, como cualquier vivienda particular. “En nuestro instituto no hay rejas, no hay esposas ni cintas magnéticas para los internos que salen; no hay candados ni personal armado de la fuerza custodiando los diferentes ingresos y egresos”, señala el alcaide Pérez. Hay hasta un lavadero atendido por internos, que a fin de mes perciben sus remuneraciones por ese trabajo. Allí lavan más de un millar de vehículos al año y la tarea se hace tan cotidianamente que residentes y clientes se relacionan de manera tal que ni el atuendo los diferencia.

“Una de las cláusulas acordadas es el orden”, aclaran los funcionarios penitenciarios. En el recinto no hay olores desagradables ni en cuartos ni en baños, que tienen duchas con agua caliente y fría. En otro sector está el comedor-cocina, donde los platos y la comida diaria se combinan con elementos impensados en otras cárceles: los cuchillos. “Acá los internos utilizan tenedor y cuchillos a la hora de comer; cuando llegan aquí lo primero que piden es Coca-cola, hamburguesas o pizzas, que en cualquier cárcel común están prohibidas porque suelen introducirse elementos de riesgo al penal”, comenta Pérez.

 

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La jornada comienza muy temprano, a las 6:30, guardando el orden y la higiene personal; luego todos concurren al salón para el desayuno, donde comparten el pan elaborado en la propia panadería de la unidad. Tras el desayuno cada uno se dirige al lugar de trabajo que por consenso se le asignó: el lavadero de autos, la carpintería, la herrería o la granja productiva. Por la tarde algunos estudian bajo la dirección de la alcaide Mayor Noemí Tabarli, y terminan su secundario.

El 30 por ciento del sueldo que los internos perciben lo destinan a lo que deseen comprar -cigarrillos, productos de higiene personal- y el resto se deposita en una cuenta del Banco Hipotecario. “Es el dinero que percibirán cuando egresen del instituto”, detalló el alcaide. “Ellos saben que ésta es la última etapa de su condena. Tienen que tomar este tiempo cercano a su libertad como el proceso para adquirir un oficio, estudiar para contar con herramientas que le permitan volver a la sociedad como hombres libres pero responsables”, explica la autoridad.

En medio de un debate social respecto a la eficacia del sistema penal, este correccional marca un camino posible, el de la paz, el entendimiento y la posibilidad de reformarse realmente, sin violencia. Se busca evitar la reincidencia y que existan condiciones humanitarias dignas, que los presos se apoderen de herramientas para vivir como ciudadanos capaces de vivir en libertad, con responsabilidad y respeto a las normas de convivencia en la sociedad en la que están insertos.

Visto en Telam

Agradecemos a Jonathan Mariniansky por enviarnos esta noticia.

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