Opinión

Escritor semanal: Mora Sánchez Viamonte

 

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Me considero una persona pesimista por naturaleza. Hay un costado oscuro que siempre tiende a atraparme, como le ocurría a Anakin Skywalker (spoiler alert: él pierde y se convierte en Darth Vader), y por lo tanto creo que hay que recurrir a un tipo de entrenamiento: sí, como el de un jedi, si quieren seguir con la analogía. Porque con el tiempo me fui dando cuenta de algo que tal vez todos se dieron cuenta antes, pero yo hace poco, y es que el optimismo es una elección que hacemos diariamente, o a cada minuto, según cómo quieran fragmentar su tiempo- o cuán vertiginoso sea su trastorno de bipolaridad. Por eso cuando empecé a leer Buendiario supe que me encontraba con una herramienta excepcional. Las buenas cosas ocurren, es sólo cuestión de verlas. Y a riesgo de sonar como un profeta de libros de autoayuda, creo que es fundamental entrenar la visión positiva del mundo para generar un cambio.

De la misma manera que Julie Andrews enumeraba sus cosas favoritas en The sound of music (La Novicia Rebelde, 1955) para olvidar el miedo a una tormenta (paquetes envueltos en papel madera con un cordel, qué belleza), yo también encuentro refugio en determinadas cosas que me rodean y funcionan como mantras cotidianos e involuntarios. Cuando escucho, por ejemplo, el tema My girl de The temptations, donde el chabón está re contento viendo el sol en un día nublado, porque tiene a su chica y no le importa nada más, ¿cómo no compartir un poco esa alegría?. O al leer a Roberto Bolaño en su descomunal obra 2666, cosmopolita y plagada de personajes e historias que se ramifican al infinito, una obra nueva, y encima, latinoamericana, ¿cómo no volver a confiar en la humanidad?. Y me pasa con los dibujos de Daniel Clowes y las tiras cómicas de Nicholas Gurewitch en su Perry Bible Fellowship, como con las películas de los hermanos Duplass en su tono feliz y mágico; y la increíble empresa -que se convierte en el Himno a la alegría del siglo XXI- que es el video de Pharrell Williams Happy: 24hs de un recorrido por la ciudad de Los Angeles con gente bailando en absoluto estilo libre.

Y, por supuesto, la cultura es sólo un reflejo de algo que existe en la vida misma. Como surfista de sofás (esa práctica de viajar y hospedarse en casas de gente) me sigo sorprendiendo -aunque ya no debería– al encontrar personas en cualquier parte del mundo con ganas de recibir a un viajero, intercambiar anécdotas y aprendizajes de cualquier tipo sin cobrar nada, dejando de lado la despiadada industria hotelera o de alquileres que en definitiva apunta al ostracismo y el gasto innecesario. Una red humana global de huéspedes, que me hace pensar en el ambicioso y hermosísimo proyecto del oftalmólogo polaco Lázaro Zamenhof cuando creó el idioma Esperanto; un idioma para ser comprendido y hablado por todo el mundo como una lengua auxiliar, y que derivó en una cultura esperantista que incluye un código de hospedaje entre los hablantes de viaje.

Se ha relacionado mucho el concepto de profecía autocumplida (que sostiene un tipo de predicción que al expresarse es en sí misma la causa de que se haga cierta: como ejemplo la escena del jarrón y el oráculo en The Matrix) con el optimismo. Y es que es indudable que un tipo de pensamiento positivo termina generando en sí mismo acciones y hechos positivos. No por eso hay que perder la idea de realidad y saber que miles de cosas malas ocurren, pero sí está bueno también resaltar esto otro. Hagamos como Luke, entonces, y que la fuerza esté con nosotros.

Mora Sánchez Viamonte

Integrante de 107 faunos y de otras tantas bandas míticas de La Plata, dibujante, docente, viajera y “detodounpoquista” en sus propias palabras.

 

 

 

 

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