Animales

Monito no deja dormir a gato sumamente tolerante

El felino intentaba disfrutar de una siesta de media tarde cuando el primate decidió que esa no era una buena idea. En vez de sulfurarse, este gato zen dejó al mono hacer, enseñándonos una lección de paciencia.

 

 

La siesta es un ritual sagrado en casi todas las culturas, e incluso en diferentes reinos de seres vivos. Cuando se duerme, se duerme. Desgraciado quien ose interrumpir ese viaje al inframundo en el que el cuerpo se relaja y los músculos se vuelven gelatina reposada en superficies acolchonadas.

Bueno, resulta que no, que hay algunos que no saben comportarse. Como este mono, que viene a molestar sin ninguna consideración al sereno gato. ¡A jugar!, dice el simio, frotándose con toda su superficie sobre el felino apoltronado en una silla. “No” no es una respuesta válida para el macaco frotador. Va desde la cabeza del gato hasta su vientre, se sienta en su cabeza, hurga insistentemente en los oídos del otro animal, en su boca, emite sonidos persistente y molestos. ¿Qué quiere, qué busca?

 

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No sería el único caso…

 

El gato, a su vez, muestra una paciencia ancestral y una admirable determinación para seguir con su siesta, haga lo que haga el entrometido mico. Dos modelos de vida, como si de una fábula se tratara, pero una misma finalidad: la adorabilidad total. ¡Viva el show del gato y el monito!

Visto en Biologia Total

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