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Estrenan Boyhood, un film que tardó 12 años en filmarse

Boyhood (2014) es un película que comenzó a filmarse en el verano de 2002 en HoustonTexas y finalizó en agosto de 2013. La película ilustra que nunca sabemos lo que nos espera.  Trata de la búsqueda del tiempo perdido de Linklater, su deseo de capturar la esencia de la niñez o el “épico cotidiano” de crecer, de hacerse mayor, a través de Mason, que en la pantalla pasa de los 6 a los 18 años.

Por Matías Ant

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En 1959, François Truffaut le presentó al mundo al rebelde Antoine Doinel (interpretado por Jean-Pierre Léaud). El chico no solo ayudo a Truffaut a conseguir el premio a Mejor Director (por Los 400 Golpes) en Cannes, sino que introdujo la Nouvelle Vague al público internacional. El impacto de Truffaut (y Doinel) en la historia del cine fue inmensa y, pese a que este movimiento (como tal) duro solo hasta mediados de los ´60, la historia de Doinel continuaría hasta fines de los ´70. Basada en muchos elementos de la propia infancia de Truffaut, la de Antoine Doinel se convirtió en la vidriera de las obsesiones, preocupaciones y experimentaciones del director. Con cuatro largos (Los 400 golpes, Besos Robados, Domicilio Conyugal y Amor en Fuga) y un corto (Antoine and Colette) a lo largo de 20 años (cinematográficos y reales), Truffaut se encargo de contar (y mostrar) la historia de Antoine desde su problemática infancia hacia su adultez sin rumbo. Pero en su búsqueda de describir “una vida real”, el director francés presentó también los momentos felices y románticos, demostrando que la vida no solo es tristeza y miseria. Ver a este chico crecer en pantalla, es como mínimo una experiencia catártica e inolvidable. Richard Linklater, autor y director de una filmografía algo heterogénea y en apariencia dispersa (durante su carrera se movió, sin problemas y con resultados excelentes, entre el mainstream y el indie) como para haber consolidado la posición de excelencia que merece con creces, ya había propuesto algo parecido en la trilogía Antes del amanecer (1995), Antes del anochecer (2004), Antes de la medianoche (2013), en la que por medio de Jesse y Celine (siempre interpretados por Ethan Hawke y Julie Delpy, además ellos coautores del guion) y a lo largo de 18 años, ponía en la pantalla tanto el crecimiento de los personajes (y también de los actores) y sus preocupaciones, como su visión del amor, el mundo, la madurez, el matrimonio, los hijos y más. Pero cuando se esperaba que esta sea, a su alguna manera, la definitiva reactualización de la idea de Truffaut para el espectador de fines del siglo XX y principios del XXI, Linklater tenía un as bajo la manga.Y ese as es nada menos que Boyhood (2014), un película que comenzó a filmarse en el verano de 2002 enHoustonTexas y finalizó en agosto de 2013.

 

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Mucho se ha hablado (desde su premio como Mejor Director en el último Festival de Berlín) sobre la excepcionalidad del proyecto, rodado a lo largo de 12 años con los mismos actores, centrándose en la infancia y el comienzo de la madurez de su protagonista. Pero lo interesante aquí, es la relación entre ese ambicioso planteamiento y un tono que evita toda tentación de trascendencia para centrarse en la aleatoriedad del instante, en el paso de un tiempo no entendido como fuerza de erosión, sino como espacio para la construcción de una identidad. Se trata de la búsqueda del tiempo perdido de Linklater, su deseo de capturar la esencia de la niñez o el “épico cotidiano” de crecer, de hacerse mayor, a través de Mason, que en la pantalla pasa de los 6 a los 18 años. Su primer día de colegio, el divorcio de sus padres, los respectivos amantes de sus padres, su primer amor. Todo esto visto a través de unos ojos que son siempre los mismos. Explica Linklater: “No pude imaginarlo de otra forma. Proust nunca tuvo ese problema. Los realizadores, sí. Quería contar una gran historia sin contratar a diferentes actores para marcar el paso del tiempo. Quería un solo actor. Y la única forma fue filmar Boyhood poco a poco, dejando que sus protagonistas envejecieran como sus personajes”. Además, su objetivo era que este proyecto, que sin problemas podía pecar de excesivamente barroco y grandilocuente, sea narrado sin artificios y continua: “Quise que la película reflejara la forma en la que pasamos por la vida, sin saber qué es lo que nos espera. Todo lo opuesto a un rodaje habitual donde los directores quieren tenerlo todo bajo control, donde acomodan la realidad para que encaje en su narración”. Sin embargo, en Boyhood, esto no es sinónimo de improvisación. Para dejarlo en claro, el director afirma que desde el primer día supo cuál sería el último plano de la película y que solo dejó espacio en el diálogo para añadir detalles de la actualidad, de la cultura, del joven que se perfilaba en el niño y explica: “Incorporamos detalles personales aunque nunca rodé esperando que pasara algo delante de las cámaras. Lo que más me importa del cine es la narrativa, cómo contar las historias que quiero compartir. Y no expresaría lo que tengo en mi mente si el film fuera una improvisación”. El proceso consistió en juntarse en Texas una semana, una vez al año y rodar un nuevo capítulo en la vida de Mason. “En total, 39 días de rodaje en una producción de 4.200 días de julio de 2002 a octubre de 2013. La producción más larga de la historia”, se ríe de su propia locura. El presupuesto necesario, 3,9 millones de euros, lo consiguió autofinanciando el proyecto con lo que sería su sueldo, ya que esto que tanto entusiasmaba al director y sus actores (su eterno colaborador Ethan Hawke, Patricia Arquette, Ellar Coltrane), no era muy del agrado de los productores. El resultado de esto convirtió a Linklater en dueño de su película, algo bastante inaudito en Hollywood, pero que le ha brindado una libertad igual de inaudita, pudiendo elegir el mismo, cómo y cuándo se estrenaría. Cuando se le recuerda proyectos similares (como la mencionada serie de Truffaut y Doinel) Linklater comenta: “Eso fueron cuatro películas a lo largo de 20 años. Son una gran inspiración pero no tienen nada que ver a Boyhood. Se acercan más a Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes de la medianoche”. Para finalizar, además de toda la emoción que transmite el proyecto en su concepción y realización, se le suma el saber que es la despedida del director de 54 años: “Será mi último film pero es el que los precede a todos, a muchos, a tantos…Todavía no he aceptado que se acabó. Ha sido una experiencia mágica, la vida y el arte aunados en el proyecto de mi vida”. Por el bien de todos, esperemos que no sea un adiós, sino un hasta pronto.

 

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