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Pekín reduce contaminación y bebés nacen más sanos

Un estudio confirma la vinculación entre las medidas antipolución que se aplican desde los Juegos Olímpicos de 2008 y el aumento de peso al nacer de los infantes.

 

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El aire de la capital china es célebre por su elevada contaminación. Con motivo de los Juegos Olímpicos de 2008, las autoridades se tomaron en serio el problema: cerraron o reubicaron fuera de la ciudad industrias altamente contaminantes, sustituyeron taxis y autobuses por otros de combustión más limpia, limitaron el tráfico… Y lo cierto es que la calidad del aire mejoró enormemente.

Un estudio reciente demostró la relación entre la contaminación del aire y el peso de los bebés al nacer. Parece que el tipo de aire que respiran sus madres durante el embarazo influye en la ganancia de peso del feto. El equipo de investigadores liderado por David Rich, epidemiólogo de la Universidad de Rochester (EEUU), constató que las concentraciones de contaminantes descendieron entre un 20% y un 60% a raíz de los Juegos Olímpicos.

Rich y su equipo recopilaron datos sobre 83.672 nacimientos a término de mujeres de cuatro distritos urbanos de Pekín. Y compararon el peso al nacer de bebés gestados después de 2008 con otros que crecieron antes de los cambios ambientales. El estudio, publicado ahora en Environmental Health Perspectives, encontró que los bebés nacidos en 2008 pesaron de media 23 gramos más que los del año 2007.

El cambio puede parecer pequeño, pero Rich asegura que “este cambio, asociado únicamente a una mejora de la calidad del aire de entre seis y siete semanas, demuestra que la contaminación está vinculada al peso al nacer y que la última etapa del embarazo podría ser un momento especialmente importante”. Será necesario llevar a cabo más estudios, pero por ahora se ha conseguido aislar un periodo de tiempo concreto (el octavo mes de embarazo), algo que hasta ahora no se había estudiado.

La última etapa del embarazo es un periodo muy importante para el crecimiento fetal, destacan los autores en el artículo. Es el momento en el que se acelera el desarrollo de los sistemas nervioso central, cardiovascular y musculoesquelético. “Nuestros resultados se pueden generalizar a otras ciudades con mala calidad del aire como Pekín, pero también se pueden extrapolar a urbes con menos contaminación”, apunta Rich. “Espero que el estudio contribuya a mostrar que las campañas de reducción de contaminantes a gran escala tienen un impacto medible en salud pública”, añade.

Visto en El País

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