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Génesis, capítulo 1: el debut de Diego en la Selección

El futbol de los 70 tenía particularidades que lo hicieron muy pintoresco, más que el de cualquier otra década, por lo que será recordado con nostalgia. Este deporte no escapó a los cambios transcendentales que vivió la humanidad en aquel entonces, se adaptó al contexto con una enorme capacidad, tal vez por la enorme popularidad que siempre tuvo. La vestimenta y el look de los jugadores, por ejemplo, fueron las que más onda tuvieron y tendrán a lo largo de los tiempos. Existían talentos extraordinarios en todas las ligas competitivas, en prácticamente todos los equipos que las conformaban. Ir a la cancha era un festín, accesible para cualquiera. Y encima de todo esto y de todas las cosas que están siendo omitidas de esa época de oro del futbol, debutó Diego. Siendo pibe, no con uno.

Por Nicolás Moretti

 

En 1977 la Selección Argentina estaba en pleno proceso de afinación de cara al debut mundialista previsto para el siguiente año. Ser organizador de un Mundial por primera vez era un desafío fascinante pero que al mismo tiempo generaba presión, bastante. Argentina siempre fue un país tremendamente futbolero, cuna de jugadores y equipos impresionantes, algunos de los cuales habían llegado a la cima del mundo. Sin embargo, a nivel Selección, Argentina nunca había podido consagrarse a nivel mundial. Sobraban los triunfos en campeonatos sudamericanos, amistosos y cuadrangulares con las potencias mundiales de la pelota. Pero en Mundiales, Argentina solo había llegado a las etapas definitorias en 1930, habían pasado casi 50 años y Brasil ya tenía tres títulos mundiales. Argentina, ninguno. En un país donde el futbol es tan importante es muy difícil ser local en un Mundial. Puede ser traumático incluso, recuerden lo que sucedió en Brasil el año pasado. Los números lo dicen todo: de los 20 campeonatos mundiales disputados al día de hoy, apenas 6 de ellos fueron obtenidos por el anfitrión.

El entrenador elegido para tamaña responsabilidad fue Menotti. Inmediatamente después que Argentina fuera elegida como organizador del campeonato mundial, a principios de 1974, la dirigencia de AFA unánimemente se inclinó por el entrenador de Huracán. Su estilo de juego era vistoso (Huracán había logrado el titulo en 1973 desplegando un futbol maravilloso), pero no fue por esto solamente que Menotti fue buscado con tanto énfasis. Menotti era participe de una cosmovisión del futbol nacional, contraria a la época, pero tremendamente útil para los tiempos que corrían, en vísperas de un Mundial en casa. El rosarino puso como condición excluyente para asumir el cargo algo que a nosotros quizás no nos cause sorpresa, aunque más de una vez no se cumpla: Que la prioridad del futbol argentino, de su dirigencia, sus entrenadores y por supuesto los jugadores, sea exclusivamente la Selección.

Diego Maradona ya había hecho su presentación oficial en la Primera División de Argentinos Juniors en 1976 con 16 años recién cumplidos. Nunca dejó la titularidad desde el día de su aparición por razones obvias que no ampliaremos para no ser redundantes. Maradona era la sensación del campeonato argentino, imagínense. Todos los partidos del equipo de La Paternal eran a estadio lleno, llegaban de todos lados hinchas de todos los clubes para ver a la joven maravilla en el campo de juego y nunca se iban defraudados. No había partido en el que Diego no aliene a la multitud que iba a verlo jugar, era espectacular. Desde el día de su debut Maradona hizo inmensamente feliz al público.

Otro interesante reto en el horizonte del futbol argentino, aunque menos intimidante, era el primer Campeonato Mundial Juvenil que organizaría Japón en 1979. Los entrenamientos y el proceso de selección para la clasificación a este torneo comenzaron en 1977 y la gente empezó a escuchar nombres que luego llegarían a la consagración en la Selección Mayor y en sus clubes: Ramón Díaz, Bauza, Olarticoechea, Simón, Calderón y Maradona, por supuesto. La cabeza del proyecto era Menotti, desde ya, decidido a hacerse cargo de todos los asuntos que tengan que ver con la organización del futbol argentino, incluyendo los periodos de formación de jugadores. Para templar a los chicos y aumentar el nivel de complejidad de los entrenamientos de los juveniles, Menotti no tuvo mejor idea que hacerlos entrenar a la par de los jugadores de la Selección Mayor, usándolos como sparrings en todos los ensayos futbolísticos.

 

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Otra característica del futbol de aquel entonces era la calidad de los amistosos a los que la Selección se presentaba, muchos de ellos en condición de local. Es imposible imaginarse en nuestros tiempos que selecciones como Alemania, Inglaterra o Francia vengan a nuestro país a enfrentarse con nuestro equipo. Mucho más descabellado es pensar no en uno, sino en una serie de amistosos internacionales contra equipos de este nivel aquí en Argentina. Fue en un evento de esta altura en el que Maradona hizo su presentación con la celeste y blanca.

Menotti pensó esta serie como el momento bisagra de la preparación. Sería muy difícil que un jugador que no haya sido convocado para estos partidos sea de la partida en el campeonato mundial, salvo imponderables. Los rivales, de los mejores del mundo (entre ellos el campeón defensor, Alemania Federal), servirían para conocer el verdadero nivel que la Selección era capaz de alcanzar un año antes del Mundial, con tiempo suficiente para correcciones hasta el inicio del torneo.

El primer rival de esta gira europea por Argentina, que se jugó íntegramente en la cancha de Boca, fue Hungría. El conjunto húngaro era una selección de segundo orden en su continente, clasificado al Mundial sin embargo, y que se presentaba, quizás, como el más accesible de los equipos a los que enfrentaría la Selección en toda la serie. Y realmente lo fue. El partido, jugado el 27 de Febrero de 1977, prácticamente no presentó equivalencias entre los dos equipos y Argentina se llevó el encuentro con una goleada 5 a 1.

“Prepárese que va a entrar, va por Luque. Entre y haga lo que sabe.” Iban 20 minutos del segundo tiempo, Argentina paseaba a los húngaros y el marcador ya no se movería. Pero Maradona escucharía esas palabras del entrenador, simples como todos los conceptos de Menotti, antes de ingresar al campo de juego. Los espectadores del partido se llevaron una fantástica sorpresa. Menotti había decidido incluir a Diego en el banco de suplentes un día antes, luego de una de las tantas prácticas en las que Maradona había arrastrado por el piso a casi la totalidad de la Selección. Sólo le comunicó su decisión al propio jugador al que le pidió que sólo se lo cuente a sus padres y a nadie más. También le dijo que iba a entrar si, como suponía, Argentina llegaba al segundo tiempo con el partido definido. El partido se dio como se esperaba, Menotti cumplió con su palabra y Diego se convirtió en el jugador más joven de la historia en debutar en la Selección Mayor. Recordemos, tenía 16 años.

En los 25 minutos que quedaban para terminar el encuentro Maradona terminó de humillar a los jugadores húngaros. Sus propios compañeros quedaron atónitos con Diego, algo que sucedería a lo largo de toda la carrera del más grande de todos los tiempos. Seguiría siendo parte del plantel superior pero sin descuidar el objetivo para el que se entrenaba, el Mundial Juvenil. Las actuaciones de Maradona fueron asombrosas, a punto que tal que Menotti quedó en una encrucijada que se recordará por siempre. Debía elegir entre Diego y Alonso, el fabuloso 10 de River, para completar la lista de jugadores. La balanza finalmente se inclinó por el Beto, algo que entristeció mucho a Diego pero también al propio entrenador. El titulo mundial conseguido en 1978 se encargaría de saldar con su exitismo esta cuenta pendiente y Diego seria protagonista estelar del título mundial juvenil en Japón.

Diego Maradona se convertiría en una leyenda del futbol mundial y en el mejor jugador de la historia de este deporte. Alcanzó a jugar 91 partidos y marcar 34 goles con la Selección, con la que ganó un Mundial y llegó a la final de otro.

No nos interesará, ni en esta ocasión ni en ninguna, hablar acerca de otras cuestiones que lo involucren y que no tengan nada que ver con el futbol. Maradona ha sido constantemente atacado del modo más hipócrita por su costado personal, por pecados que muchos de los que lo critican cometen. Un ejemplo claro fue la indignación de la comunidad mediática por los exabruptos de Maradona. Basta con ver o escuchar algunos de los programas de estos indignados para que la falsedad de este discurso se haga presente. Por supuesto que no caen en gracia algunos términos o escenas de la vida de Maradona. Pero no es por eso que Diego es venerado por la gente. Diego es amado por todas las alegrías que nos ha dado, alegrías que no consisten en el protagonismo de Maradona en las escaramuzas de la prensa amarilla de hoy. Elegimos disfrutarlo en algún video, compilado o escucharlo hablar de futbol, aunque pensemos que no necesita hablar de futbol, ya que el futbol es él.

Hasta el próximo partido.

¡Salud!

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