Opinión

Habitando los hábitos, por Gabriel Abraham

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Me invitaron desde Buendiario a escribir, a mí me encanta escribir y por eso estoy agradecido. Al mismo tiempo nunca escribo por encargo, pero la ocasión y el medio me resultan inspiradores, por lo que me siento cómodo, y tipeo, como siempre, lo primero que se me ocurre…

Son los pequeños hábitos, como pasos en un camino, los que hacen de mi vida una tranquila fiesta. A veces estoy sólo en la fiesta, llego temprano, cuando sale el sol el teléfono me despierta con la alarma más suave, la que no me alarma. Tengo el sueño liviano, eso me ayuda a despertar fácilmente y de buen humor. Generalmente siento el calor de mi compañera cerca, y de mis gatos Borja y Fiesta. Somos cuatro gatos en una cama, si quisiera ampliar la familia no necesitaría una casa más grande, lo que tendría que comprarme es una cama gigante. Despierto y me traigo de a poco lo que pueda de mis sueños, el inconsciente me dijo algunas cosas que a veces logro escuchar, abro los ojos y me quedo un rato en silencio, atento. Me levanto, tomo agua, y camino al baño. Me ducho y entro a habitar el mundo de la vigilia, no puedo empezar el día sin que el agua me despierte. Esos pasos, los primeros, son casi siempre bastante parecidos. Cuando duermo sin poner el despertador, lo único que cambia es que no salgo de la cama hasta un buen rato después de abrir los ojos. Podría escribir muchísimo sobre el despertar, porque es el primer grupo de hábitos importantes.

Muchas veces lo primero que digo es un chiste, aunque no sea muy fan de poner música ni de hablar fuerte, entro al día despacio, con respeto y contento. Siento claramente, ahí en el calor de la cama, una alegría enorme de ser, de estar, soy rico con mis frazadas, mis gatos y la chica. No necesito salir a la calle aún, vengo de un viaje intenso, profundo y poderoso que duró toda la noche, y que va a extenderse durante el resto del día. Ahora todo cambia, hay que poner el cuerpo para salir, para seguir. En lo personal, respeto y cuido a mi cuerpo porque es lo que soy, esa materia está llena de espíritu por lo que trato de comer bien, no tomar alcohol, no fumar, no consumir carnes ni drogas. Esos son algunos pequeños grandes hábitos que me hacen sentir mucho mejor, lleno de vitalidad, cuando digo lleno pienso en una catarata, la fuerza de millones de litros de agua cayendo imparables, haciendo vibrar el aire con un sonido poderoso.

Se que si releo lo escrito me va a parecer un poco exagerado, pero salió así y lo voy a dejar, a veces esos primeros impulsos son los más sinceros, porque logran escapar a la autocensura. Tengo varios hábitos como leer y dormir la siesta, casi todos los días (básicamente estoy escribiendo sobre dormir y despertar, dos hábitos emocionantes). Cocinar mi comida siempre que puedo, ver un dibujito los jueves, nadar los lunes y viernes, ir a practicar con mi instructor del Método DeRose los miércoles, vuelvo del trabajo a mi casa caminando, no tengo televisor, leo muy poco los diarios, y lucho intensamente contra una tendencia al drama, he mejorado mucho en este aspecto, un hábito del que me quiero deshacer. Pienso en los hábitos y me acuerdo de los paradigmas, que por un lado limitan el campo de nuestras percepciones y por el otro funcionan como una guía de acción.

Al igual que los paradigmas, me parece muy importante revisarlos cada tanto para ver si satisfacen nuestras necesidades más profundas, si nos hacen felices, si pensamos en ellos y algo adentro nuestro sonríe, si nos hacen sentir tranquilos dentro de esta fiesta que puede ser la vida.

 

Gabriel Abraham

Instructor del Método DeRose. Músico.

 

Un comentario en “Habitando los hábitos, por Gabriel Abraham”

  1. Camilo dice:

    Gabriel, tu escrito me remite a la alegría que producen los pequeños (o grandes) placeres cotidianos. Gracias por compartir esas vivencias! Invitan a la auto observación!

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