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Museo inaugura exposición sobre objetos de mal gusto

El Museo de Artes Decorativas de Hamburgo inauguró la muestra “Cosas molestas”, donde expone objetos de “brutalidad decorativa”: se trata, básicamente, de recuerdos desechables, jugando con las ideas del mal y el buen gusto.

 

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Exponente del “mal gusto” 1

 

La alfombra que provoca dolor de ojos y que nadie se ha atrevido a jubilar; el soporte para el celular con forma de calavera; la camiseta grosera que estampaste para la boda de Manolo y Rosi; la figurita de barro con un rastafari porrero; el cobertor de plástico rígido para que no se gasten los sofás; la almohadilla para el mouse con dos pechos femeninos para apoyar la muñeca… Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Hay algo en lo kitsch que es universal. Todos atesoramos objetos a los que el historiador Gustav E. Pazaurek aplicaría la calidad de “brutalidad decorativa”, según su obra Buen y mal gusto en las artes decorativas (1912). El autor predicaba la influencia de los objetos en los seres humanos y, por tanto, la capacidad de aquellos para alterar la esencia de estos. No podemos vivir en una “cámara de los horrores”, decía, rodeados de cosas mal fabricadas, que “violan los materiales” y se comportan como “mentiras funcionales”. ¿Quién decide, sin embargo, qué es bello y qué es feo?

Pazurek llegó a montar un Departamento de Niveles de Gusto, para promover la enseñanza del “buen gusto”, pero, un siglo después, pasó mucho agua debajo del puente. La exposición Cosas molestas. Una enciclopedia del mal gusto, que se exhibe hasta el 15 de septiembre en el Museo de Artes Decorativas de Hamburgo, nos incita a repensar al gusto canónico, a sincernos con el gusto por lo kistch y hasta lo llanamente “feo”. La muestra enfrenta enfoques históricos y contemporáneos sobre la grasada, expone objetos de colecciones privadas y públicas e invita a los visitantes a entrar en el juego de contraponer con otras personas los ideales sobre el buen o mal gusto.

 

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Exponente del “mal gusto” 2

 

El Museo, a su vez, ha organizado un servicio de trueque mediante el cual los asistentes pueden dejar en la exposición una “cosa molesta” — la única condición es que no exceda de 30 centímetros en ninguna de las tres dimensiones — y llevarse a cambio un objeto cualquiera que haya aportado otra persona. Los propietarios de cada grasada tendrán la oportunidad de “perpetuarla” como obra de arte, escribiendo en una tarjeta qué tipo de objeto de es, cuál es la relación que mantiene con él y por qué lo considera una “cosa molesta”.

“¿Cómo perciben nuestros visitantes la discusión entre buen y mal gusto? ¿Qué es lo que perciben como grasa?”, lanza el Museo, a modo de introducción a la exposición. Entre los objetos que se exhiben hay mucho objeto de bazar: zapatillas con la cara de Obama, un dispositivo USB con forma de dedo, mucha teta y mucho brillo. Los organizadores reconocen que no hay canon posible para determinar qué es o no es grasa. “Las empresas gastan miles de millones tratando de averiguar qué productos capturan el espíritu de los tiempos. Los científicos se dedican a la investigación de qué regiones del cerebro son responsable de formar el gusto. Y nosotros, ¿qué hacemos? Discutimos sobre el gusto”.

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