Deporte

Tierno: niño de diez años inventa patente de golf

Owen Nannarone, un niño de diez años de Boston, ha patentado un nuevo tee de golf que graba la velocidad y el ángulo de cada palo, para analizar mejor el swing.

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Owen en su laboratorio, puliendo su patente de golf

Su padre, Len Nannarone, no sólo es su mayor fan, sino que es además un abogado que trabaja tanto para Silicon Valley como para Cambridge, en cuestiones ligadas a tecnología. Len y Owen debaten sobre la invención del pequeño, mientras este pela la capa protectora de una batería alcalina, listo para aprovecharla en sus experimentos.

Owen es un golfista de primera hora, y en sus clases notó que la tecnología para medir la potencia de los golpes es demasiado grande y tosca. Entonces el niño decidió inventar un pequeño tee – soporte sobre el que se coloca la pelota de golf para el impacto – que se encargue de tomar mediciones de cada golpe, lo cual mejora la técnica de los golfistas sin molestarlos en el momento de jugar.

Owen dibujó de inmediato la patente más tierna del mundo: un trazo a mano que refleja el diseño del invento, dónde debería ir la cámara, el GPS que debe ir dentro de la pelota lanzada. Tanto el sensor como la cámara ligados al tee envian información a un smartphone para que se pueda analizar el golpe de inmediato. “Mide tanto velocidad como distancia”, cuenta el joven inventor.

 

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La patente más tierna: el tee de golf, visto por un niño

Len, encantado con el invento, subió el diseño a Quirky, un sitio donde inventores comparten sus trabajos. Aún falta trabajo para pulir el invento: Owen ha elegido por ahora una cámara que vio en un catálogo de dibujos, pero aún no la ha probado. “Sé que ni bien esté listo, mi invento reemplazará a esos tees torpes que se usan ahora.”

Lo más importante para su padre es el proceso más que el resultado, dado que Owen tuvo problemas en un colegio tradicional y ahora es educado en casa por su madre, Korey. Ahora el joven es más libre de desarmar cosas, ver cómo funcionan y rearmarlas, pasión que reveló desde los seis años. Desde entonces ha desarmado televisores y cortadoras de césped: tal es su curiosidad y deseo de generar cosas nuevas.

Len montó para Owen un laboratorio en el sótano, lleno de tecnología obsoleta que el niño usa para afinar sus inventos. Allí el joven aprendió a soldar las piezas que levanta en el basurero cada vez que sale de excursión con su padre. Un hobby que lo llevó al camino de la invención, y dos amores – la ciencia y el deporte – que encauzaron la vida del niño.

Visto en Wired

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