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Mahani Teave, la música que protege la cultura Rapa Nui

La pianista de 31 años, oriunda de la Isla de Pascua, viaja por el mundo tocando pero cada vez que puede vuelve a su Isla de Pascua natal, donde impulsa un proyecto cultural junto a un grupo de jóvenes, protegiendo su cultura y la tierra donde florece.

Por Romina Azócar

 

 

Un cielo intensamente celeste con grandes manchones blancos que parecen verdaderas motas de algodón, es la primera imagen que da la bienvenida a uno de los destinos más exóticos del planeta: Rapa Nui, o la Isla de Pascua. Quizás ya todo esté dicho sobre Te Pito o Te Henua, o “el ombligo del mundo”; declarado Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), con literatura de sobra en cuanto al origen de su historia, el esplendor y la caída, las enigmáticas esculturas de cabezas llamadas Moais, los bailes, las cavernas y hasta el carácter de su gente.

Pero, como en toda cultura, hay historias de perseverantes amantes de lo propio que luchan por rescatar y proteger los relatos vivos de su tierra y construir una mejor vida para pueblos muchas veces pospuestos o estigmatizados. Es el caso de la pianista Rapa Nui Mahani Teave, de quien se conoce su exitosa trayectoria internacional impulsada por el también reconocido pianista Roberto Bravo.

A los 9 años de edad, la pianista dejó la isla para irse a vivir a Valdivia, donde pudo estudiar piano en el conservatorio de la Universidad Austral. Luego de continuar sus estudios en Cleveland, Estados Unidos, y luego especializarse en Berlín, Alemania. Su gran cruzada personal es el compromiso que tomó hace cuatro años junto a un grupo de jóvenes profesionales isleños con la creación de la ONG Toki, que impulsa la creación de una escuela de música que funciona en dependencias improvisadas y que ya tiene a más de 70 alumnos.

Pronto comenzará la construcción definitiva de un edificio autosustentable a cargo del destacado arquitecto estadounidense Michael Reynolds, convirtiéndose en la segunda construcción en Latinoamérica de este tipo. La primera la realizó él mismo en Ushuaia, Argentina, con materiales como neumáticos, latas de aluminio, botellas de plástico y de vidrio. “Los Rapa Nui no sentimos cuatro paredes como nuestra casa, sino la isla entera, todo el mar, toda la tierra, de hecho es muy común que las personas duerman a la intemperie”, cuenta Mahani.

La ONG Toki busca realizar cambios positivos en la isla, como encuentros culturales internacionales donde podrán participar grupos indígenas de Estados Unidos, Australia o África que han sabido cuidar su cultura y que pueden traspasar la experiencia. También existirá una biblioteca donde se guardará la riqueza de la isla, y se trabajará en prácticas ancestrales como la medicina herbal. Hoy en el centro se imparten clases de violín, piano, violonchelo y ukelele pero la idea es hacer un rescate patrimonial con talleres de historias y cantos ancestrales, lo que reunirá los niños con los ancianos, que son los portadores de toda la sabiduría. Mahani está enfocada en la escuela de música y en buscar financiamiento, principalmente porque su nombre ya es conocido.

Mahani realiza conciertos a beneficio que en general se llenan, pero lo más importante es conseguir empresas que quieran comprometerse en el largo plazo. A continuación, una entrevista con la gran pianista, que dedica su tiempo al bien de su comunidad:

¿Crees que hay interés de la gente por saber sobre música clásica?

El interés está y se hacen muchos esfuerzos para que no sea accessible sólo para un grupo pequeño, por ejemplo la Orquesta Sinfonica tiene precios para estudiantes pero hay algo que falta. No puede ser que una persona quiera ir al Teatro Municipal y pagando la entrada más baratas tenga una mala vista. El Gobierno debe darle el espacio y la importancia que tienen la cultura y el arte. En este país hay excelentes músicos pero no se incentiva lo nacional, su buca siempre afuera. Yo conocí en Berlín a un contrabajista de Curanilahue, un pueblo pobre, que venía del proyecto de Orquestas Juveniles impulsado por el Gobierno. Allá se lo estaban peleando. La idea de impulsar la música en la isla es que sirva como herramienta social, por un lado es dar la oportunidad de desarrollar talentos sin tener que dejar la isla como lo tuve que hacer yo, pero además es una forma de atacar el tema de las drogas y el alcohol. Un niño que está practicando no está drográndose. Además, si empieza a ir a clases aprende valores como la perseverancia y con cada pequeño logro mejora su autoestima.

¿Qué falta que se valore de la isla?

Se valora mucho más afuera que en Chile, no porque los chilenos no la aprecien, sino porque los Gobiernos no le han dado la importancia que merece este lugar único en el mundo y que se encuentra desprotegido. Necesita urgente leyes de distintos tipos, por ejemplo de inmigración. En isla de Pascua hay cada vez más automóviles y más turistas. Hay personas del continente y del extranjero que se quedan a vivir para siempre. Bucear ya no es lo mismo que antes, en el sentido de que se ven cada vez menos especies y además los pescadores deben ir cada vez más lejos para conseguir lo que necesitan. Recientemente se anunció una reserva marina protegida que abarca una superficie de 85 hectáreas, pero es sólo un primer paso.

¿Cómo fue para ti enfrentarte a la cultura estadounidense, que es la de tu madre?

Fue curioso porque mi mamá es única dentro de cualquier estándar, sobretodo del norteamericano, donde es una oveja negra total. Un ejemplo de esto fue lo que pasó con Celco, la planta de celulosa que se instaló en Valdivia, río arriba en el santuario de la naturaleza, dañándolo con sus residuos tóxicos. Este era el segundo lugar de mayor reproducción de cisne de cuello negro de todo el mundo. Se realizaron muchas protestas y mi mamá estuvo en cada una de ellas, con sol y con lluvia, hasta tenía poleras especialmente mandadas a hacer. Ella lucha por este país y su increíble naturaleza, como si fuera más chilena que los mismos chilenos. Cuando llegó a Rapa Nui conoció a mi papá y se quedó a vivir, pero ya venía de una familia ecologista, donde el padre de su padre era un férreo defensor del medioambiente, llegando a fundar el Sierra Club, uno de los más grandes clubes de protección medioambiental de Estados Unidos. Ella es una figura para mi, a sus 62 años aún cree que el ser humano puede cambiar y que hay cosas que uno puede hacer para avanzar.

¿Qué han significado para ti los “ángeles” que han aparecido en tu vida y te han ayudado en tu camino?

Si uno observa la vida y lo complejo que es todo, hasta una hoja, es imposible no creer que hay una fuerza tremenda y hermosa en el universo, que se puede llamar Dios, amor, energía universal, o bien como cualquiera de los seres que han venido a la Tierra a través de los tiempos para ayudar a la humanidad, como Buda, Jesús o Zoroastro. Esa es la fuerza que me ha ayudado a mí como un milagro. Todos los días me pasa algo inexplicable y positivo, por ejemplo una vez me donaron una clavinova (piano eléctrico) y estaba con uno de los integrantes de Toki quien recordó que debíamos ir pronto a dejarla al cargo para despacharla a la isla porque iban a cerrar en media hora. Justo pasó por la calle una camioneta gigante y con una señal la paramos y le pedimos que nos llevara. El chófer no sólo nos llevó sino que nos trajo de vuelta porque justo tenía un tiempo libre antes de tener que ir a buscar a su hermana. Conversando descubrimos que uno de sus amigos había donado hace poco dos pianos para la isla.

¿Se puede vivir de ser pianista?

Es difícil poder vivir de los conciertos, yo puedo pero es gracias a diversos factores, entre ellos el hecho mismo de ser de la isla y el haber conocido a Roberto Bravo, quien siempre me llevó a entrevistas y eventos musicales. Todo fue sumando y obtuve una ventaja, al menos en Chile, pero afuera nadie me conoce y si no trabajas duro no pasa nada. Alemania es un lugar donde se puede vivir de la música, hay conciertos en todas las iglesias, en todos los pequeños o grandes salones, orquestas en todas partes. Quizás es un vivir modesto pero se puede combinar con enseñar.

¿Compones?

No, necesitaría más tiempo. Un compositor ruso, Rajmáninov, decía: “cuando estoy en períodos de conciertos no puedo componer, y cuando tengo que componer no puedo practicar”. Es que son cosas distintas, una es dejar fluir la parte creativa y plasmarla, lo que no necesariamente significa mover los dedos sino que puede ser escuchar algo o escribir algo, mientras que si tienes conciertos en el corto plazo tienes que estar practicando.
Alguna vez toqué algo propio pero hace muchos años, también solía escribir canciones asique es algo que me gustaría explorar. Ya se dará el momento, y si no, no importa.

Buendiario celebra a Mahani y al gran trabajo que hace en pos de la cultura Rapa Nui.

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