Opinión

Escritor semanal: Jordana Timerman

 

Últimamente tengo debates internos con un personaje difícil. Está representado por una mujer con la cual me topé el otro día en el supermercado. Nos chocamos por accidente (yo no estaba mirando) y mis disculpas recibieron una respuesta elocuente: una mueca agria y la afirmación amarga de que el episodio forma parte de una sumatoria de molestias y quejas que van desde el clima hasta los políticos. Mala onda, como diríamos coloquialmente. Todos nos topamos con versiones de este personaje, a veces está dentro nuestro, la convicción pesimista domina las conversaciones cotidianas casi tanto como protagoniza los titulares. Llega un momento en que te lleva la corriente, sentís que tantos no se pueden equivocar, está todo muy, pero muy mal. Y a esto viene Buendiario.

El acto de recortar la realidad para presentar una noticia pública es inherentemente un acto político. La noticia se presenta desde una perspectiva, eligiendo elementos para mostrar y dejando fuera otros, y con un fin. Si hay algo que los argentinos hemos aprendido en estos años, es cómo ser críticos de los medios de comunicación. Ya todos deberían tener en claro que la curaduría de las noticias, al igual que su creación, también tiene propósitos y objetivos propios.

Buendiario nos anuncia sus intenciones de entrada. Nos hace un recorte diametralmente opuesto al noticiero matutino y revierte las viejas verdades periodísticas: acá las malas noticias no venden y si sangra, no manda. Al contrario, dominan donaciones altruistas de esperma y medusas mágicas pululando las profundidades del Mar Blanco.

Confieso que en Buendiario siempre salto de una noticia a otra, riendo y sonriendo, siguiendo las sugerencias que propiciaba cada nota, dejándome llevar por un laberinto de información alegre. Algunas provocan ternura (casi todas las de los animales), otras son meramente ridículas, mientras que otras son más serias .

¿Para qué molestarse?, pregunta la contrariada señora mala onda. ¿Qué nos representan las buenas noticias? Una oportunidad de pensar que el mundo no es tan malo, le insisto (¿podría hasta ser bueno?). Un momento para relajar la cabeza, que pasa todo el día entre un diario y otro tratando de descifrar qué es la “verdad”, cual es el “spin” de la noticia, y si implica cosas terribles o meramente neutras. Buendiario, como una buena cena con amigos, nos reafirma que quizás no todo esta tan mal. Y para callar a la señora mala onda en mi cabeza, le compartí esta nota, a ver si algo la inspira un poco.

Jordana Timerman
Lectora, fan y amiga de Buendiario

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