¡WOW!

Sodeto: ¡El pueblo más afortunado del mundo!

La fama de Sodeto, un pequeño pueblo en el reino de Aragón, a tres a horas de Barcelona, supera ya los límites de España. La mayoría de sus empobrecidos habitantes, gente de campo y trabajadores de la construcción desocupados, ganó el Gordo de Navidad más grande de la historia, de 720 millones de euros. No uno, no dos: todos arriesgaron juntos y ganaron, conformando al pueblo con más suerte del mundo.

 

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Brindis y alegría: el “Gordo” fue para Sodeto en su (casi) totalidad

La fama del pequeño pueblo ha trascendido fronteras, y hasta el New York Times contó su historia. Es que la increíble historia de Sodeto se presta para una narración novelada. El día en que se anunció la lotería se desató la locura colectiva. La alcaldesa, Rosa Pons, usó un megáfono para felicitar a todo el mundo. Anica Bordei, la dueña rumana de la cafetería local, corrió por la calle en calcetines, aunque tenían agujeros. En veinte minutos llegaron los banqueros para recoger los boletos y después los equipos de prensa local.

Pero lo que se prestaría para una historia cómica, dotada de esa picarezca tan española, también puede leerse desde su costado más emocionante y sensible. José Manuel Penella Cambra, como tantos otros granjeros del pueblo, acababa de invertir en un sistema de riego nuevo que no sabía cómo iba a pagar. Su esposa compró dos boletos, que resultaron valer 196.000 euros; su hijo encontró otros dos que había comprado antes y que había olvidado, elevando el total a 393.000 euros. “Yo le decía que busque más, a ver si elevaba más la ganancia”, bromeó Penella en la cafetería del pueblo, un establecimiento raído con un sofá de cuero hecho jirones. “Ahora podemos respirar. Y lo mejor es que no soy sólo yo. Todo el mundo ganó”.

La alcaldesa Pons narró como “algunas de las mujeres hablaron de ir a la peluquería. Pero la peluquera también había ganado, y dijo ‘No, yo no trabajo hoy’. Y ahí quedo eso”. Sólo hay, vale aclarar, una casa en la que la lotería no ha cambiado nada. Es la de un cineasta griego llamado Costis Mitsotakis, que se mudó allí por amor y que ahora, que sigue soltero, trabaja en restaurar la granja en la que vive. Por lo visto, a los vecinos se les había olvidado avisarle de que estaban comprando la lotería y el buen griego tampoco se preocupó por reclamar su parte.

Lo llamativo de la historia, sin embargo, no es que tanto dinero haya ido a parar a Sodeto, sino que en medio de tanta crisis que afecta a España sea una pequeña comunidad de trabajadores, humilde y modesta, la beneficiada, y que sea gracias al esfuerzo comàrtido de sus habitantes, en un gesto de humanidad y hermandad.

Visto en GQ

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