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Paz: tregua entre pandillas rivales de El Salvador

Las calles de algunos de los barrios más peligrosos de San Salvador están ahora más tranquilas que nunca. Es una extraña tranquilidad, dicen algunos residentes, considerando que dos de las bandas más peligrosas del país llegaron a una tregua, cosa que nadie consideró posible.

 

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La tregua se propone la paz, pero también terminar con la marginalidad

La esperanza está ahora más alta que nunca, considerando que se cumplió el año de tregua entre Calle 18 y Mara Salvatrucha 13, las dos pandillas más grandes y violentas del país. Ambas bandas habían mostrado deseos de terminar con los enfrentamientos que las separaban, pero recién el año pasado lograron juntarse, dialogar y limar algunas de sus diferencias más importantes.

El Salvador tiene una de las tasas más altas de homicidio en el mundo, con un promedio de 14 por día; desde que la tregua entró en vigencia, dicha cifra bajó a cinco asesinatos por día, lo cual no puede considerarse un triunfo total pero sí un enorme avamce de la paz en muy poco tiempo.

Por más de una década, el gobierno de El Salvador ha intentado, sin éxito, de combatir a la violencia provocada por los sesenta y cuatro mil miembros de las bandas armadas que pueblan su territorio. Para dejar en claro su determinación, el gobierno puso el control de las cárceles a nombre del ejército nacional, a la vez que creó una ley que determina la ilegalidad de pertenecer a cualquier pandilla clandestina. Estas medidas no lograron reducir la problemática, y en 2011 las Naciones Unidas rankearon a El Salvador como uno de los países más peligrosos que no se encuntran en guerra.

Por eso el gobierno salvadoreño tomó distancia inicialmente de la tregua, pero hoy en día apoya las negociaciones, y se dedicó a buscar el apoyo de otras facciones políticas, de modo que el pueblo también apoye el proceso de paz. Tanto sociedades civiles como grupos religiosos comienzan a ser partícipes, mientras que otras cuestiones como las raíces económicas y sociales del problema se ponen en debate. La marginalización, las limitaciones del sistema educativo y las escasas oportunidades de ascenso social también están en el tapete en estos días de cambio y esperanza.

“Nuestra conclusión es que el crimen es tan sólo una expresión superficial de un problema social más profundo”, dice Raúl Mijango, ex legislador y miembro guerrillero, que a su vez combatió al régimen militar en El Salvador durante la guerra civil y que fue partícipe del acuerdo entre los bandos antagónicos.

La tregua puede ser el comienzo de una nueva era. Carlos Mojica, desde un aula en la prisión, revela que él ve un futuro donde las propias bandas sean parte de la solución. “Llegó el momento de transformar la naturaleza de las pandillas”, se sincera. “La tregua ya pasó, ahora el objetivo fundamental de este proceso es lograr la paz definitiva”.

Visto en Positive News

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