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Madiba para todos

El 11 de Febrero de 1990 Nelson Mandela fue liberado luego de pasar 27 años en prisión. Abogado y militante político, Mandela fue líder legendario del Congreso Nacional Africano y luchador activo por la igualdad de derechos y contra la política del Apartheid implementada por el gobierno racista de Sudáfrica. Arrestado en 1962 y condenado a cadena perpetua por sus reiterados llamados a la resistencia armada, Mandela fue liberado luego de años de protestas y reclamos populares. A partir de ese momento guió a su partido en las negociaciones para plasmar en Sudáfrica una democracia plena, con igualdad de derechos para todas las etnias.

Por Nicolás Moretti

 

 

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Ese día se vivió en Sudáfrica una verdadera fiesta popular. Los sudafricanos ya sentían como el régimen despótico del apartheid se iba atenuando producto de una total decadencia moral, social y cultural. El mundo viraba hacia horizontes nuevos luego de la caída del Muro y la occidentalización, tan esperada por los sectores capitalistas y corporativos, se materializaba con más fuerza que nunca. Sin embargo, este cambio en la cosmovisión mundial debía traer consigo el fin de prácticas medievales. No podían pretender ser los paladines de la civilización y mostrar a la sociedad ejemplos tan nítidos de nepotismo como el que ocurría en Sudáfrica. Por ésta y otras tantas razones que no enumeraremos para no ser extensos, el apartheid fue enterrado y Mandela fue su sepulturero.

Como comentamos más atrás Mandela había sido arrestado definitivamente en 1962. Definitivamente porque ya había sido arrestado y liberado por falta de pruebas. El apartheid era durísimo en esos años. El Partido Nacional había llegado al poder en 1948 institucionalizando la segregación racial. Este endurecimiento llegó a su culminación en 1956, con el plan del gobierno de crear siete reservas o “bantustanes”, territorios marginales supuestamente independientes en los que se pretendía confinar a la mayoría negra. El Congreso Nacional Africano (CNA), del que Mandela era líder, respondió con manifestaciones y boicoteos que condujeron a la detención a la mayor parte de sus dirigentes en 1961. Luego de estos actos la policía abrió fuego contra una multitud que protestaba contra las leyes racistas, matando a 69 manifestantes.

Inspirados en la figura de Gandhi, el CNA propugnaba métodos de lucha no violentos, organizando campañas de desobediencia civil contra las leyes segregacionistas. Pero la brutalidad del gobierno del apartheid terminó de convencer a los líderes del CNA de la imposibilidad de seguir luchando bajo esta modalidad pacifica, que no debilitaba el régimen y que provocaba represiones igualmente sanguinarias.

Así nació lo que se denominó la Lanza de la Nación, brazo armado del CNA y dirigido también por Mandela. África entera ya estaba en lucha contra los gobiernos coloniales, especialmente en las regiones del centro y el sur del continente. Mandela adoptó al sabotaje como medio de lucha, atacando instalaciones de importancia económica o valor simbólico, excluyendo atentar contra vidas humanas.

En 1962 Mandela emprendió un viaje por diversos países africanos en busca de recursos económicos y logísticos, donde recibió instrucción militar en Etiopia y fue recibido por el presidente egipcio Nasser y por otros jefes de estado africanos que le donaron fondos para su campaña. En este periplo cosechó el apoyo de otros activistas contra el apartheid, así como de periodistas y reconocidos políticos de izquierda, entre ellos Fidel Castro.

A su regreso Mandela fue detenido y condenado a cinco años de cárcel. Un juicio posterior contra los dirigentes de Lanza de la Nación lo condenó a prisión perpetua en 1964. Pese a hallarse en cautiverio, Mandela fue nombrado Presidente del CNA.

Su cautiverio fue penoso. Comenzó en la isla Robben donde estaría por 18 años. Confinado en una húmeda celda de 2,5 metros de alto por 2 de largo, trabajaba picando piedra para obtener grava y era constantemente agraviado por los insultos verbales y agresiones físicas de los guardias, todos de raza blanca. No se le permitía usar anteojos de sol para proteger sus ojos frente al resplandor de la cal, lo que dañó mucho su vista, entre otras cosas vergonzantes. Tenía prohibido leer periódicos y en varias ocasiones fue castigado con régimen de aislamiento por poseer recortes de noticias y sólo se le permitía una visita y una carta cada seis meses, aunque el correo estaba bajo censura. Aún con estas adversidades continuó sus estudios de Derecho a distancia en la Universidad de Londres y pudo recibirse.

El gobierno sudafricano rechazó todas las peticiones para que fuera puesto en libertad. Con el pasar de los años la violencia en Sudáfrica se había incrementado dejando al país al borde de la guerra civil. Entidades multinacionales detuvieron las inversiones en el país sumergiendo a Sudáfrica en una aguda crisis económica. Estas mismas entidades y personalidades de la política internacional como Margaret Thatcher, que había cambiado su postura, exhortaron por la liberación de Mandela que se encontraba en la cúspide de su fama alrededor del mundo, con el objetivo de atenuar la tensa situación política. En 1985, el presidente Botha, que consideraba a Mandela como un “marxista recalcitrante” ofreció su liberación con la condición de que rechazara incondicionalmente la violencia como opción política y que se estableciera en uno de los “bantustanes” a los que el régimen había otorgado una ficción de independencia. Mandela se negó a la propuesta y afirmó: “¿Cuál libertad me ofrecen si el CNA sigue proscrito? Solo los hombres libres pueden negociar. Un prisionero no puede hacerlo”

Botha renunció a la presidencia debido a la precariedad de su salud y su lugar fue ocupado por su vicepresidente, Frederick de Klerk. De Klerk creía que el apartheid era insostenible, por lo que liberó incondicionalmente a todos los dirigentes del CNA, excepto a Mandela. La caída del Muro, como dijimos antes, fue clave en la decisión del presidente sudafricano de legalizar el CNA y liberar a Mandela. De Klerk se reunió con Madiba en un encuentro que ambos consideraron muy amigable. Luego de este encuentro se declaró la legalización de los partidos políticos clandestinos el 2 de Febrero de 1990. Nueve días después Mandela dejó la prisión bajo una multitud y el acontecimiento se transmitió en todo el mundo.

 

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Mandela emprendió un viaje por distintos lugares del globo entrevistándose con las personalidades más importantes. Juan Pablo ll lo recibió en el Vaticano al igual que Thatcher, Mitterand, Reagan y demás líderes mundiales a los que les pidió apoyo incondicional para terminar de enterrar al apartheid.

Con todos los partidos políticos con libertad de acción, se celebraron en 1994 las primeras elecciones con sufragio universal en la historia de la nación y Mandela se convirtió en el primer presidente negro de la historia de Sudáfrica. Desde este cargo puso en marcha una política de reconciliación nacional, manteniendo a De Klerk como vicepresidente y tratando de atraer a la participación democrática a la facción zulú, apática frente al nuevo escenario político.

Lejos de cualquier rencor, Mandela fue el principal referente de la integración de la minoría blanca sirviéndose de distintos acontecimientos y de su firme voluntad de construir una nación para todos los sudafricanos, sin distinción de raza. Reformó la Constitución de su país en 1996 y condenó los abusos y crímenes del régimen segregacionista como así también los excesos cometidos por los diversos grupos de los movimientos de liberación, incluido el CNA. Ambos con el mismo rigor.

Mandela decidió no presentarse a una segura reelección en 1999 y fue reemplazado en la presidencia por Thabo Mbeki a quien también le cedió la conducción del CNA.

Apartado de la vida política sus apariciones públicas se hicieron más esporádicas debido a su avanzada edad. Pese a esto, el fervor que Madiba despertaba en sus compatriotas seguía intacto. En 2010 participó en las ceremonias del Mundial de Fútbol, del que fue el artífice clave para su realización, y recibió el caluroso apoyo de la multitud. Gravemente enfermo, la población sudafricana salió a las calles a festejar su 95° cumpleaños.

Nelson Mandela falleció el 5 de Diciembre de 2013 luego de una prolongada infección respiratoria. Sus funerales duraron 10 días y líderes de 90 países viajaron a Sudáfrica a rendirle tributo. Durante su vida recibió más de 250 distinciones internacionales, entre la que se destaca el Premio Nobel de la Paz que compartió con Frederick De Klerk en 1993. Mandela representó el perdón y el liderazgo que durante tanto tiempo necesitó África, donde la guerra, la desigualdad, el deseo de venganza y la corrupción siempre han estado presentes. Fue uno de los personajes más influyentes del siglo XX y su figura ha entrado en la historia como encarnación de la lucha por la libertad y la justicia y como símbolo de toda una nación.

¡Salud!

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