Deporte

Nueva York: el parkour ya se practica en gimnasios

El parkour es ese pasatiempo callejero que piensa al espacio público como un terreno de juego; es una práctica rebelde, ambiciosa y un poco riesgosa. Pero ya no tanto: ahora, en Nueva York, se popularizó en los gimnasios, de forma segura y divertida.

 

 

Los adeptos al parkour son como skaters sin skate, acróbatas urbanos que escalan paredes, saltan sobre barandas y hacen piruetas entre edificios, prozas todas dignas del Hombre Araña. Hasta ahora, no era más que un hobby nacido en las calles, un juego de rebeldes sin reglas, ligas, uniformes ni ganadores. Como su nombre lo indica, nació en Francia, pero se expandió a todo el mundo: Gaza, Tokio, Roma y Miami son, por ejemplos, ciudades donde la práctica se hizo muy popular.

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El rasgo distintivo – hasta ahora – es que el parkour se practica al aire libre. ¿Deja de ser lo que es al llevarlo puertas adentro? Estos nuevos gimnasios neoyorkinos prueban lo contrario, reflejan la madurez de la práctica: la evolución desde la provocación adolescente a la práctica deportiva, concentrada y saludable.

En dichos espacios, donde la disciplina pasa a ser venerada como una técnica, es posible hacerse de equipamiento adecuado para la práctica y clases con practicantes asiduos del parkour original. Es el nacimiento del boom.

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“El parkour está explotando ahora mismo”, dice Shem Rajoon, dueño de Bklyn Beast, uno de los gimnasios en East Williamsburg que abrió este año para esta práctica. “Va camino a hacer algo masivo”, aclara, quien dice ya no ver edificios o líneas pintadas en la acera, sino obstáculos a sortear, todo el tiempo.

La popularidad de la disciplina tiene mucho que ver con Youtube, ya que una parte clave es filmarse a uno mismo saltando, chocando contra cosas, tomando riesgos: es el juego unipersonal de la era digital. En pocas palabras, es el arte de transformar un objeto cotidiano en un desafío, hacer que una pared se convierta en una rampa. ¿Por qué no reproducir eso puertas adentro, y que sea un deporte?

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En los gimnasios uno puede encontrar las señas características del paisaje urbano: grafitis, andamios, vigas y paredes, que reproducen la calle, pero incorporan colchonetas y materiales más amigables a los golpes. Esto permite que los niños también disfruten del juego de saltar y trepar, sin temores.

El desafío para los gimnasios será no perder el espíritu libre de improvisación que el parkour implica. “Se trata de usar aquello que está ahí, ser creativo con el espacio que tenés enfrente”, fomenta Kaspar Schröder, un cineasta danés que hizo una película al respecto. Los dueños de los gimnasios dicen que ambas prácticas – interior y exterior – son compatibles, y la más reciente competencia neoyorkina de parkour incluyó una sesión puertas adentro, en Bklyn Beast.

Un deporte tan atractivo estaba destinado a crecer, y no está mal cambiar de ámbito, siempre que no se pierda la esencia.

Visto en The New York Times

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