Opinión

Escritor semanal: Ignacio Zilveti

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CELEBRACIONES CON REVERB

si quieres ver a tu tierra en paz

el sol empuja con su luz

el cielo brilla renovando la vida

y deberás amar amar,

amar hasta morir

Quedándote o yéndote – Luis Alberto Spinetta

 

Casualidades del destino. O causalidades de historia política. Lo cierto es que el martes 29 de noviembre aquellos que amamos expresarnos con libertad y sin condicionamientos, recibimos una gran noticia: la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró la constitucionalidad –y plena vigencia- de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, votada por el Congreso de la Nación allá por el 2009. Esto sucedió en vísperas de otro acontecimiento trascendental para los argentinos: el 30 de noviembre se cumplieron 30 años del triunfo de Raúl Alfonsín en las elecciones presidenciales de 1983 y, con ello, la restauración ininterrumpida de la democracia en nuestro país. Pasado y presente se hicieron carne en una misma semana.

Yo soy joven –o al menos me considero tal. Tengo apenas 25, un puñado de años que no son ni una partícula subatómica en la historia de la humanidad. Soy un hijo de la democracia, no viví a los Onganía, Videla, Massera y Astiz. Y realmente estoy agradecido por ello. Me crié en una casa en donde la política siempre estuvo muy presente. Entre almuerzos familiares y debates acalorados de sobremesa, la defensa de la democracia y el “nunca más” a los golpes de estado eran temas recurrentes; como también lo eran la necesidad de profundizar y mejorar esta democracia joven, un tanto inestable aún.

El martes pasado, la democracia argentina cimentó un nuevo pilar en donde apoyarse para continuar fortaleciéndose y creciendo. La ratificación que hizo la Corte Suprema de la constitucionalidad de la Ley de Medios pone de manifiesto cómo la sociedad argentina va caminando en pos de ampliar las voces, romper con los discursos únicos y empezar a cumplir con el mandato federal consagrado en la Constitución, de una vez por todas; y, de paso, desmitificar cierto pensamiento generalizado, fogoneado por los grandes medios de comunicación, que nos tilda de conservadores. Ojo, este es sólo un paso. Uno que no servirá de nada si nos dormimos en los laureles y las auto-alabanzas. Tampoco servirá si el cumplimiento de esta ley de la democracia se hace a medias, con paréntesis y amiguismos. Es fundamental, ahora, que todos los que la apoyamos y confiamos en lo que reza estemos dispuestos a defenderla y hacerla cumplir en su totalidad.

Quiero detenerme en un aspecto de la Ley de Medios. Aquel referido a los contenidos de programación y la difusión de la música. A partir de la entrada en vigencia de la ley, el 70% de los contenidos de la programación, tanto de la televisión como de las radios, deberán ser de producción nacional. Y en lo referente a la música transmitida por estos medios, el 30% deberá ser de autores o intérpretes nacionales –siendo distribuida de manera proporcional a lo largo de la programación; y la mitad de este porcentaje, producida de forma independiente (Más info, aquí). Esta reglamentación abre un espacio de oportunidad para innumerables músicos y bandas nacionales que, a diario, ven frustrado su anhelo de ser escuchados por el simple hecho de no estar bajo contrato discográfico; obliga a las radios nacionales a otorgar un espacio significativo a la música nacional; y, sobre todo, permite que se difunda a mayor escala el excelentísimo nivel musical que existe en nuestro país. Música de todos los rincones -si todo sigue los carriles que la ley indica- llegará a nosotros. Rock, pop, zamba, tango, chacarera, bossa nova, cumbia, jazz, merengue, funk, blues, la fusión de algunos o la de todos y los miles de estilos musicales que miles de músicos argentinos componen a diario, tendrán al fin difusión en todo el territorio nacional.

Celebremos la democracia. Celebremos la pluralidad de voces. Celebremos la música, en especial la nuestra. Celebremos el respeto a la mirada del Otro. Y, sobre todo, celebrémonos como pueblo. Porque seguimos creciendo.

 

Ignacio Zilveti

Politólogo y Manager de Mustafunk

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