Sociedad

Minoría discriminada crece en Turquía gracias a su líder

Los kurdos han sido históricamente segregados en dicho país, pero Selahattin Demirtas aspira a mayor representación para su pueblo y que Turquía sea más que una nación islamista.

 

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Ni la cárcel ni los reveses de la vida le arrugaron el gesto risueño a Selahattin Demirtas. En las ruedas de prensa hace chistes con los periodistas y el humor nunca falta en sus discursos. Turquía, un país donde los gestos huraños y el debate áspero se instalaron en la política, extrañaba un candidato esperanzador. Demirtas (Elazig, 1973) es el político bajo cuyo mando el Partido de la Democracia de los Pueblos aspira a dejar de ser sólo una formación de la minoría kurda para convertirse en una alternativa para el voto progresista en Turquía en las elecciones parlamentarias. Es el segundo líder más valorado del país, sólo por detrás del islamista Recep Tayyip Erdogan. “Como orador, Demirtas es el único que puede competir con el presidente turco”, señala el especialista en encuestas Özer Sencar.

Demirtas busca superar la barrera electoral del 10% de los votos nacionales para evitar la cuarta mayoría absoluta consecutiva en el Parlamento del gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo. Los kurdos siempre han sido combatidos y perseguidos, no solo en Turquía sino en varias naciones de la región. Pero esta vez, el candidato que los representa no solo busca romper esa brecha, sino atraer a personas de otras creencias y etnias. Su voluntad de abrir el partido a todo el espectro de personas que se sienten “oprimidas” de Turquía (mujeres, alevíes, cristianos, homosexuales, izquierdistas, ecologistas) logró que un 9,76% de los turcos lo votaran en las elecciones presidenciales de agosto del año pasado.

Los kurdos estuvieron largas años en un largo y sangriento conflicto con las fuerzas de seguridad turcas. Demirtas vivió esto en su infancia en las provincias del sureste de Anatolia, de mayoría kurda. Por eso de niño soñaba con ser militar. Su defensa de sus orígenes le valió la cárcel y la tortura, al igual que a su hermano, que fue condenado a 24 años de cárcel. Pero no perdió la voluntad, y sobre todo no perdió la intención de imponerse por vía pacífica. Así acabó en la política, ni en la milicia ni en las guerrillas.

Tras obtener el título de abogado, se centró en la defensa de los derechos humanos, hasta que en 2007 fue elegido diputado. Desde 2014 es líder del nacionalismo kurdo junto con la socialista Figen Yüksekdag, en un modelo de dirección compartida por dirigentes de ambos sexos inspirado en el de Los Verdes alemanes. Pese a la persecución política, siempre apostó por el proceso de negociación entre el Gobierno turco y los movimientos armados kurdos, lo cual en 2013 desembocó en un alto el fuego unilateral del grupo armado.

“Demirtas ha hecho un gran trabajo con el cambio de imagen de su partido y estableciendo una agenda nacional”, sostiene el analista político Sinan Ülgen. Su figura trae paz y esperanza al Kurdistán turco, y de lograr su objetivo electoral logrará mediante el diálogo y el entendimiento un proceso histórico. Sin perder la sonrisa, claro.

Visto en El País

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