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Revelan intensos colores reales de esculturas griegas

Siempre pensamos que las esculturas antiguas eran de un mármol frío y eterno. ¡Pero no! Estaban pintadas de colores furiosos y alocados, que el arqueólogo Vinzenz Brinkmann revela gracias a la tecnología laser.

 

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Cabeza de guerrero del Templo de Afaya

 

Una creencia popular puede caerse en un segundo, y quizás para mejor. Como ocurre con el trabajo del arqueólogo alemán Vinzenz Brinkmann, quien apeló a lasers y luces ultravioletas para hallar el verdadero aspecto de las esculturas griegas y romanas que adornan tantos museos europeos. El experto, abocado a la Gliptoteca de Münich, comenzó por las esculturas de Atenea y de Paris pertenecientes al Templo de Afaya, y desde entonces se ha dedicado a devolvernos la visión de color de todo el mundo antiguo.

 

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Arquero troyano

 

Sin descuidar un solo detalle, Brinkmann rastrea evidencias físicas, de color y de patrones de pintura en cada estatua. Así, brota ante nuestros ojos un mundo de intensos colores, exuberantes diseños sobre las pieles broncinas y vivaces juegos artísticos. Ojos que miraban al infinito sin color ni expresión se vuelven carnales, poseídos. Una figura de fondo que antes se perdía es ahora una niña ruborizada de estar en presencia de Atenea. Las prendas que antes eran un conjunto de arrugas y pliegues son ahora moda, narración.

 

Las estatuas eran pintadas para resaltar a los dioses y para que los relatos fueran claros aún a cierta distancia. “Las estatuas antiguas eran todas coloridas, porque el color agrega sentido”, explica la doctora Milena Melfi, que ha trabajado en colaboración con Brinkmann y con el profesor Bert Smith en una veintena de estatuas. El pionero, claro, es el alemán, quién comenzó con la policromía en los años ochenta, y que ha perfeccionado el uso del análisis vía rayos X, de rayos infrarrojos y de la espectroscopía; es quien primero planteó que no eran hechas como arte, sino como un mensaje al pueblo.

El color trae vida, y tampoco las obras en bronce carecían de él. Ciertos bustos hallados en las costas de Calabria muestran una textura de piel oscura, bronceada por una pátina que baña la superficie original. Hasta los dientes han sido pintados, imitando a la vida misma, de un blanco plateado. La vida sigue dando sorpresas, y la ciencia y el arte se hermanan, una vez más.

Visto en The Oxford Times

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