Buen Samaritano

Haciendo Norte: a favor de la integración y la educación

La Asociación Civil Haciendo Norte busca mejorar las carencias de ocho escuelas rurales en Formosa y con tu ayuda podrá abrirse paso e iluminar a más niños en el camino.

Por Francisco Thamier

 

Laguna Naineck es una localidad argentina de Formosa, cerca de la frontera con el Paraguay. El paisaje uno se lo puede imaginar: casas de adobe o madera levantadas en el medio del campo, caminos de barro que las unen, un calor agobiante durante todo el año y el tereré que no deja de circular a lo largo de toda la jornada aquí donde conviven comunidades criollas y aborígenes tobas de la etnia Qom.

Casi todo es tranquilidad con un toque de esfuerzo, o por lo menos así se percibe. De noche ese silencio absoluto que asusta. De madrugada, todos a trabajar. Los padres en sus chacras se encargan del trabajo forzoso, las madres se ocupan de los animales de la granja, fuente de ganancia y alimento para toda la familia. ¿Lo peculiar de este paisaje? De manera continua, los mismos hijos dejan de asistir a la escuela para dar una mano en el oficio a sus padres.

Para ofrecer una alternativa a esta realidad se conformó la Asociación Civil Haciendo Norte. “Fue en el 2006 con el objetivo de unir fuerzas de trabajo para mejorar la realidad de las comunidades educativas del Norte argentino, ya que en su mayoría presentan dificultades pedagógicas, económicas y de salud”, contó el director ejecutivo de la asociación, Francisco Pedrezzetti.

Esta ONG, llevada adelante por once jóvenes de entre 23 y 28 años, cuenta con tres proyectos. El principal es el Programa Tutorías que funciona dos veces por semana. Allí 24 alumnos de nivel secundario y 6 de nivel terciario reciben clases de apoyo en distintas materias (Matemáticas, Lengua, Ciencias Sociales y Naturales, Portugués, entre otras).

Buscamos que los estudiantes se puedan enfocar exclusivamente en estudiar. Consideramos que el estudio es una de las primeras herramientas para poder avanzar en la búsqueda de la calidad de vida que se merecen”, afirma Pedrezzetti, y agrega: “Sabemos que debemos trabajar en conjunto con las docentes; nosotros no vamos a imponer nada. Las Tutoras conocen la realidad de cada uno de los chicos y cuál es la mejor forma de ayudarlos a alcanzar los objetivos que ellos mismos se proponen”.

 

 

Además de las Tutorías, en el 2010 crearon en la Escuela Frontera 13 de Isla Puén (en conjunto con la fundación Huerta Niño), una huerta comunitaria para suplir las necesidades alimentarias del comedor escolar.

Actualmente, trabajan en un programa para realizar una escuela de fútbol, destinado a generar un espacio extra curricular donde los chicos puedan incorporar los beneficios del trabajo en equipo, asimilar las ventajas de una vida sana e integrarse entre las comunidades criollas y Qom.

Para llevar todo esto adelante, Haciendo Norte se divide en dos comisiones. La primera funciona en el centro de la escena, en la localidad de Laguna Naineck misma. Son cinco las docentes que se encargan del apoyo escolar. La coordinadora de esta comisión, la Lic. Petronilla Morales, explicó que para Haciendo Norte “el proceso educativo se materializa en una serie de habilidades y valores que producen cambios intelectuales, emocionales y sociales en la persona y la comunidad en sí”.

No es casualidad que en el año 2006 un grupo de ocho alumnos de la etnia Qom haya logrado finalizar sus estudios secundarios, luego de que en los últimos 25 años solamente dos jóvenes de dicha comunidad alcanzaran ese objetivo. Eso fue posible gracias al constante trabajo de los alumnos, y el seguimiento comprometido, tanto de los integrantes de la fundación, como de sus socios.”, sostuvo Morales (Ver  más abajo “Testimonio de un estudiante ejemplar” ).

La segunda comisión tiene su sede en Vicente López, provincia de Buenos Aires, donde trabajan los voluntarios. Ellos se encargan de resolver las necesidades que puedan surgir en el proceso educativo de los beneficiarios de cada uno de los programas. Crean y mantienen una red de donantes, colaboradores y socios que permiten solventar los gastos que conllevan los proyectos en marcha.

Aquellos interesados en sumar al trabajo de esta organización, ya sea ofreciendo su tiempo o conocimiento, como también contribuyendo con una cuota mensual o la donación de útiles escolares y elementos deportivos, pueden comunicarse vía mail a [email protected] . Pueden interiorizarse sobre la noble tarea que Haciendo Norte lleva adelante, ingresando a Facebook , y seguir sus últimas novedades en Twitter.

 

Testimonio de un estudiante ejemplar

Antonio Fernández integró la primera camada Toba que luego de 25 años pudo finalizar sus estudios secundarios en el 2006.

Siempre me ha gustado el estudio, pero cuando termine mi primaria mis padres vivían una situación difícil económicamente hablando, lo que me llevo a perder un año sin el estudio. Luego, me avisaron que en la misma escuela donde terminé mi primaria se había abierto un nivel más. El entusiasmo me había llegado nuevamente en ese día para así poder seguir con mis estudios.
Sin embargo, no era el único que tenía ese entusiasmo, éramos unos cuantos jóvenes de la misma colonia donde yo vivía que sentían lo mismo. Al empezar las clases éramos 37 alumnos más o menos. Al transcurrir el tiempo aquel entusiasmo que llevaban aquellos compañeros míos fue disminuyendo de a poco y fueron dejando los estudios. Todo esto me dejó muy deprimido en ese tiempo por lo cual caí en el desinterés y las pocas ganas de seguir estudiando.

Entonces hubo un día en que la directora Dominga, de la escuela N°291, nos habló de una fundación. A partir de ese entonces nos dio más ánimo y ganas para seguir estudiando. En aquel año éramos 15 alumnos que ya estábamos terminando el noveno año.
Gracias el desempeño que la fundación nos brindaba, pudimos ingresar al nivel secundario donde nos regalaron unas bicicletas a cada uno de nosotros que éramos 9 jóvenes aborígenes. Mis padres tanto como los padres de mis compañeros se entusiasmaban cada vez más por la gran ayuda que nos ofrecían.

Ingresamos en la secundaria en el año 2003, todo era diferente para nosotros. Relacionarnos con otra sociedad, encontrarnos con otra costumbre, otras formas de aprendizaje. Doy gracias hasta el día de hoy a la profesora Ana Blanco, nuestra tutora asignada por la fundación para nosotros. Ella nos acompañó en cada paso y situación, a veces hasta con problemas personales que algunos de mis compañeros pasaban. Yo la consideraba como mi segunda madre. Tampoco me olvido de la señora Dominga que también se asignaba a esa tarea con nosotros.

El trabajo de Haciendo Norte hizo que la comunidad en donde yo vivo se entusiasmara y a partir de ese momento habían más chicos que ingresaban ansiosos por seguir el mismo camino que fuimos llevando.

Y así han transcurrieron los tres años. Finalmente, en el 2005, llegó el momento tan esperado: la terminación de la secundaria. De mi parte, ni me lo esperaba. Ese día, sin darme cuenta, estaba llegando mi objetivo.

Según la directora del colegio, la señorita Ana Mirta Sfacia, durante los últimos 25 años solo 2 chicos aborígenes de mi comunidad pudieron terminar la secundaria. Mis siete compañeros y yo estábamos muy felices de poder terminarla. Al final del camino, toda la comunidad estaba asombrada por el desempeño y el esfuerzo que fuimos dando durante los 5 años de estudio.

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