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Pyme española mejora el café dando trabajo a colombianos

Supracafé lleva mejor café a España asociándose y brindando mejoras ganancias a una cooperativa de caficultoras de Colombia; todos salen favorecidos y se apoya así un comercio justo y responsable.

 

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Ricardo Oteros, Vicente Arregui y Raúl Gil eran compañeros de facultad. Cursaban la carrera de Económicas en la Universidad Complutense y en Madrid mismo decidieron fundar Supracafé, una empresa dedicada a mejorar no solo la bebida a base de grano sino la calidad de vida de la gente involucrada. Oteros viajó a Colombia y selló una alianza con Expocafé, una sociedad exportadora afincada en Bogotá nacida de la unión entre campesinos, cooperativas y la Federación Nacional de Cafeteros del país. Llegó así a España un café más delicado y menos amargo, que daba mejor calidad de vida a gente del otro lado del Atlántico.

La pequeña empresa comenzó a sumar vínculos con los productores, el elemento más vulnerable de una gigantesca cadena que en el mundo mueve centenares de miles de millones y que, a menudo, paga precios de miseria a los agricultores. En Colombia, además, la violencia armada y el narcotráfico amenazaban la vida de los productores. Supracafé inició un programa social con la Cooperativa de Caficultores del Cauca; dio trabajo a cientas de mujeres (muchas viudas debido al conflicto) y las sacó de la miseria.

Los españoles se comprometieron a comprarles el café a mejor precio y a financiar el desarrollo de sus cultivos. Así nació la asociación de mujeres caficultoras AMUCC, que abarca 12 municipios del Cauca, con su centro en Huila, de 220.000 habitantes. Al principio los maridos les impedían reunirse y las acompañaban. Hoy en día, la asociación de mujeres caficultoras tiene un peso y un respeto enorme. “Les costó, pero consiguieron autonomía”, explica Beatriz Meneses, responsable colombiana de innovación de la empresa.

Supracafé se autoimpuse además la donación de un tributo por cada kilo que importaba, procesaba y comercializaba. Donó, entre 1999 y 2005, 51.521 dólares a las campesinas. A partir de ese año alumbró, junto con otras 15 pymes españolas, la fundación Cafemundi para apoyar proyectos en los países productores a través de programas de comercio justo. Así se incorporó nueva tecnología que se adapte a los cultivos, para que los campesinos aprendan a controlar el proceso y garanticen la calidad.

La empresa española dio un último paso: compró fincas de cultivo en Colombia para tener un centro tecnológico que permita mejorar el proceso de transformación del café, donde determina los más de 30 factores claves para la elaboración de la bebida. “Los campesinos se sorprendieron cuando decidimos no cercar la finca. Les dijimos que era un proyecto cooperativo. Que si ellos producían según unos estándares, nosotros le garantizamos la compra de la cosecha”, aseguran en la empresa, que también aprovecha productos de biomasa del árbol del café, aprovechando la planta y reduciendo la contaminación.

La empresa española no reclama derechos de exclusividad para el café que producen, porque no sólo son productores sino también promotores de productos en libre competencia de mercado, facilitando que en Colombia haya más emprendedores. Hasta el momento, el proyecto de Supracafé ha conseguido ayudar a 500 familias caficultoras, el 99% con parcelas que no llegan a una hectárea de superficie. La empresa recibe el producto en España, en Madrid, y todos los días muele y envasa el grano para su distribución en restaurantes y hoteles. En 2013 ha facturado 4,8 millones de euros y cuenta con un personal de 27 personas, todos con contratos fijos. Sus fundadores apuntaron a romper el ciclo perverso de bajas producciones, limitados ingresos y mínima capacidad de reinversión de los agricultores que provoca una pérdida enorme de calidad en el café, y lo lograron.

Así, esta pyme española ha logrado cambiar un poco la historia, y fomentando la ayuda, la cooperación y el respeto hoy es amada por propios y ajenos. Sin olvidar su delicioso café, claro está.

Visto en El País

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