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Impresionante serie de fotos Lui Bolin, “el hombre invisible”

Hasta hace ocho años, Liu Bolin (Shandong, 1973) era un escultor cualquiera. En el año 2005, el Gobierno chino calificó de ilegal el edificio que albergaba su estudio y ordenó demolerlo. Indignado, y convencido de que gritar serviría de poco “porque cuando dicen que algo es ilegal no se puede llevar la contraria”, decidió hacerse desaparecer entre las ruinas del lugar. Y su vida cambió para siempre.

Actualmente prepara su fotografía más espectacular: en la Gran Muralla hará desaparecer a 64 obreros de la clase más baja, emigrantes rurales a quienes se les niegan algunos de los derechos más fundamentales.

 

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“En un primer momento, mi intención fue canalizar la rabia que sentía en una obra de arte y confrontar al público con una problemática que nos afecta especialmente a los artistas, un colectivo muy maltratado por el Gobierno. Pensé que era imposible expresar lo que sentía a través de una escultura, porque seguramente mi furia desaparecería durante el proceso de elaboración. Tenía que ser algo inmediato”. Y funcionó. “Luego descubrí que la gente corriente también sufría injusticias similares y decidí continuar con esta forma de crítica para provocar un debate sobre diferentes asuntos clave”.

Las piezas en las que está trabajando ahora van un paso más allá y hacen desaparecer a los propios afectados por las injusticias que denuncia. “Acabo de regresar de uno de los pueblos del cáncer de China, en mi provincia natal de Shandong —al norte del país—, donde la mortalidad por esta enfermedad se ha duplicado en los últimos años. Es una de las consecuencias de la contaminación, y creo que es importante que quienes sufren esta lacra, que son realmente invisibles para la sociedad y el Gobierno, sean los protagonistas de mis obras”.

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Con relación a su nuevo proyecto en la Muralla China afirmó que : “El monumento es un icono de China que fue construido por gente como ellos, que con sus manos dan grandeza al país sin que nadie les alabe por ello”. Pero no es fácil encontrar a gente que esté dispuesta a participar. “Creía que les preocuparía la temática, pero lo que les inquieta es el efecto que la pintura pueda tener en la piel”. La risa de Liu rompe con la seriedad de la conversación y deja al descubierto una faceta socarrona que se vislumbra en algunas de sus pinturas y esculturas diseminadas por el estudio.

Liu se embadurna la cara con un aceite que le protege la piel. Luego espera que sus asistentes preparen todo. Es un proceso arduo. Primero comienzan por el traje. Se certifica con pruebas fotográficas que cada línea que pintan sobre él coincide con la del fondo. Luego se aplica la pintura en las manos, cuya posición se ha ensayado sobre varios bocetos. Y, finalmente, le pintan el rostro.

Visto en El País

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