Opinión

Escritor semanal: Marina Pilar Alurralde

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Mi nota de opinión favorita en Buendiario es la que escribió Guido Segal en mayo de este año. Allí decía con muy buen tino que debemos ser cuidadosos con lo que aparenta ser obvio, y proponía volver a pensar en qué es una noticia, y en qué es una buena noticia. Sinceró también que Buendiario es un intento inteligente de hacer concretas esas ideas imprecisas. Con el resultado puesto, parece haber sido ineludible hacer de esa búsqueda una construcción colectiva. Algunos meses después, sabemos que hay buenas noticias que lo son porque nos hacen revisar nuestras convicciones, o mejor: nos muestran que el mundo entero las revisa. El análisis genético de la más antigua muestra de ADN humano que demostró que la evolución no fue tan lineal como creemos todavía me tiene sin aliento.

Otras cosas que quitan el aliento: The Amazing Adventures of Kavalier & Clay (2000) –una novela que es un prodigio de la narración y el idioma– tiene un magnífico capítulo que transcurre en una base norteamericana ficticia en la Antártida, la “Kelvinator Station” , y que termina con una insólita hazaña llena de buena suerte, bravura y épica militar. Cuando leí ese capítulo, ya hace muchos años, nació el deseo de viajar, alguna vez, al continente más austral. Para ser una pionera solitaria, una Malamute de Alaska, y hacerme una con lo más inhóspitos elementos.

El pasado 30 de noviembre, después de ver a M.I.A. en el Planetario –gracias al buen samaritanismo de muchas personas– y cenando un combo uno en Kentucky, recibí una excelente noticia, una ¡WOW!: mi amigo Lucas viajaría a la Antártida para “cubrir” un recital, y se preparaba para literalmente embarcarse en una travesía inolvidable. Seguí con atención sus apariciones desde el sur, y las crónicas de su viaje, vernescas, esparcidas en limitadas apariciones en las redes sociales. Cuando una quiere mucho a un amigo es fácil imaginárselo como el héroe taciturno Joe Kavalier.

Las cosas más increíbles pasan en todos lados, todo el tiempo, enormes y pequeñas: hay unos ositos microscópicos que pueden adaptarse a los hábitats más extremos, pueden sobrevivir décadas en animación suspendida y lo han hecho en el espacio exterior, ellos, como todo en esta Tierra, incluida la que escribe, están hechos de polvo de estrellas. Se atribuye a Albert Einstein (quien desde luego sería un lector de Buendiario) la siguiente frase: “Solo hay dos maneras de vivir tu vida. Una, como si nada fuera un milagro. La otra como si todo lo fuera” . Entre una y otra, una decisión política que este diario ya tomó.

El misterio es lo más hermoso que podemos experimentar.

 

Marina Pilar Alurralde

Abogada y estudiante

@legallynegro

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