Sociedad

Ex pastor gay dona esperma a parejas de lesbianas

Un ex seminarista de Munich al que la Iglesia Católica negó las vestiduras por ser homosexual se recuperó de ese duro golpe al convertirse en un popular donante de esperma entre parejas de lesbianas, quienes de ese modo pueden acceder a tener hijos.

 

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Markus K, el donante de esperma, desea preservar su identidad

Markus K, tal el nombre del oriundo de la ciudad alemana, jamás se ha acostado con una mujer en su vida, pero es padre de múltiples criaturas: hace ya nueve años que ofrece su esperma a parejas de lesbianas para que puedan acceder a la maternidad. Todo empezó en 1994: Markus acababa de ser expulsado del seminario, lo cual puso fin a sus sueños de ser sacerdote, cuando sus superiores descubrieron que era homosexual. A partir de la tendencia creciente en Estados Unidos, Markus decidió ayudar a parejas de amigas del mismo sexo, ofreciendo su semen a mujeres de su confianza en Alemania.

“Seis años de teología, el Latinum Graecum, Hebraicum, todo para nada”, comentó Markus al Munich Evening News. “Mi vida llegó a su punto más bajo en ese momento.”

Hasta que el buen ex pastor encontró una nota en una pared de una lesbiana, buscando donantes de esperma. El hombre recuerda que estaba un poco loca (“Usaba su primer sangre menstrual como amuleto, alrededor del cuello”) y no logró impregnarla. Sin embargo, en 2003, más maduro de edad, más inteligente y con una posición económica más estable – después de entrar a trabajar en una aseguradora -, Markus decidió volver a intentarlo: conoció a otra pareja lésbica, se llevaron bien y solo bastaron dos intentos para que las mujeres tuvieran un hijo. Markus eligió no cobrarles, simplemente les dio el regalo de la vida.

El rumor se expandió y las mujeres empezaron a golpear a su puerta. El ex seminarista les entrega su semen en un tarrito, a partir del cual ellas se hacen la inseminación. “No hay nada turbio ni oscuro al respecto”, explica el semental moderno.

Hoy Markus tiene 45 años y ya tiene veintidos hijos e hijas: doce en Munich, uno en Viena, uno en la Toscana y seis esparcidos por Alemania; dos más vienen en camino, con los que se completará el círculo perfecto: doce hijos y doce hijas. Tal vez en ese momento decida descansar un poco. El problema es que su ajustada agenda de fecundación ha afectado a su vida amorosa, y muchos hombres no quieren salir con un tipo que tiene más hijos que pares de zapatos. Sus compromisos de paternidad son altos, y muchos hombres no desean salir con alguien así de comprometido, y además en contacto constante con tantas mujeres. Markus llama a todos sus hijos para el cumpleaños y los visita cada cierto tiempo.

“Sé que algún día mis hijos me preguntarán por qué hago lo que hago, y responderé que se trata de una mezcla de ganas de ayudar, de instinto reproductivo, de soledad y de deseo de desquitarme silenciosamente con la Iglesia. No me dejaron ser sacerdote y gay, pero puedo reproducirme todas las veces que quiera.”

Visto en Queerty

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