Sociedad

Militar transexual triunfa en la guerra por la igualdad

La justicia exige al Ejército Serbio que pida disculpas al ex soldado obligado a dejar el servicio por “atentar contra la reputación de la institución” tras confesar sentirse mujer.

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Helena en diálogo con la AP cuenta su historia triunfal.

 

Helena es transexual, tiene cabello rubio y pechos artificiales. Hoy es una heroína de un montón de almas perdidas que caminan bajo la oscuridad de la intolerancia social, una cara visible de muchos otros rostros tapados, escondidos y pisoteados. Helena tiene una ex esposa, cuatro hijos y un trabajo al cual tuvo que dejar por elegir una nueva identidad, su verdadera identidad. Es un rostro de hombre con maquillaje, portando un alma de mujer. Un ser valiente que logró que reconozcan sus derechos y se castigue su violación.
Un año atrás, Helena no era Helena, tenía nombre de varón y era el perfecto ejemplo del buen ciudadano Serbio: Mayor del Ejército y hombre de familia. Fue criada por un padre militar, y por una madre defensora de esa sociedad machista que entiende la feminidad como signo de debilidad, a la que a escondidas Helena le robaba la ropa para vestirse como deseaba. La presión social la obligó a suprimir sus sentimientos que entendía como equívocos, “¿Y qué mejor lugar para matar esa mujer que el ejército?”, expresó.
Ocultarse dentro del templo de la rudeza machista no le sirvió para “curarse”, como pensó. Durante más de 20 años, al mismo tiempo que construía su vida de hombre ideal, buscó acercarse al mundo de la comunidad de transexuales, donde fue arrastrada por sus deseos y sentimientos.
En 2001 la policía la descubrió vestida de mujer, el tribunal militar la suspendió, ella apeló y a los siete meses se anuló tal sanción. Pero la verdadera condena provino de las miradas de sus compañeros, del trato discriminado de sus pares. La agonía que significaba el seguir ocultando su verdadera identidad, la impulsó a admitir que se sentía mujer. La respuesta fue la esperada,  inmediatamente después de presentarse como Helena ante sus superiores, le pidieron que renuncie porque “representaba una amenaza para la reputación de la institución”.
Con ayuda de organizaciones defensoras de los derechos humanos, se llevó el caso ante el Comisionado para la protección de la Igualdad de Serbia, donde se falló a su favor y se exigió al ejército ofrecerle una disculpa pública.
Quizás sea gracias al deseo desesperado de Serbia de ser admitido en la Unión Europea, que le exige al país candidato respeto por los derechos de las minorías (como uno de los principales escollos a cumplir), que se haya dado esta inusual situación que significa un enorme logro para el sector discriminado. Sea el motivo que sea, Helena arrolló las arcaicas barreras del conservadurismo y triunfó en la defensa de la igualdad social.

Visto en informador.com  y  El nuevo día.

Nota editada por Agustina Caballero

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