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Sputnik, (a orbitar) mi amor

 

Por Nicolás Moretti

Comenzaba Octubre de 1957 y se asumía que EEUU era superior en todos los campos de la tecnología. Desde Kazajistán (miembro de la ya extinta Unión Soviética) el mundo recibía una noticia que parecía salir de un cuento de ciencia ficción. Los científicos soviéticos habían logrado lo que nadie: rebasar las barreras terrestres y poner en órbita el primer satélite artificial de la historia, el Sputnik I. La prensa mundial quedaba estupefacta.

 

sputnik

 

Este suceso dio inicio a una demencial carrera por explorar el espacio entre las dos superpotencias de entonces, EEUU y la URSS. En materia espacial, no queda muy en claro cuáles eran las intenciones de estos dos países, pero se podría intuir que al adquirir más de estos conocimientos, más ventajas estratégicas y militares tendrían uno sobre el otro.

El Sputnik I era una bola de acero de 58 centímetros de diámetro, llena de nitrógeno, de 83 kilos de peso, dos transmisores de radio y provista de varias antenas, con las cuales transmitía a estaciones terrestres datos sobre la densidad de la atmosfera y las temperaturas. Su creación se mantuvo en la más absoluta reserva, ya que EEUU había tomado la iniciativa y anunciado, en 1955, sus planes para la construcción de un satélite que orbitara la Tierra e invitó a varios países para trabajar juntos en la concepción de dicho instrumento. La URSS no había sido invitada a este cónclave, por supuesto.

El Programa Espacial fue muy costoso para ambas naciones y contribuyó a la crisis económica en la que se sumió la URSS antes de desintegrarse. Pero es innegable que los efectos en el conocimiento y en el progreso de la ciencia fueron altamente significativos. Al día de hoy, más de 6000 satélites, estaciones espaciales, dispositivos de comunicación o grandes cohetes, han sido lanzados al espacio exterior. Como consecuencia de esto se ha logrado predecir y estudiar con más profundidad importantes procesos climáticos como huracanes, sequias, incendios forestales y hasta el calentamiento global. También se ha permitido el acelerado desarrollo de las telecomunicaciones, desde la televisión por cable a la telefonía celular. Además, las externalidades generadas a partir de estos desarrollos tecnológicos dieron vida a productos que hoy tenemos totalmente incorporados a nuestra vida cotidiana, como el teflón, por ejemplo. El GPS, los alimentos deshidratados, los detectores de humo, el código de barras, los pañales descartables, el velcro, por citar algunos. La fibra óptica, varios de los elementos que dan vida a una PC… La lista sigue y sigue.

Un mes después del lanzamiento del Sputnik, los soviéticos siguieron dando sorpresas aun mayores y nuevamente sin precedentes: A bordo del Sputnik II, viajaba un ser vivo, la famosa perrita Laika. Los norteamericanos tendrían que esperar hasta 1958, luego de varios intentos fallidos, algunos de ellos vergonzantes, para lanzar su primer satélite, el Explorer I. Yuri Gagarin, el primer ser humano en viajar al espacio, soviético claro está, lo haría 3 años después.

Al día de hoy, las cosas han cambiado afortunadamente. Ya no existe una carrera espacial como tal, la competencia ha sido sustituida por cooperación, de manera que todos los países que cuentan con agencias espaciales colaboran en busca de profundizar el desarrollo tecnológico espacial a nivel global. Como consecuencia de esto, hay presencia humana permanente en el espacio desde hace 15 años y los conocimientos adquiridos son cada vez mayores.

Recordar lo sucedido el 4 de Octubre de 1957 es interesante como elemento de unión. Se hizo posible la ampliación de nuestro sistema natural, lo que abrió la puerta hacia territorios nunca alcanzados en materia de conocimiento científico. La gran mayoría de estas adquisiciones para la ciencia han sido puestas al servicio de mejorar la vida de los seres humanos, algo importantísimo. Y, lo que es aun más positivo, estos conocimientos siguen incrementándose.

Salud!

Un comentario en “Sputnik, (a orbitar) mi amor”

  1. damian dice:

    Interesante nota!

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