Sociedad

Pueblo en EEUU renace gracias a inmigrantes latinos

Port Chester es un pequeño pueblo al norte del Estado de Nueva York que, gracias a la inmigración hispánica, resurgió de sus cenizas. Hoy ellos pelean por la reforma inmigratoria, que les de el status legal que ganaron.

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Itziar Llamoca, una de las inmigrantes latinas que dio vida a Port Chester

 

Veinte años después de su llegada, sin un centavo desde México, Moisés es dueño de dos restaurantes y hay un tercero en camino. Tiene una esposa norteamericana y seguidores en Yelp.com; lo que Moisés no tiene es ciudadanía norteamericana, ni green card, ni licencia de conducir. Pero el buen hombre se las rebusca sin préstamos bancarios ni tarjetas de crédito, viviendo como rey de un submundo económico que puede prescindir de las leyes inmigratorias restrictivas del Estado.

Lo cierto es que el status de los inmigrantes latinos ha cambiado mucho en el gran país del Norte, y ahora también son dueños de empresas y negocios. Por eso muchos economistas ahora dicen que la entrada de inmigrantes emprendedores puede ser el golpe revitalizador que el país necesita en tiempos de crisis. El punto más fuerte de la propuesta inmigratoria presentada bipartidariamente y que tanto se debate hoy en día en EEUU dice que los inmigrantes que llegaron ilegalmente antes del 31 de diciembre de 2011 pueden acceder a la ciudadanía, aún si ésta tarda una década en procesarse. Pero a corto plazo dicha cláusula les permitiría trabajar y viajar legalmente, lo cual facilitaría que los inmigrantes abran negocios, compren casas y autos y hasta negocien aumentos. Por eso hay tanto acuerdo de parte de la izquierda y la derecha en el tema inmigratorio.

“Necesitamos más inmigración legal”, dice Diana Furchtgott-Roth, una economista del conservador Manhattan Institute. “Mayor capital humano implica mayor crecimiento”.

Port Chester, un poblado al norte del estado de Nueva York que se las vio duras en los ochentas y noventas, hoy ha resurgido a partir de la llegada de latinos e hispanos, que hoy son el 59 por ciento del pueblo. Desde 1990 a 2010, la población aumentó un 17 por ciento, lo cual duplica las cifras promedio del condado. Según Christopher Gómez, director de planeamiento de la comunidad, los inmigrantes han dado vida al pueblo, sobre todo la llegada de mexicanos y peruanos; es común el envío de dinero a Ecuador y Guatemala, y todos allí tienen su pequeño negocio, que prospera.

Todos en el pueblo hablan español y casos como el de Itziar Llamoca – que llegó de Perú hace catorce años, trabajó como niñera y hoy es dueña de una empresa que organiza bautismos, casamientos y fiestas de quince – muestran que las puertas están abiertas al progreso social, visto el ímpetu e integración de los inmigrantes. “Para nosotros es más fácil pedirle plata prestada a la familia que ir al banco”, confiesa la peruana.

“Hace años que vivo fuera del sistema legal, pero si tuviera papeles todo sería más fácil”, confiesa Moisés, cuyo negocio prospera más que nunca. La inmigración hispana ha inflado sobre todo el rubro gastronómico, lo cual hizo que gente de otras comunidades cercanas se acercara, aportando más ingresos al pueblo. Lo mismo el negocio de bienes raíces: “Ya no es Bedford o North Salem el que crece, el crecimiento está aquí”, dice Chritopher Gómez, orgulloso.

Visto en New York Times

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