Efemérides bd

Shiny Happy Friday

En 1974, Rodolfo Walsh realizó un viaje a Medio Oriente como enviado especial del diario Noticias para cubrir una de las tantas etapas del conflicto entre Israel y Palestina. En una de sus numerosas conclusiones, el célebre periodista y escritor argentino señalaba la brutalidad de las operaciones militares y paramilitares de ambos bandos, pero también destacó la falta de raciocinio y de legalidad de estas acciones bélicas. Paralelamente se estaba desarrollando otro enfrentamiento armado que interesaba sensiblemente a Walsh por el origen de su familia: En Irlanda del Norte, grupos armados, de extracción católica y protestante, se enfrentaban ferozmente en el marco del estallido de un conflicto civil y armado, que comenzó a ocupar un lugar central en la opinión pública mundial luego del día que pasó a la historia como Domingo Sangriento. Por supuesto, respetando la principal característica de Buendiario, el suceso de esta efeméride será el tan ansiado momento, esperado por 30 años, del fin de esta disputa político-religiosa, una de las más recordadas de la última mitad del siglo XX.

Por Nicolas Moretti. 

buendiario-ira-irlanda-acuerdo-viernes

 

Para comenzar y tratar de entender la dimensión de este acontecimiento, intentaremos explicar brevemente las sensibilidades y particularidades irlandesas de aquella época. En cualquier conflicto hay, por lo menos, dos bandos y un lugar donde se desarrolla. En este caso, los sucesos ocurrieron casi con exclusividad en Irlanda del Norte, también llamada Ulster. Por un lado, se encontraba la parcialidad de religión protestante, o unionistas, categóricamente mayoritarios en ese país, con grandes lazos con Inglaterra y deseosos de que el Ulster sea una provincia de esta nación, como siempre lo fue y sigue siendo. Del otro lado, estaban los nacionalistas, de religión católica, o republicanos, cuyo principal reclamo es justamente lo contrario: Que Irlanda del Norte se independice del Reino Unido y se incorpore a la Republica de Irlanda, para que de este modo, la totalidad de la isla vecina a Inglaterra goce de absoluta autonomía.

Este es el núcleo clave para comprender cualquier acontecimiento que tenga que ver con lo que suceda en Irlanda, aun en estos días.

Desmenuzar y enumerar todas las vicisitudes, los apellidos, las fechas, los nombres de las innumerables agrupaciones políticas y guerrilleras que vieron la luz durante tantos años en Irlanda, sería sumamente interesante para ilustrarse, pero agotador y engorroso para el lector. Aún así, la información disponible acerca de este tema es inagotable y ha llegado de múltiples maneras. Muchas de ellas más didácticas que la frialdad de un texto. Basta solo pensar en U2 o en la gran cantidad de películas (todas ellas muy buenas, ninguna cercana al pochoclerismo) que tienen mayormente al IRA (agrupación nacionalista) como protagonista, situadas en aquellos años de lucha armada en el Reino Unido.

El origen de toda esta historia data del siglo XVII. En esa época Irlanda era una sola, de religión católica, sin ninguna división. Cuando el tristemente famoso rey inglés Enrique VIII rompe su relación con el Vaticano e inaugura una nueva religión, el protestantismo, decide enviar colonos ya convertidos a este nuevo credo a los poblados del noreste irlandés, comenzando así con las primeras fisuras. Irlanda del Norte se separa definitivamente cuando el resto de la isla declara su independencia en 1921. Durante muchísimos años la parcialidad protestante, que privilegiada económicamente por sus estrechos vínculos con Inglaterra, comenzó a ejercer una gran discriminación hacia la minoría católica en el Ulster. El estallido social de 1968 en Belfast fue el fruto de décadas de separación religiosa.

La aparición del IRA, brutal agrupación “defensora” de los derechos de la población católica, cambió absolutamente todas las cosas. Brazo armado del partido político Sinn Fein, uno de los más antiguos de la región, fue conocido no solo por sus salvajes operaciones guerrilleras y ajenas a cualquier contexto que tenga que ver con los derechos humanos, sino también por sus numerosas divisiones, que originaron enfrentamientos tan o más bestiales que los mantenidos con el enemigo original. Muchas de las facciones fracturadas del IRA no se sumaron a las treguas negociadas durante los 30 años de conflicto, aunque su conducción principal haya encabezado las negociaciones. Cualquier atisbo de acuerdo entre las partes enfrentadas era utópico.

El proceso de paz que culminó con el Acuerdo de Viernes Santo fue duro, largo y dificilísimo. Como dijimos, el IRA era la expresión armada del Sinn Fein, por lo que pensar una paz duradera y definitiva excluyendo a este partido era algo descabellado. Su líder, Gerry Adams, encabezó de forma secreta, y luego pública, las negociaciones con los diversos actores que representaban intereses de la sociedad irlandesa en su conjunto. Como cualquier intento de imponer condiciones pacificas dependía del visto bueno de Inglaterra, el Sinn Fein negoció con la administración inglesa pero también con representantes nacionalistas, protestantes y del lobby que la comunidad irlandesa formó en EEUU. Luego de una intensa búsqueda de unificación de criterios, el IRA (con todas sus facciones de acuerdo) declaró un irreversible alto al fuego en 1994 celebradísimo en todo el país. Sin embargo, el primer ministro británico John Major, dependiente de la facción protestante para lograr mayoría en el Parlamento, no tuvo intenciones de abrir formalmente las negociaciones de paz y el IRA tomó la decisión de culminar la tregua con un tremendo atentado en el corazón de Londres en 1996. La paz seguía sin llegar.

La llegada al poder en Inglaterra del laborista Tony Blair cambió el panorama. Apenas asumido, Blair negoció personalmente una nueva tregua del IRA y luego de sucesivas entrevistas con Gerry Adams se decidió la incorporación de Sinn Fein al conglomerado de partidos políticos de Irlanda del Norte para que la paz pueda ser discutida por todos los miembros de esa comunidad. El 10 de Abril de 1998, y luego de casi dos años de encarnizadas negociaciones, se firmó en Belfast el Acuerdo del Viernes Santo, fecha singular para las dos parcialidades religiosas, elegida como símbolo de unidad.

Entre las tantas disposiciones que este Acuerdo puso en vigor se destaca la reforma de la Constitución irlandesa que, en sus artículos 2 y 3, reclama la soberanía del Ulster y la inclusión en la ley de gobierno inglesa del reconocimiento a la totalidad de la población de Irlanda del Norte. Este Acuerdo fue sometido a la opinión popular, condición excluyente para su implementación, mediante un referéndum celebrado un mes después en todo el territorio de la isla. Los irlandeses votaron masivamente a favor, aunque el nivel de participación en las urnas no haya sido multitudinario. Mientras que en el Ulster, el 71% de la población aprobó el convenio, en la República de Irlanda fue respaldado por el 94% de los votantes.

Con la firma y puesta en marcha del acuerdo, garantizada por la población civil que establecía el primer gobierno autónomo de Irlanda del Norte, aun quedaba por discutir un tema extremadamente sensible, que pone de manifiesto la complejidad de la política irlandesa: el desarme total del IRA. Aunque reconocía la participación de Sinn Fein en el nuevo gobierno, el grupo guerrillero se negaba a entregar las armas.

Luego de una nueva fractura en sus filas y de nuevos atentados perpetrados por la nueva facción del IRA, repudiados por la totalidad de una comunidad irlandesa notablemente unificada, el grupo nacionalista (o lo que quedaba de él) manifestó en 2002, mediante un histórico comunicado, su compromiso de continuar su lucha por la vía pacifica, el comienzo de su desarme y el pedido de perdón a los civiles que a lo largo de años habían sido muertos o heridos como consecuencia de su actividad armada. Finalmente el IRA anunció en 2005 la renuncia a cualquier tipo de lucha armada para concluir en 2008 con su total desaparición orgánica.

Actualmente católicos y protestantes viven en una tensa paz en Irlanda del Norte. Si bien formalmente, esta porción del territorio irlandés sigue siendo parte del Reino Unido, sus habitantes han dejado atrás las sanguinarias luchas que nos brindaban solo noticias tristes. El Acuerdo del Viernes Santo significó un radical cambio positivo de las condiciones sociales, políticas, económicas y constitucionales de Irlanda. Pero también deja claro que las políticas coloniales, que en Irlanda y en otras partes del mundo, han generado únicamente sufrimiento y dolor entre los pueblos oprimidos, ya son incompatibles con los tiempos que corren. Destacar estos ejemplos siempre es necesario, más aún en estos días tan especiales para nuestro país, en los que recordamos fuertemente nuestro pedido de soberanía sobre las islas Malvinas.

Hasta la próxima.

¡Salud!

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Buenas noticias relacionadas