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La fiesta sin fin: retrospectiva de Carlos Schlieper

¿Todavía no vieron ninguna película de Carlos Schlieper? Bueno, el [16] Bafici es una perfecta oportunidad para conocer a uno de los secretos mejor (¿o peor?) guardados del cine argentino clásico. Un verdadero maestro del buen humor, sutil retratista de las frivolidades y encantos porteños de antaño.

Por Guido Segal

 

Esposa último modelo (1950), uno de los hits del director

Esposa último modelo (1950), uno de los hits del director

 

Imaginemos a un verdadero dandy, un hombre de mundo y de letras, políglota y cosmopolita. Imaginemos a un hombre elegante, inteligente, ligeramente sarcástico y muy seductor. ¿Qué pasaría si ese noble caballero fuera además director de cine y tuviera el don de trasladar todas esas maravillosas virtudes, que lo convierten casi en un personaje de Wes Anderson, a sus películas? Tal personaje existió, era argentino y fue, quizás, el más refinado exponente de la comedia de enredos matrimoniales en la Argentina. Su nombre es Carlos Schlieper, y está asociado a obras maestras absolutas como Esposa último modelo, Cuando besa mi marido o Cita en las estrellas. ¿Les suena? Si no, el Bafici de este año es una inmejorable oportunidad para ingresar por la puerta grande de su cine, de la mano de ocho maravillas.

Schlieper brilló con su máximo esplendor durante el período más prolífico del cine clásico argentino, más específicamente entre 1947 y 1953. Contemporáneo de otras luminarias como Soffici, Saslavsky, Romero o Christensen, Schlieper se caracterizó por dedicarse, casi con exclusividad, a las comedias de ritmo acelerado, chispeantes, de insinuaciones sexuales muy sutilmente disimuladas y ambientes de clase acomodada, donde los teléfonos blancos tienen su pequeña parte, y donde la servidumbre, siempre abundante, no tiene reparos en opinar sobre las andanzas de sus patrones. Aplicado discípulo de las screwball comedies norteamericanas (género deslumbrante de los años treinta y cuarenta que llegó para hacerle olvidar al mundo los estragos de la caída de la bolsa de Wall Street) Schlieper supo trasladar las enseñanzas de Lubistch, Hawks y Sturges al cine argentino, potenciando como nadie a figuras como Mirtha Legrand, Malisa Zini, Juan Carlos Thorry o Angel Magaña. Es decir, comedias punzantes, elegantes y picantes, a la argentina.

 

El Rey de la comedia argentina

El Rey de la comedia argentina

 

El cine de Schlieper estaba adelantado a su época en múltiples niveles: feminista una década antes de que el feminismo fuera una tendencia mundial (y de que el voto femenino fuera ley en la Argentina), veloz y coreográfico antes de que fuera tendencia el cruce entre el cine y otras bellas artes, sutilmente subversivo antes de que la subversión fuera un arma política en las películas. Y argentino, claro, sobre todo muy porteño, aun si sus obras se filmaban en gran medida en estudios. Los alegres burgueses que el director visita y revisita se aman, se pelean, se engañan, se reconcilian y al final se redescubren, como un ballet romántico y disparatado que invita a la constante felicidad. La moral existe en el cine de Schlieper para romperse, los estereotipos para abrir paso a la liberación; los ancianos (y sobre todo las ancianas) se comportan como adolescentes; las mujeres persiguen a los hombres; y los hombres, feminizados, se entregan al caos al que son arrastrados, aceptando que los sexos son iguales pero diferentes, y que el sexo es el elemento clave para que el amor conyugal sea posible.

Si bien hay algunos dramas e incluso un policial en los primeros años de carrera del realizador (que llegó a filmar una interesante versión de Madame Bovary, no despojada de humor y alegatos libertarios para su protagonista), lo suyo siempre tendió al humor, a hacer reír. Y es por eso que es, aún al día de hoy, un cineasta popular, un artista que se ocupó siempre de hablarle directamente a las masas. Como los mejores exponentes del Hollywood clásico, Schlieper lograba ese inusual equilibrio entre un cine erudito, pletórico en guiños y referencias a la alta cultura europea, y un sistema narrativo cuya finalidad era apelar a todos los públicos posibles, con el dislate como principal arma de seducción. Era un hombre que aprendió a hacer películas muy cómodamente dentro del sistema de estudios, entre decorados de mansiones con escaleras de caracol y las estrellas más descollantes de su tiempo, y entre esos límites logró desafiar a todos los prejuicios y restricciones de su época, burlando a la censura sin siquiera tener que ser explícito. El don de la inteligencia, justamente, consiste en transmitir la transgresión de la norma sin darle elementos a los censores para que cortaran lo jugoso.

 

Cuando besa mi marido (1949), otra obra maestra

Cuando besa mi marido (1949), otra obra maestra

 

Con motivo de este merecido reconocimiento a uno de los grandes reyes de la comedia argentinos, el Bafici no solo ofrece la oportunidad de acercarse al cine festivo, moderno y alocado de Schlieper, sino que edita este año un libro donde se analizará una de sus máximas maravillas, Arroz con leche. Cumbre del engaño, del glamour y de la picaresca bien entendida, esa que enmaraña a solteros con moño, coristas con plumas y jóvenes damas de sociedad que se escapan de un altar cada vez que alguien las quiere casar. El libro, invitación a revisar la filmografía completa del cineasta, es otro acto de amor del Festival hacia Schlieper, otra forma de rescatar su maltratada memoria, de recordarnos que alguna vez hubo en la Argentina un cine refinado, inteligente, profundo y descabelladamente divertido, que pide a gritos la aparición de herederos.

Schlieper, un cinéfilo de primera hora que había comenzado a ver películas argentinas “en los tiempos en que verlas daba miedo de veras” (como confesó en una entrevista de 1939), que prefería a Mozart “por ser más juguetón que Strauss”, y que se declaraba admirador de Arthur Schnitzler y de Ernst Lubistch, vuelve con todo el charme que lo caracteriza. Su cine es una invitación imperdible a una Argentina del pasado, una ensoñación feliz y punzante del país que alguna vez existió, donde la vida era una copa de champagne rebalsada, y hombres y mujeres se enseñaban mutuamente a vivir juntos, haciendo del matrimonio – y de la institución de la familia – una fiesta sin fin.

 

LA LISTA DE SCHLIEPER

Cuatro corazones (1939). En tándem con su amigo Discepolín, Schlieper hace su primera comedia, con conciencia social, aires de melodrama y chicas porteñas que pelean por lo que quieren.
HOY, 17.40, Malba; MI 9, 20.20, Malba

El sillón y la gran duquesa (1943). Adaptación literaria de “Las doce sillas”, presenta a un duque ruso suelto en Buenos Aires, enredado en los caprichos de la magistral Olinda Bozán y la búsqueda frenética de joyas.
HOY, 16.00, Malba; VI 11, 19.50, Malba

La casa está vacía (1945). Melodrama filmado en Chile, film maldito y muy difícil de ver, marca una extraña excepción en el cine del director, que versa sobre la lealtad fraternal.
JU 10, 21.25, V. Recoleta 1

El retrato (1947). El período dorado del realizador empieza con una extraordinaria Mirtha Legrand en un doble papel, volviendo loco a Juan Carlos Thorry. Sexualidad a mil palabras por minuto y costumbres laxas vs. pacatería, en un paquete elegante como pocos.
SA 5, 22.20, San Martín 1; SA 12, 12.05, V. Recoleta 1

La serpiente de cascabel (1948). Un colegio de señoritas, un crimen y un investigador constantemente acosado por las alzadas jovencitas. Atención a las secuencias oníricas: son insuperables.
DO 6, 20.30, Malba; SA 12, 21.40, Malba

Cita en las estrellas (1949). Entre el cielo y la Tierra: allí transcurre literalmente esta obra maestra de la comedia, que dice todo lo que hay que decir sobre la vida, la muerte, el amor y el deseo.
HOY, 22.15, Malba; DO 13, 20.15, Malba

Cuando besa mi marido (1950). Los dos grandes galanes de Schlieper, Thorry y Magaña, coinciden en esta fábula de romances que se cruzan, se arman y desarman, hasta dejar todo patas para arriba. Y Malisa Zini, claro, esa rubia debilidad.
HOY, 18.00, San Martín 1; LU 7, 22.45, V. Recoleta 1; JU 10, 23.25, V. Recoleta 1

Arroz con leche (1950). Bariloche, la alta sociedad y la mentira: un combo irresistible. Cuando una joven decide casarse, el hombre de su elección no tendrá alternativa…
SA 5, 16.00, Malba; MI 9, 22.10, Malba; DO 13, 22.10, Malba

Esposa último modelo (1950). Otro pilar del cine schlieperiano es esta loca aventura de una Legrand dispuesta a cometer cualquier engaño con tal de seducir al muchacho trabajador que anhela a un ama de casa con quien vivir.
DO 6, 22.15, Malba

Artículo publicado conjuntamente en Buendiario y Sin Aliento.

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