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Escuela en Afganistán enseña a niñas a defenderse

En una escuela de Dah Yaya, una aldea de Afganistán regida por la moral talibana, las niñas aprenden a cuestionar a la tradición y a la concepción de que las mujeres son ciudadano de segunda clase. Así,  en medio de la pobreza y la rigidez, se abre el espacio para soñar un futuro mejor y construir una sociedad más libre.

 

 

A apenas 40 minutos de distancia de Kabul, en medio del paisaje rocoso de las montañas, se encuentra Dah Yaya; allí donde la reina la aridez y donde las casas son de barro, una mujer decidió romper con la conservadora tradición que impide a la mujer elegir su propio destino. Así, Razia Jan fundó el Centro de Educación Zabuli, donde puertas adentro la mujer no está pbligada a cubrirse el rostro con burqas ni a responder sumisamente a los dictámenes de hombres de mayor edad.

Lo que Jan se propuso es cambiar el modo en que son educadas las niñas en el Afganistán rural, primer paso en la batalla por lograr un cambio en un país donde los derechos de las mujeres son prácticamente nulos.

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“Tengo cuatrocientas alumnas”, dice Jan, cuya escuela recién surgió en 2008. Financiada por donantes privados, el servicio que ofrece es gratuito. “Logramos que estas chicas hablen por sí mismas, de modo que si algo terrible les ocurre, puedan combatirlo, tengan la fuerza de decir no”, alega la educadora, cuyo objetivo es abrir más puertas para estas niñas.

Bajo el régimen taliban, las mujeres tenían prohibido ir al colegio. Hoy en día, según el Ministerio de Educación de Afganistán, el 42 por ciento del alumnado es femenino. El Centro Zabuli no sólo da más libertad a las chicas, sino que allí se enseña inglés desde los cuatro años, hay acceso a tecnología y a Internet, todo por un costo cero.

 

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Lecciones de vida en la escuela afgana

 

“Los hombres y las mujeres tienen los mismos derechos”, opina Zuhal Ansaari, alumna del colegio. “Si una mujer estudia, puede enseñarle a sus hijos y vivir mejor”, completa. Nazaneen Jahd, a su vez, confía en que pronto una mujer pueda estar al mando de su país.

Según las Naciones Unidas, en Afganistán sólo un 13 por ciento de las niñas terminan la primaria, mientras que el 43 por ciento de los matrimonios está conformado por una mujer menor a 18 años. “Cuando la mujer se vuelve adolescente, es común que su padre la obligue a casarse, incluso con un hombre de 65 años”, cuenta Nahid Alawi, maestra de la escuela, que se propone enseñar a las niñas a decir no en casos como esos.

Rahila Rohullah, una alumna, es el vivo ejemplo: con ayuda de sus maestras, resistió a los abusos de padre, que quería casarla con un anciano. Durante seis meses resistió, hasta que su padre desistió. “Es mi decisión con quién me quiero casar, y mi padre no pueden decidir por mí. Toda niña tiene derecho a elegir”, cuenta la joven. Fue su madre quien la envió al Centro Zabuli, quien opina que “los tiempos cambiaron”.

Jan sigue con su tarea, pero no se confía de los talibanes: “Cuando te muerde una serpiente, no volvés a su cueva para que te vuelva a morder”. Cautelosamente pero sin pausa, su trabajo empieza a dar frutos, y con él la sociedad afgana da pasos hacia una mayor libertad.

Visto en Agence France-Presse

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