Opinión

Escritor semanal: Martina Grzmot

 

Somos lo que comemos.

Si viven en este planeta, habrán escuchado esta frase alguna vez.

Imagino que además de escucharla, la han experimentado en carne propia.

¿Cómo se sienten después de un fin de semana de comilona y rock and roll?

Personalmente, y después de diez días en Ciudad de México, debo confesarles que estoy cada vez más cerca de convertirme en un taco.

Recuerdo con añoranza los días de ejercicio, la alimentación sana y rigurosa. Recuerdo la sensación corporal de equilibrio y bienestar. Y mientras escribo esta nota me pregunto, ¿sucederá lo mismo con nuestros consumos intelectuales?

Los libros que leemos, las personas con las que intercambiamos ideas, los usuarios de Twitter a quienes seguimos, las series que vemos cuando funciona Cuevana. Son sólo algunas de las fuentes que componen nuestra realidad diaria. Nuestra dieta intelectual.

Las estadísticas revelan que el usuario promedio utiliza 10,4 fuentes de información para tomar una decisión en 2011, en comparación con 5,3 fuentes en 2010.* Cada año que pasa, el flujo de información disponible aumenta exponencialmente.

Si nos propusiéramos sumar la cantidad de información digital en el mundo, encontraríamos que entre todos los videos, las fotos, la música y los textos disponibles en la nube, se consumen aproximadamente 800 exabytes.

Se cree que para 2020, la cantidad de exabytes necesarios para almacenar todos estos datos será de 54,272**.

La unidad de medida es irrelevante, creo que ni ustedes ni yo podemos hacernos idea de lo que un exabyte representa, aunque una vez leí que un cerebro humano cuenta con una memoria de 20 exabytes (nótese que dudo acerca de la veracidad de la fuente***).

Lo que realmente me impacta son las proyecciones de crecimiento.

En la mejor charla TED de la historia, Kevin Roberts, el CEO de Saatchi & Saatchi, dijo a los estudiantes de Wharton que vivimos en la era de la información ****

El desafío de nuestra era, según Roberts, es encontrar el modo de procesar toda esta información.

Y es en relación con nuestra capacidad de procesamiento, donde entra en juego la evaluación consciente del contenido que consumimos.

Alguno de ustedes, alguna vez, ¿se detiene a filtrar las fuentes de donde obtiene información? ¿Qué tan “alimenticio“ es un determinado sitio, una revista, o un programa de radio? Ese show que tanto me gusta, ¿será una manzana, o más bien una grasosa hamburguesa? ¿Cómo saberlo? ¿Son tan evidentes los resultados en la persona, como los que experimentamos en el cuerpo después de una noche de alcohol? ¿Existirán distintas clases de metabolismos, más o menos aptos a ciertos tipos de comidas? Si siento un influjo de banalidad, ¿significa que tengo que dejar de leer la revista GENTE cuando voy a la peluquería?

Me encantaría saberlo.

Lo único que sé es que no tenemos que ser receptores pasivos de información, sino consumidores conscientes. Porque en el fondo, también esto constituye quienes somos.

Me da alegría haber encontrado Buendiario, un medio más para agregar a mi dieta diaria.

 

 

Martina es Licenciada en Comunicación y docente de antropología en la Universidad de San Andrés. Es socia en The Strategist Company,  donde trabaja felizmente administrando comunidades de Redes Sociales para empresas privadas y ONGs.

Cuando no está repondiendo sus cuatro casillas de email, escribe en varios blogs. Sus comidas favoritas son Just Little Things, The Quote Garden, Clarice Lispector y Paul Auster.

*Lecinski, Jim. Zmot, ganando el momento de la verdad. Google Inc. 2011.

** De acuerdo con las proyecciones de Google Argentina, el consumo estimado para 2020 es de 53 zettabytes.

***Taringa.

**** No se pierdan la mejor charla TED de la historia: http://bit.ly/6dTzF

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