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Rodman lleva paz a Corea del Norte

El extravagante ex jugador de la NBA, Dennis Rodman, va camino a Corea del Norte, con la misión de ser un embajador muy particular, en nombre de la democracia deportiva, en una época de altas tensiones entre los Estados Unidos y Corea del Norte.

 

Dennis Rodman

Rodman, junto a tres integrantes de los Harlem Globetrotters y a un equipo de filmación de la empresa Vice Media, están de visita en el país comunista para grabar material que será parte de un programa que saldrá por HBO a comienzos de abril. El basquetbolista será la segunda estrella norteamericana en pisar suelo norcoreano este año, lo cual es noticia dado que, técnicamente, Estados Unidos sigue en guerra con esa nación desde la época de la Guerra de Corea. La visita se produce dos semanas después de que Corea del Norte llevara a cabo una prueba nuclear subterránea, desafiando las prohibiciones que le hicieran las Naciones Unidas en relación al uso de actividad nuclear y uso de misiles.
El primer visitante de alto perfil este año en viajar desde EEUU a Corea fue Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, que tuvo reuniones con oficiales locales y que estuvo de gira por laboratorios informáticos en Pyongyang, a lo largo de cuatro días de sorpresiva visita, en Enero. Esto ocurrió apenas semanas después de que Corea del Norte lanzara un satélite al espacio, adherido a un cohete de larga distancia. Ni Washington ni Tokio ni Seúl parecen encantados con este tipo de acciones, y consideran que tanto las pruebas atómicas como el lanzamiento del cohere fueron provocaciones de parte de los norcoreanos hacia sus vecinos del Sur y el mundo occidental.
Vice dice que Rodman y equipo pretenden aportar un poco de “diplomacia basquetbolística” en Corea del Norte, organizando un campo de deportes para niños y jugando a juegos organizados con poblaciones locales. En la misma línea, la idea es organizar competencias con atletas norcoreanos de primer nivel, en un partido de exhibición en el que se espera la presencia del líder, Kim Jong-Un.
“En una época en la que ambos países tienen tantas tenciones entre sí, es importante mantener líneas culturales de comunicación abiertas, sin importar lo poco tradicionales que sean esos canales”, dijo Shane Smith, anfitrión de la serie de la que participará Rodman. “Jugar a un juego que ambos países amamos es un paso hacia el camino correcto”.
La productora no se contactó con el gobierno norteamericano, alegando que los ciudadanos de ese país son libres de hacer lo que quieran, sin permiso del Departamento de Estado. El gobierno norteamericano había expresado recientemente que planea incrementar el flujo de personas hacia Corea del Norte, ofreciendo formación en áreas de cultura, educación y deportes a cambio de concesiones en planes nucleares por parte de los asiáticos. Kim Jong-Un, quien asumió en Diciembre luego de la muerte de su padre (Kim Jong-Il), busca a su vez promover la tecnología y el deporte.
El extravagante Rodman, con su colección de tatuajes, aros en la nariz y pelo teñido de color neón, parece un diplomático improbable en un país donde la moda masculina apenas va más allá del uniforme militar y el vello facial está prohibido. El jugador, que tuvo su esplendor allá por mediados de los 90s, y que publicó su autobiografía bajo el título Tan Malo como Deseo Ser, también es recordado por usar vestidos de novia. Al mostrarle la foto del astro a un hombre en Pyongyag, este exclamó: “¡Parece un monstruo!”
Pero Rodman también ganó cinco anillos de campeón en la NBA, jugó junto a Michael Jordan  y forma parte del Hall de la Fama. Considerando que el basket es un deporte extremadamente popular en Corea del Norte, la figura de Rodman no pasa desapercibida. Kim Jong-Il era una gran fanático de la NBA y la pelota firmada por Jordan que le regaló Madeleine Albright (entonces secretaria de Estado de EEUU) permaneció en exposición en el Monte Myonhyang, donde el líder norcoreano conservaba sus tesoros.
Tal vez sea Rodman, uno de los jugadores de basket más emblemáticos y particulares de los noventas, el que abra el camino a la reconciliación.

Visto en The Guardian

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