Opinión

Escritor semanal: Johny Dean

La buena noticia de hoy: CAMBIO DE HÁBITO, ¡SE PUEDE!

 

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Cada mañana nos despertamos, cepillamos nuestros dientes, desayunamos y nos preparamos para el trabajo.

En el transcurso entre que nos estamos despabilando y llegamos a la calle, permanecemos en un estado como de conciencia nula, aún no comprendemos si estamos acá o si seguimos en el otro mundo. De pronto entramos al vagón del subte, todos apretujados intentando hacer espacio con la maleta, la cartera, el bolso, la mochila para que no nos sintamos invadidos por las extremidades de los demás. En un principio todo es turbulento y atormentados salimos nuevamente al pavimento, donde todas las personas aun se sienten mareadas. Llega la hora de ponerse a trabajar, nos sentamos frente a una computadora, y como si fuéramos una máquina más, tipeamos y tipeamos, atendemos el teléfono y a las necesidades de otros por unas cuantas horas. Luego termina nuestro horario de trabajo, volvemos agotados a nuestras casas, ya irritados por las molestias que nos ocasionaron los percances del regreso al hogar. Prendemos la tele y nuevamente nos volvemos nulos por unas horas, hasta que se nos cierran los ojos y nuestro cerebro nos pide casi agonizando que retiremos nuestro cuerpo y nos desprendamos de este estado.

 

Cada día vemos como estas secuencias nos acechan como si fueran moscas que cada tanto nos pinchan, nos quejamos, gritamos, nos ponemos nerviosos, depositamos nuestra ira en cualquier transeúnte, que al igual que uno, reacciona de la misma manera, o peor. Es aquí donde quisiera hacer una breve pausa… no solemos preguntarnos por qué reaccionamos así frente a tales situaciones, porque tenemos incorporado el chip de la violencia cuando sentimos peligro a que nos agredan y por las dudas, agredimos antes…

 

¿Acaso no es el mismo miedo que ha atraído esa situación? Si quisiéramos transformar estos hábitos, ¿es posible?La respuesta es: TODO ES POSIBLE, ¿cómo? Mirando más allá, tanto dentro como por fuera nuestro hay un gran universo que está en constante movimiento, entonces, ¿por qué nos quedamos estancados en situaciones repetitivas si existen posibilidades infinitas?

 

Quizás sea porque nos resistimos al cambio, tememos a la muerte, y no hablo solo físicamente, sino también mentalmente, emocionalmente… buscamos siempre identificarnos con algo que nos haga sentir “seguros”, aquella famosa llamada “ZONA DE CONFORT”.

 

¿Y por qué preferimos quedarnos allí? Quizás no somos concsientes de que hemos caído en la pereza de dejarnos llevar por nuestros impulsos, sin estar atentos a nuestras acciones. En el mundo de los animales, cuando uno se siente amenazado por otro, es probable que saque sus garras, muestre sus dientes o cualquier reacción de protección frente al depredador en la salvaje selva natural. Pero en un mundo civilizado, reaccionamos de la misma manera en cualquier situación, a pesar de que podemos racionalizar nuestras acciones, nos hemos acostumbrado a mantener estos comportamientos a lo largo del tiempo. Y si nos ponemos a analizar en profundo, así llevamos toda nuestra vida en adelante, a partir de un aprendizaje que luego se repite, una idea pasa a ser un hábito con el cual nos manejamos en el resto de las áreas que conforman nuestro existir, extendemos esos impulsos como automatismo a cualquier interacción. Hay una frase que leí hace tiempo y me ha sensibilizado mucho:

 

“Observa cómo tus pensamientos se transforman en palabras,
observa cómo tus palabras se transforman en actos,
observa cómo tus actos se transforman en tus hábitos,
observa cómo tus hábitos se transforman en tu carácter
y así tu carácter, se transforma en tu destino.”Esto me abrió los ojos a un nuevo panorama. Todo comienza con un pensamiento, como por ejemplo, cuando alguien nos decepciona, por lo general se da porque uno cree que el otro debe hacer lo que nosotros deseamos aunque no lo comuniquemos. Se genera el hábito de la expectativa, que tiene mas que ver con deseos y frustraciones propias que la falta de interés o consideración del otro. Hay una respuesta impulsiva que nos lleva tomar este camino.

 

Estos actos nos transforman día a día hasta instalarse como hábitos que conforman nuestro historial. Es importante que encontremos momentos para analizar nuestro pasado, soltar todo aquello que nos disgusta de nosotros mismos,  dejar de relacionarnos de una manera culpógena con los hechos y las personas, hacernos cargo de cada acto, sanar e incorporar el cambio que añoramos. Para esto existen herramientas que nos ayudan a transformar nuestro comportamiento, son las mismas que utilizamos para generar los hábitos que nos disgustan. Estas son la Intención, la Atención, la Acción y la Repetición.

 

La Intención es tu predisposición al camino de la transformación. La Atención te mantendrá alerta al momento indicado para generar la Acción. La Acción es el hecho en sí de la transformación. La Repetición, es la que genera el nuevo hábito. Este proceso requiere de un sacrificio, es el dejar morir y/o soltar todo lo viejo que nos relacionaba con hábitos anteriores. Es por ello que debemos aprender a dejar de temer a la muerte, que es un proceso natural. Cada vez que nos vamos a dormir dejamos morir el día, para darle lugar al nacimiento de uno nuevo lleno de oportunidades.

 

Gracias!

Johny Dean

Fotógrafo, peinador y artista plástico
web: www.johnydean.com

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