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Los Beatles & la fiebre amarilla

¡Feliz año a todos nuestros queridos lectores de Buendiario! Nuestra primera efeméride del año es bastante sugerente. El título y la foto de esta nota hablan por sí solas. Pero no dejen de leerla por favor. Ustedes se preguntarán, ¿Existe algo más que se pueda decir acerca de Los Beatles? ¿Hay algo que no se diga con frecuencia acerca de los de Liverpool? Nuestra respuesta es sí. Es más, yendo a contramano de nuestra impronta principal, la de dar buenas noticias exclusivamente, esta reseña destacará lo más flojo y descartable, por no decir deplorable, que han hecho los Beatles en toda su carrera. El principio de su ocaso. Sin embargo sólo ellos, maravillosos hasta en los más notorios descalabros, han transformado un desperdicio de talento en un ícono cultural.

Por Nicolás Moretti. 

 

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Yellow Submarine pasó a la historia por cosas ajenas a la música.

 

Yellow Submarine, undécimo trabajo de estudio de los Beatles, se puso a la venta el 13 de Enero de 1969 en Estados Unidos; cuatro días después salió en el Reino Unido. Fue un disco muy extraño, quizás porque en realidad no lo era. Era la banda de sonido de la película que se había estrenado meses antes, en 1968. Luego de “A Hard Day´s Night” y “Help!”, los Beatles tenían la obligación por contrato de realizar una tercera película. No era la idea que mas los seducía realmente. Borrachos de éxito, de giras, de dinero y de gloria, lo último que querían los de Liverpool era enfrentar un nuevo rodaje. Aunque cuando supieron que trabajarían lo menos posible, ya que Yellow Submarine sería una película animada, los ánimos se aplacaron un poco más. No obstante el esfuerzo invertido en el proyecto fue ínfimo. Ni siquiera aportaron la voz de sus respectivos personajes.

Pero lo peor del asunto era que la película debía estar acompañada con su correspondiente banda sonora. La liviandad con la que los Fab Four encararon este trabajo transformó a Yellow Submarine en un absoluto disco de circunstancias. Intencionalmente o no, nunca lo sabremos quizás, la selección de canciones fue una recopilación apropiada para el momento que estaban atravesando como grupo. Todo lo que de alguna manera se podría haber considerado descartable a nivel musical, y que no sacarían en ningún otro disco acaso, fue elegido para la película, que terminó funcionando como una especie de papelera de reciclaje musical. Bajo esta filosofía destacan solamente dos canciones (a mi parecer queridos lectores, no se me enojen). Ninguna de ellas compuesta para el disco, por supuesto.

“All you need is love” es un single de 1967 y aunque la canción es buena, sobretodo en comparación con lo que escucharemos en los 40 minutos más bizarros de los Beatles, tampoco es precisamente de las mejores canciones de la banda. “Yellow Submarine” ya era conocida por todos. Estaba incluida en “Revolver”, un discazo de 1966, y es el tema infantil Beatle por excelencia. Sinceramente, la película merecía y merece la pena, y aunque los Beatles apenas si opinaron sobre ella, captura el ambiente psicodélico de esa época del grupo. Esta canción supuso los minutos de gloria de Ringo Starr, una canción en la que todos colaboraron, incluso George Martin, director del film, que cantó en uno de los estribillos más famosos de la historia de la música pop. Nada tiene que ver con lo psicodélico en mi opinión, pero es lo que se sostiene actualmente acerca de esta canción. “Hey Bulldog” se debate entre la gloria y Devoto.
 
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Aunque estaba claro que con cualquier cosa que los Beatles pusieran en el mercado el éxito estaría asegurado, Yellow Submarine no alcanzó el número uno ni en el Reino Unido ni en Estados Unidos. La grabación y composición de este disco fue notoriamente inferior a los anteriores (y a los posteriores), algo que los millones de fans alrededor del globo percibieron de inmediato quedando demostrado con la menor cantidad de discos vendidos en la historia del grupo.

Los egos entre los integrantes de la banda eran un tema crucial. John y Paul encontraron un nuevo lugar en el mundo cuando comenzaron a trabajar juntos. Tomaron prestada la música que habían escuchado durante toda su vida, incluyendo canciones de music-hall inglesas, cortinas de programas de televisión, mucha música country, western y la clase de jazz que sonaba en los prostíbulos. Componían canciones, intercambiaban ideas para las melodías y las letras, e incluso más tarde, cuando empezaron a componer por separado, contaban el uno con el otro para terminar una canción o para mejorarla. La tensión creativa entre los dos era el corazón de la banda. Su impacto, el de los Beatles, no se trató solo de una moda pasajera o de fama como muchos críticos prestigiosos decían en los primeros años de la década del 60 (lo mismo dirían de Queen, años después), se trató de una nueva manera de ser jóvenes. De rebelarse. Y era aún más rebelde expresar esa desobediencia mediante la sexualidad. Los Beatles eran los sujetos receptores de la atracción sexual: Eran los objetos y las chicas eran quienes los perseguían. Reivindicar una sexualidad activa y poderosa en un contexto en el que otras miles de mujeres no lo hacían, y de una manera calculada para llamar la atención, fue algo más que rebeldía. El paradigma estaba cambiando.

Hasta que un día esa tensión se convirtió en algo insoportable para ambos. Yellow Submarine aparece en los albores de esta etapa de ruptura entre el dúo dinámico del rock.

Incluso para los fundamentalistas de la banda, este disco, y sobretodo la canción que le da nombre, es un puñal: Mick Jagger y Brian Jones cantaron en el coro de este tema. Si señores. Lo que leyeron.

Pero Yellow Submarine tuvo un enorme impacto visual. Insuperable. El arte de tapa del peor disco de la carrera de los Beatles, sus dibujos, siguen siendo fuente de inspiración para diseñadores gráficos de todo el mundo 46 años después de su creación. Hay más de 300 productos de merchandising relacionados con el film y con el disco (hasta se llegó a pintar el Eurostar, que une el continente con el Reino Unido, de amarillo en el 40° aniversario de la salida del disco) y, por encima de todo sigue siendo la imagen más evocadora de la esencia Beatle. ¿Una imagen vale más que un disco? Ustedes dirán. Aquí compartimos el álbum más polémico de los de Liverpool para que saquen sus conclusiones y disfruten un rato mientras siguen con sus cosas.

 

 

Nos vemos la próxima.

 

¡Salud!

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