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Prison Art, carteras lujosas hechas por presos

Ejemplos de superación personal que nos enseñan que ¡si se puede! si uno logra aceptar las circunstancias y hacer de ellas algo positivo.

 

Jorge Cueto con uno de los diseños.

Jorge Cueto con uno de los intrínsecos diseños.

Todo comenzó con un sólo hombre. Jorge Cueto no podía encontrar nada para transportar sus pertenencias, por lo cual decidió armarse una especie de bolsa. Sin embargo, llevó la idea mas allá, y al ver que muchos de sus compañeros de cárcel tenían una pasión por tatuar, decidió agregarle sus propios diseños hechos con la tinta.  Al finalizar, Cueto había creado un producto tan impactante que los presidiarios decidieron que deseaban una igual. Y  así le dió nacimiento a Prison Art.

Al principio, lo que colaboró con la creación del arte no fue solamente la incentiva, si no la imaginación. Las primeras carteras fueron “tatuadas” con máquinas caseras: hechas con cucharas, lapiceras y transformadores de celulares. Para la tinta, destilaban los pigmentos de los tapones de botellas deshechos.

Jorge cuenta que durante los once meses que estuvo detrás de las barras, se dedicó a probar su inocencia y a darle forma a lo que más tarde sería un proyecto de dimensiones increíbles. Las carteras no sólo cargan con la historia de cada creador, si no que transportan su marca personal.

 

“Los hombres en la cárcel tatúan su particular forma de ver el mundo”, explicó en una entrevista con La Vanguardia. 

Sin embargo, la visión del proyecto se fue agrandando cada vez más, y aunque en las primeras etapas del proyecto los objetos se mantenían dentro de la prisión, poco a poco el mexicano decidió instalarlas en locales, junto con pulseras y billeteras. De esta manera, también se podía brindar una ayuda económica a las familias de los prisioneros. A lo largo del tiempo, la marca también se consideró como un medio útil de reinserción laboral para los expresidiarios.

 

el instagram de Prison Art es @prisonartofficial

el instagram de Prison Art es @prisonartofficial

Uno de los pilares de Prison Art es la de la del crecimiento personal de los participantes. El dinero que se gana se reparte equitativamente, aunque no todos los prisioneros tengan habilidades artísticas desarrolladas o no todas las piezas se vendan.

Hoy, de los doscientos prisioneros que participan del proyecto, casi cuarenta fueron liberados. Sin embargo, el trabajo continúa fuera de la cárcel: ya fueron implantados diez locales en México, uno en Barcelona, y otros más en Berlín y Cancún.

 

 

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