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Serge o no Serge: entrevista con Serge Bozon

Uno de los directores franceses más disruptivos y cinéfilos de la joven guardia vuelve al Bafici por partida doble – con su maravillosa y más reciente Tip Top y con La France, que ya en 2012 tuvimos el gusto de ver por estos pagos – y, además, como jurado de la competencia internacional. Una presencia de lujo, un director lúcido que además de su ríspido sentido del humor ofrece su visión sin tapujos sobre Francia, el cine actual y hasta los resabios del colonialismo.

Por Guido Segal

 

El realizador francés, de visita en Buenos Aires

El realizador francés, de visita en Buenos Aires

 

¿Qué cambió en tu forma de ver el cine entre La France y Tip Top, las dos películas que se dan en este Bafici?

Pasaron seis años entre una y otra, pero hice otras cosas: una película para la televisión francesa, me dediqué a la crítica, a la actuación… La demora en volver a filmar una película fue de financiación, por problemas para conseguir dinero. Yo ya tenía Tip Top escrita cuatro años antes, pero costó financiarla. Desde un punto de vista estético, yo quería hacer una película que transcurriera hoy y no en el pasado, y quería distanciarme de esa cualidad poética, melancólica y museística de La France. Quería algo menos dulce y más agresivo en términos de humor, algo menos elaborado en términos visuales, más económico y primitivo desde la realización, movimientos de cámara, etc. Quería ser más directo.

Sos también crítico de cine, como mencionabas, y actor. ¿Cómo afecta ser crítico tu hacer como director? Porque el trabajo del crítico es analizar a posteriori.

Estoy seguro que ser crítico tuvo una gran influencia en mi hacer. Cuando uno quiere ser director de cine, tiene que estar interesado en las películas; y ver películas es una forma de aprender qué te gusta y qué no te gusta del cine. En Tip Top, intenté de alejarme de todas esas películas que están demasiado orientadas a lo cinéfilo, llenas de homenajes y cinefilia, o del sabor de películas del pasado. Cuando uno ve Tabú, de Miguel Gomes, uno ve cosas del cine mudo o de la Nouvelle Vague, ve la historia del cine pasando por la película, y yo quería alejarme de esa posición. Yo no quería hacer una película cinéfila; espero que nadie que vea Tip Top encuentre homenajes o referencias. No es un juego de referencias cruzadas, quise que sea algo más desnudo, directo a los huesos.

En términos idiosincráticos, Tip Top es muy francesa en su tratamiento de cuestiones sociales e históricas, pero también tiene un humor muy británico. ¿Coincidís con esta impresión?

Creo que lo británico viene de la novela de la cual está adaptada, de la cual conservé en gran medida el tipo de humor. Después, el contexto, el tema social, la presencia de árabes, eso lo agregué yo. Tomé del libro el dúo de mujeres, una a la que le gusta pelear, otra a la que le gusta ser voyeur. En Francia elogiaron a la película por ser disparatada y delirante, pero para mí es oscura con un toque de humor. Es una película llena de ansiedad, una película social, centrada en la relación entre los argelinos y los franceses, sobre el pasado de esa relación. Así como una casa puede estar embrujada, yo quería hacer una película embrujada por la problemática con los argelinos, como una obsesión. Es como las películas de Jacques Tourneur y el cine clase B, Edgar Ulmer, Alan Dwan, pero no la veo delirante. Sí tiene momentos de humor, pero tenebrosos.

Como la escena inicial…

Claro, un hombre entra a un bar y dice toda clase de barbaridades sobre los árabes y sobre los homosexuales. Uno puede reírse, pero al mismo tiempo es muy agresivo. La idea es que no estés para nada cómodo con lo que pasa, porque también hay un cambio de ritmo constante. A medida que avanza, yo siento que la película se va volviendo más oscura, van creciendo las conexiones que a su vez conducen a mayor corrupción.

 

Tip Top, su más reciente producción

Tip Top, su más reciente producción

 

Mencionás la influencia del cine clase B del período clásico. ¿Te referís también a la puesta en escena?

Completamente. Se ve sobre todo en las escenas nocturnas, o alrededor del pequeño lago ubicado en los suburbios: casi siempre es una escena, un plano, siempre iluminado para que parezca que no hay nadie más que los personajes, que todos duermen. Es una soledad nocturna que remite a las películas de Tourneur, y hasta las apariencias de los personajes son muy clase B. El malo de la película, Bontemps, se parece al joven John Carradine, con cara de navaja. Tiene algo aristocrático en un contexto humilde, el modo en que habla, sus entonaciones son de suburbio. Para mí eso viene de las actuaciones en el cine de bajo presupuesto clásico.
La puesta en escena es más frontal, más directa y primitiva que en La France, que era más parecida a una caricia. Tip Top es un corte seco. Casi todo el tiempo los personajes están contra paredes, y las pocas veces que hay profundidad de campo es cuando hay “peeping toms”, voyeurs. En el balcón del periodista, en la ventana del personaje de Sandrine Kiberlain, mientras lava los platos: solo hay profundidad cuando alguien se obsesiona con alguien y lo observa, sin ser visto.

La película gira sobre obsesiones, sobre todo sexuales. Esto se ve muy claro entre las dos mujeres protagonistas. ¿Te interesaba explorar esto?

Sí, y me gusta mucho cuando las cosas son simples en las películas. Ayer, por ejemplo, vi Basket Case, de Frank Hennenlotter, y no tiene nada que ver con lo que hago, pero logra que todo sea concreto, crudo. Tenemos mucha intimidad con el personaje, con su ansiedad por tener un monstruo, y yo busco eso: ser simple y directo. Sobre las mujeres, creo que uno está acostumbrado a ver dúos masculinos, como Laurel y Hardy, el gordo y el flaco. Yo quería hacer un dúo cómico femenino que fuera evidente en términos de relación. No son la flaca y la gorda, pero una quiere ser la otra: Sally quiere ser Esther. La película termina cuando esta transformación se completa, cuando Sally consigue el pelo de Esther y cuando logra hacer de noche y con su amante las cosas que hace Esther. Terminado el proceso mimético, terminó la película. Lo mismo pasa con los árabes: las mujeres de la película solo se acuestan con árabes, y los hombres están obsesionados con los árabes. Uno hasta está aprendiendo árabe, otro está todo el tiempo mirando imágenes reales de conflictos en Argelia. Por otra parte, Ben Amar, el asesinado, estaba obsesionado con Francia, e incluso pintaba de forma muy naif los nombres de los presidentes franceses. Es una relación sencilla: todo el mundo está obsesionado con los otros, al punto de desear ser el otro. Quería hablar de la situación entre franceses y árabes, pero no dejar un mensaje político evidente.

 

La France, la otra película que se presenta en el Bafici

La France, la otra película que se presenta en el Bafici

 

Tu retrato de la policía francesa no es muy halagador. ¿Te planteaste mostrar a la policía de un cierto modo o su presencia responde al género?

No, la verdad que no tenía ninguna intención, así como cuando hice La France no buscaba mostrar con detalle la Primera Guerra Mundial. No leí ningún libro sobre el tema, así como no investigué sobre la policía francesa para hacer esta película. No sé nada del tema y no por vago, sino porque ahora los documentales franceses influenciaron todo para mal. Cuando buscan financiación ante una comisión, investigan para parecer legítimos, intentan demostrar que sus padres son árabes o que vivieron con árabes, o que estuvieron en una comisaría seis meses… Es un lugar muy peligroso en el cual posicionarse, porque creo que hacer películas es contar historias sobre lo que no sabemos. Se trata de saltar a lo desconocido, a veces da miedo o no sabés qué hacer, pero yo creo que cuando Howard Hawks hizo Tiger Shark, filmando a gente intentando matar tiburones, no se pasó seis meses en un bote estudiando cómo se movían o hablaban. Es pura ficción, no se puede buscar legitimidad de antemano. Yo no soy legítimo, yo solo quería hacer una película policial sin ladrones ni gangsters, donde el conflicto es interno en la policía. Lo único ilegal es la aparición de informantes, no hay persecución ni tensión homoerótica, como en las películas de Michael Mann.

Cuando elegiste llamar a La France así, ¿esperabas polémica?

No, y es curioso que muchos críticos me dijeran que La France podría haber sido el título de Tip Top. Me gusta la idea de hacer muchas películas con el mismo título, como Quentin Dupieux, que hace una película llamada Cops, otra llamada Wrong y otra que se llama Wrong Cops. El es más de la línea posabsurdista de David Lynch o buñueliano, yo soy menos conceptual y más del Hollywood clásico, pero le voy a tomar prestada la idea.

Entrevista realizada conjuntamente para Buendiario y para Sin Aliento.

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