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Francia se federaliza más para reducir la burocracia

La nación europea decidió modificar sus fronteras internas para que cada sección tenga más protagonismo y que la comunicación entre Gobierno central y gobiernos regionales sea más directa. Admirable.

 

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El nuevo mapa no interviene en cuestiones identitarias.

 

Francia ha cambiado radicalmente su mapa territorial en un tiempo récord de dos meses. Impensable en la mayoría de los países, su Asamblea Nacional aprobó el cambio de fronteras interiores francesas sin la menor oposición ni política ni civil. ¿Y por qué están todos de acuerdo? Porque el objetivo beneficia a todos: ahorrar hasta 25.000 millones de euros en instancias burocráticas que solo entorpecen el diálogo nacional. Las actuales 22 regiones se fusionan y quedarán 13, ante la aprobación de todo el país.

El principal argumento del Gobierno fue lograr una gestión pública más ágil y menos costosa; la actual se lleva el 55% del PIB. Al tener tantas instancias intermedias, no solo la información fluye más lentamente sino que las competencias, en muchas ocasiones, están duplicadas. “Queremos territorios más fuertes y mejor organizados que compartan sus gastos de funcionamiento”, explicó el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, a la Asamblea.

La fusión de las regiones no modifica en absoluto el mapa territorial francés. Lo que ocurre es que regiones vecinas se alían para formar menos divisiones, sin que eso resienta la historia, lengua o costumbres propias de cada región. Se trata de un caso de pragmatismo conjunto nacional. “Nuestro objetivo no es crear regiones identitarias, como en España o Italia, sino regiones económicas que sean a la vez fuertes y respetuosas de las identidades locales”, ha advertido Cazeneuve. Y vale aclarar que el nuevo mapa, que será debatido de nuevo en otoño, entrará en vigor en enero de 2016, pero hasta 2019 las regiones podrán negociar nuevas fusiones entre ellas.

En muchos casos, lo que ocurre es que muchas tareas asumidas por consejos regionales también son competencia de consejos provinciales, y esa doble tarea genera pare el Gobierno un gasto desmedido, además de entorpecer en muchos momentos la eficaz resolución de cuestiones cruciales. No se trata exclusivamente de un proceso de racionalización de costos, sino de combatir la burocracia, que en Francia está representada por el aumento de 1,6% de funcionarios públicos por año; hay muchos más cargos que los que el país necesita, y ese dinero puede ir destinado a áreas vitales como la salud, la educación o la generación de puestos de trabajo en otras áreas.

Con el nuevo sistema, las regiones cobrarán un mayor protagonismo en la Administración francesa, que históricamente ha sido centralista. El objetivo de dar mayor protagonismo a las regiones ya lo había intentado Charles De Gaulle, quien no pudo aprobar este cambio político, económico y social. Ahora llegó el turno de esta verdadera revolución, que de ser ejecutada como se anuncia puede generar un movimiento social y financiero que solo puede ser de gran beneficio para el país europeo, muchas veces modelo de otros.

Visto en El País

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