Opinión

Escritor semanal: Natalia Rozenblum

 

Un diario de buenas noticias. Sí, supongo que esto ya aparece en la portada o en la info del sitio. O en cualquier lugar aun cuando no se haya explicitado. Un diario lleno de buenas noticias, como un barrio lleno de chismes. Me dije al entrar: “Natalia, elegí una y solo una para comentar y darle profundidad”, pero si bien mis ojos se vieron capturados por algo que llamó su atención, fue imposible no convertirme en una chusma de este vecindario y abrir una ventana, y otra ventana, y unita más, vamos, que nadie se da cuenta que te leíste todo. Porque acá el vouyerismo no solo está permitido, sino que es clave para que una página funcione. Y en principio no puedo dejar pasar que me sentí atrapada por cada titular, cada imagen y un pijama infantil con cuentos. Sin embargo ocurrió que al entrar en esa historia, me sentí defraudada. No por los padres e hijos obviamente bellos para dar cuenta de esta novedad, sino porque había imaginado literalmente un pijama escrito con cuentos y en cambio la tela solo tenía unos círculos. ¿Entonces? Entonces los niños se tiran alegres en la cama matrimonial y alguno de sus progenitores con un celular que para mi comprensión debe ser de tecnología muy avanzada, captura un código o algo así que hay en esos círculos y en su pantalla tiene la historia para leer. Una especie de lectura de código de barras sobre sus propios hijos.¿No es mucho más linda mi idea? Además los chicos podrían leerse sobre sus cuerpos o en los de sus hermanos, hacerse cosquillas, o qué se yo… así que un poco indignada me dije: “Natalia, buscá otra, al final te creíste que esa noticia y vos eran una especie de tal para cual, un destino, y nada que ver”.
Volví a la portada y lo primero que leí fue sobre un chico que baila muy rápido. En la imagen reconocí el juego ese para pisar unas flechas según la pantalla lo indique, y me puse loca. Es un gran juego y recuerdo que hace unos años, cuando ya estaba grande para eso, mejor dicho, para exponerme frente a chicos o adolescentes, me subí en un shopping sin que me importara nada. Total bailo re bien, pensé. Pero coordinar en un nivel que no fuera vergonzoso, es decir, a dos por hora, se volvió muy difícil. Y como no iba a dejar de intentarlo, comencé a confundir mis piernas no solo no acertando una flecha, sino golpeándolas como una persona con muchísimos problemas de coordinación. Algo que superé hoy con mi gran deporte: el tenis de mesa.
La cosa es que le di play al video y no pude creer lo que veía: el pibe es un capo. No dura 10 segundos como en general esas cosas porque están trucadas o porque no les sale más tiempo, dura más de dos minutos. Dos minutos en los que uno de pronto tiene un nuevo ídolo en su vida, y se pone muy atento a un manejo indescriptible de pies, y, es cierto, se le vuelve difícil no mirar cada tanto los brazos que el pseudo niño tiene y con los que se sostiene para poder realizar tan armónica danza, un show de luces y, como corolario, un intento frente al espejo de quien momentos atrás, oficiaba de espectador.
Suficiente. Me dije: “Natalia, buscá otra cosa, es un menor”, y así caí en la tercera noticia más llamativa del diario, al menos para mí, y que creo condensa toda la bizarrez, creatividad y amor, o sea, tres cualidades hermosas y fundamentales de un buen vivir: un padre que dibuja la bolsita de la vianda de su hijo todos los días. Es un diseñador gráfico, y los dibujos hermosos, divertidos, alegres, tan así cada uno, que me dan ganas de volver al colegio en la hora del almuerzo.

Natalia Rozenblum

Bio: Nació en 1984 en la ciudad de Buenos Aires. Estudió filosofía. Hace casi 5 años que dicta talleres de escritura creativa y es muy feliz, también es fana del ping pong.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.