¿Es o No es?

Infarto deja a abuelo en estado de perpetua felicidad

Malcolm Myatt siempre fue un optimista, pero ahora el hombre de 68 años vive en un perpetuo estado de felicidad, y todo gracias a un infarto que eliminó la parte de su cerebro que genera la tristeza. Les preguntamos, queridos lectores: ¿Es bueno ser siempre feliz o hay algo que este hombre se pierde, al no sentir algo tan humano como el dolor?

 

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Malcolm y Kath, pasándosela siempre pipa

 

El infarto interfirió con la parte del cerebro del señor Myatt que regula las respuestas emocionales, lo cual generó que ahora el caballero tenga ataques de risa, incluso en los momentos menos apropiados. Por ejemplo, le ha tocado atravesar funerales enteros con una sonrisa entre los labios, incluso contando chistes en los momentos menos propicios. Su esposa Kath, de 63 años, cuenta que es habitual que cuando van a comer afuera otros comensales miren a Malcolm, perplejos.

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No todos los infartos son de así de felices – de hecho, la mayoría son más bien lo contrario -, pero Myatt ve a su condición como una bendición. “Siempre fui una persona feliz”, confesó el hombre de 68 años. “Siempre me gustó contar chistes, pero ahora ni siquiera siento tristeza. Me acuerdo que solía sentirme triste cuando pasaba algo malo – pero eso ya no me pasa”, agregó.

Cuando se le consultó sobre su condición, el hombre concluyó que prefiere que las cosas sean como son y no al revés, vivir en un estado de perpetua pena. Antes de que el infarto llegara a su vida, Myatt era un hombre saludable, un conductor de buses como tantos otros; una fatídica mañana, mientras preparaba el desayuno, su salud sufrió el curioso colapso.

 

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La pasión de sus nietos: un abuelo siempre jocoso

 

El principal damnificado fue el lóbulo frontal derecho, que es la parte del cerebro que controla las emociones y las funciones motoras del lado izquierdo del cuerpo. Los médicos pensaron al principio que el hombre no lo lograría; Malcolm pasó 19 semanas en el hospital de Cannock, Staffordshire, su sitio natal. Pero luego logró recuperarse, aún si sufre lo que puede considerarse “demencia vascular” inicial, lo cual implica que es incapaz de moderar su felicidad a causa de un flujo reducido de sangre al cerebro. Tanto su esposa como su hija, Beverley Lloyd, confiesan que a veces sienten que viven con un niño.

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Si bien la condición puede a veces ser agotadora para la familia, los nietos de Malcolm, Aaron y Dominic, lo aman más que nunca, y no puede esperar para visitarlo a menudo, dado que lo consideran “hilarante”. Kath dice que el abuelo “ya no llora, y su risa es contagiosa: cuando él ríe, todos los que están en la habitación ríen con él”.

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La doctora Clare Walton, oficial de investigación y comunicación de la Asociación Británica de Infartos, analizó el caso: “Nunca antes habíamos escuchado de sobrevivientes de infartos que perdieran completamente la capacidad de sentir emociones particulares; hay muchos a los que les cuesta controlar sus emociones, y que lloran o ríen en momentos inapropiados, pero no todo el tiempo”.

Les dejamos entonces la pregunta: ¿Es bueno ser siempre feliz o hay que algo que este hombre se pierde, al perderse de sentir algo tan humano como el dolor?

Visto en Daily Mail

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