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Los diarios de Cannes, capítulo 6: ¡Final y premios!

Acabó la épica tarea del cronista de Buendiario en el Festival de Cannes y da cierre a su cobertura, hablando de su trabajo, de los premiados y de todo lo que rodea a la inmensa cita.

 

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Nuri Ceylan, ganador de la Palma de Oro

 

El festival es un imán, incluso para los verdaderamente poderosos. Podrá verse un poco desgastado, podrá tener películas más atractivas y otras intrascendentes, podrá cuestionársele su gusto canónico y hasta su excesiva etiqueta, señal afrancesada de que en realidad busca defender las viejas tradiciones más que impulsar un cine del futuro. Pero no se le puede negar que es una cita obligada en el calendario de todos: Hollywood, el cine europeo, los independientes, los industriales, los cinéfilos y los chismosos. Sino tomemos un ejemplo de fin de festival: se dio Pulp Fiction en la playa y se acercaron a la gala playera nada más y nada menos que Quentin Tarantino, Uma Thurman, John Travolta y el magnate Harvey Weinstein. Sí, no tenían otra cita en la Costa Azul más que presentar una película que hicieron hace veinte años y que hoy sigue siendo furor. Cannes puede lograr eso: traer a los más famosos y celebrados por uno o dos días, para ser parte de la autocelebración.

Aquí un video que filmó el cronista donde Tarantino grita al auditorio playero lleno: “¿Alguien tiene un porro? ¡Enciéndanlo!”:

 

 

También la premiación permitió ver a nombres de peso como Monica Belucci – risueña, mal envejecida -, Sophia Loren – un poco más operada que la última vez – o Adrien Brody. Sí, celebridades clase B, pero bueno, todo sea por entregar los premios, que cada año dividen a críticos y apasionados, y que suelen ser un tema más de política que de cine. Repartija de premios, un poco para todos, asegurando de alimentar a los egos de todos. La palma de Oro fue para Winter sleep, película turca que reseñamos previamente en estos diarios, y que peca no solo de grandilocuencia sino de excesiva duración. Tiene grandes méritos, ojo, pero su teatralidad desmedida y su pomposidad dialogada cansan. Pero bueno, eso suele premiarse: la seriedad. También hubo premios para Godard y Dolan (el más viejo de la competencia y el más joven), y en Un certain regard se premió a una película furiosa con perros que el cronista no vio. En fin, que los premios aburren.

 

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Eso: Tarantino en la playa a full

 

Lo que el cronista quiere es hablar de cine, y a eso vino a Cannes. A ser jurado en la sección menos entregada al jet set, aquella destinada a las primeras y segundas películas: la Semana de la Crítica. Fundada en tiempos dorados de Cannes, en los brillantes sesentas franceses (tiempos de Mayo del 68 y revueltas) donde todo invitaba a pensar, no solo el cine sino la vida. Es una sección destinada a primeras y segundas películas, a impulsar a jóvenes directores, a buscar lo nuevo de lo nuevo. Y a eso fue el cronista: a premiar al futuro del cine, no con ánimo de hacer política, sino de enfrentar apasionada y lúdicamente una tarea que de otro modo es una formalidad. Siete días, ocho películas, una misión.

 

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Entrega del premio que el cronista de Buendiario dio a The Tribe

 

La tarea incluyó ver The tribe, película ucraniana que acabó siendo la ganadora (dirigida por el debutante Myroslav Slaboshpytskiy); Gente de bien, del colombiano Franco Lolli; It follows, un giro sobre el cine de terror del norteamericano David Robert Mitchell; Hope, del francés Boris Lojkine; Piu Buio di Mezzanotte, del italiano Sebastiano Riso; Self-made de la israelí Shira Geffen; y When animals dream, del danés Jonas Alexander Arnby. Un buen nivel, sí, aunque quizás solo The tribe logra deslumbrar y proponer algo que, si bien no es nuevo, es tan virtuoso y ambicioso que atrapa la mirada. Por eso recibió tres premios, y quizás sea una de las películas a seguir en lo que queda del año.

La película ucraniana subyuga a la vista a través de sus majestuosos planos secuencia coordinados, coreográficos hasta el punto de la obsesión. Es una maravillosa película en términos técnicos, visuales y sonoros, quizás no así en términos temáticos. La película acumula escenas fuertes, quizás demasiado ansiosa de provocar: una escena de aborto, una de violación, una de múltiples asesinatos… pero es tan genial y ambicioso el mundo que construye, habitado enteramente por sordomudos (no hay ni un solo diálogo sonoro y ni un subtítulo) y montado sobre las miserias ucranianas, pero sin resignar a la ambición formal total.

 

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Una imagen de la maravillosa The tribe

 

El resto son un compendio quizás de cosas ya vistas, géneros festivaleros que conocemos bien (quienes circulamos por este mundo de cinefilia contemporánea): un thriller de sustos adolescentes como It follows, brillantemente realizado y con guiños a John Carpenter, pero que quizás no es lo que uno espera como modelo de descubrimiento (reinventar un género es, a esta altura, innovar más bien poco); otra película de terror que en el fondo habla del drama de crecer y descubrir la sexualidad, como la gélida película danesa, que desentonaba en la sección; dramas de contenido social filmados en cámara en mano y con aire naturalista, como Gente de bien (correcta película colombiana, quizás demasiado bien pensante, con un ojo y medio puesto en la mirada europea) y Hope, film hecho en Africa con actores no profesionales y que retrata quizás con una mirada demasiado francesa el drama de la inmigración ilegal; la tierna pero trillada película italiana, sobre un niño que descubre su verdadera orientación de género y sexual en el retrógrado sur italiano (alguna secuencias muy hermosas y conmovedoras de liberación y de exploración de sí mismo que encara el brillante niño actor, gran centro de la película); y la calculada y esquemática película israelí, que intenta chistes absurdos que en el fondo quieren dar un mensaje, que los palestinos apreciarían mejor la abundancia que los israelíes no disfrutan (demasiado mensajes, poca vida).

 

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It follows, terror y del bueno

 

¿Descubrimos algo en estos siete días? Algunas cosas, sí, aunque quizás no tantas como hubiéramos querido. Aun queda mucho por hacer, pero a veces uno pide más riesgo, más pasión, más experimentación formal y temática. ¿Es pedir demasiado? Quizás, pero hay que seguir pidiendo.

Acabó el festival, amigos, será hasta la próxima. Esperamos que se hayan divertido con la cobertura, de parte de este loco cronista que ya dejó las playas francesas pero que sigue soñando, sueños de cine, allí adonde vaya.

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