Opinión

Escritor semanal: Itatí G. Di Guglielmo

 

Francisco sabe…posta.

El Papa migrante ayer en Rio de Janeiro dirigió nuestra atención sobre  lo que llamó : “exclusión de los dos polos de la vida refiriéndose a los ancianos y los jóvenes, proponiendo luchar por erradicar la eutanasia escondida o cultural que hace que a las personas mayores no se las deje hablar o actuar “.  Buena noticia muy ligada al hecho incontrovertible de que se vive cada vez más y en mejor estado, pero sin trabajo ya que el geronte se transforma en invisible tanto para el entorno cuanto al mercado laboral. A predicar la buena nueva que representa la prolongación de la vida va esta idea pequeñita en calidad de aporte de un nuevo rol laboral destinado a mejorar la presencia de los mayores en la realidad que nos circunda, con el aporte de los valores que han sabido sostener a lo largo de la vida .

ÁNGELES PLATEADOS 

Leyendo una noticia sobre unos ángeles que habría organizado un intendente para velar por el cumplimiento de determinada normativa recordé que durante un interesante viaje en taxi escuché del chofer (un ingeniero industrial ex gerente de planta de explotación petrolífera) la siguiente anécdota: un atardecer de verano de escaso movimiento, estando en fila sobre la Avda. Callao esperando pasajeros creyó oportuno terminar su jornada y arrancó hacia su casa. Ese preciso instante eligieron tres señoras mayores de pelo blanco para subirse e indicarle un destino.

Al llegar al primer semáforo rojo escuchó el ruidoso arribo de otro taxi que, con sonoros rebajes, se les apareó y el conductor -aparentemente quien había estado atrás del relator en la fila aludida- comenzó a insultar de viva voz al ayer gerente, hoy tachero.

Este, manso, guardó compostura  y arrancó apenas llegada la luz verde creyendo dejar atrás el problema. Lejos de ello, el agresor, en el siguiente semáforo, volvió a la carga recomenzando la retahila de improperios, groserías, amenazas, etc. etc.

Fue en ese preciso momento que sintió  un suave toque femenino en su hombro derecho y la siguiente recomendación dicha muy cerca de su oído por  la señora de pelo blanco sentada atrás suyo:

Chofer, le voy a pedir un favor: bajo ningún concepto se baje del auto, ¿estamos?

Acto seguido, descendiendo del vehículo, procedió a rodearlo parándose  frente a la ventanilla del agresor al que  le preguntó educadamente a qué obedecía su actitud.

La respuesta fue una catarata  de improperios algo más detallados. La señora amablemente le pidió al chofer que cambiara el tono y éste entonces comenzó a incluirla como destinataria de los insultos.

Ahí fue cuando se escuchó el inconfundible sonido de un bofetón que la señora, de zurda, aplicara al chofer, quien estupefacto y ahora balbuceante  siguió con el impulso injurioso, ya directamente enfocado hacia la señora canosa,  olvidando a su anterior enemigo.

Ésta, ni lerda ni perezosa, le aplicó una sonora cachetada , esta vez de diestra.

Ante ésta, el sorprendido, abofeteado y aturdido insultante resolvió poner primera y partir raudamente, momento en el cual la portadora de cabeza blanca, se volvió dignamente al taxi, se acomodó  en el asiento y declaró a sus acompañantes:

– “¿A mí  que crié 7 varones,  me va a insultar?!!”.

Debo decir que este hecho me fue altamente inspirador, hasta el punto que pensé en dejar en evidencia mis canas y  salir a cambiar el mundo por sorpresa.

Recientemente ante el súbito furor de mi madre, una entusiasta de la vida a sus 97 años, quien gritaba defendiendo la dignidad de una cuñada que había permitido el abuso de parte del marido (su hermano) de hacerse servir cuando podía perfectamente hacer las cosas  por sus propios medios con la simple excusa de negarse a rehabilitarse luego de una fractura de cadera:

– “¡A mí me van a hacer eso, pues como no se sirva sólo, yo no le hubiera acercado ni un vaso de agua!

Ahí uní la anécdota de la señora del pelo blanco, los valores que tanto ella como mi madre aún tenían el entusiasmo de defender y un curioso y efectivo sistema disuasor de multas de tránsito que – alguna vez leí – utilizara China y que consistía en detener al que habría transgredido algun semáforo y sólo parar al lado de la ventanilla del infractor  a un inspector quien procedía a retarlo de viva voz durante no menos de 30 minutos en el escenario de los hechos.

Imaginé entonces la creación de brigadas de ángeles plateados compuestas cada una por al menos 3 mujeres de canas asumidas, que transitaran las calles y avenidas de Buenos Aires, impartiendo docencia efectiva e in situ sobre valores, educación, respeto y cuidado de los otros. Que actuaran, no abofeteando, si “retando“ y llevando hacia una mejora el cuidado del medio ambiente (“Hay en la esquina un balde para ese papel, piense en el mundo que dejaremos a los que nos siguen, tírelo allí”) o normas de tránsito y consecuencia de no respetarlas (“la bicicleta sólo debe usarse en las sendas habilitadas, piense en el dolor que causará a quien la/o quiere si tuviera un accidente, cuídelos cuidándose”) protección de derechos vulnerados, dignidad, que intervinieran por ejemplo en situaciones públicas de abuso llevando las cosas al cauce debido, etc., etc…

Se aprovecharía de este modo el enorme potencial de muchísimas mujeres -que viven más que los hombres y en mejores condiciones hasta ahora- con ganas de cambiar las cosas y  tiempo para hacerlo, lucidez para implementarlo y que transcurren sus días en un inmenso mar de aburrimiento, sin desafíos, objetivos o misiones, creyendo no ser necesarias para nadie, cuando resultarían indispensables para el objetivo de mejorar la convivencia ciudadana.

Desde aquí hago la propuesta y el llamado a integrar estas brigadas. Resultaría útil, novedoso, efectivo y sobre todo una misión que prolongaría la vida de ellas y mejoraría la de todos. Y frente a la posibilidad de que tuvieran algún percance, yo como poseedora (por ahora disimulada) de canas que soy, le pregunto: ¿Ud. qué preferiría: partir de esta vida en una gesta como la descripta o mirando realities por TV?.

Itatí G. Di Guglielmo

Docente, abogada conciliadora, productora

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