Opinión

Escritor semanal: Fabián El Greco

 

Un pequeño tiempo para el otro

Desde que suena el despertador, a primera hora de la mañana, todo comienza a tener el sentido de la urgencia, el inicio, tanto como el transcurso del día en cada semana, es urgente. Incluso los días con menos obligaciones, durante los fines de semana, todo se vuelve de alguna manera perentorio. El ocio también lo es, debido a que un alto índice de personas que deciden salir a disfrutar en bares, cines, visitas a amigos o paseos por la ciudad lo hacen bajo la instancia del tiempo contado, de disfrutar antes de que anochezca; si es durante el día, o antes de que amanezca, si es una actividad nocturna.

Pero volviendo a la semana, los trayectos que hacemos a diario se vuelven apresurados, desde el mismo momento en que salimos de la cama, a pesar de la “fiaca” y las ganas de dormir un poco más, ir a la cocina para hacer el desayuno, o trasladarse desde el placard al baño, para ponerse a punto para cumplir con las obligaciones y responsabilidades, todo implica apurarse. Es todo un operativo interior con el que lidiamos a diario.

En ese marco, en los trayectos urgentes que tenemos en la vida rutinaria es que nos encontramos con muchas situaciones a las que dejamos pasar, más allá de que sepamos que si focalizamos en ellas, sabremos que pueden ser un disparador de deseos, actitudes, relaciones o mayor indiferencia hacia el contexto, lo que nos pasa por al lado, pero no deja de ser parte de nosotros. Salir de casa, correr a tomar el bondi o el subte para llegar en el horario, sacar el coche y tomar el camino correcto para arribar justo a destino tiene la urgencia de transitar esos no lugares, donde no sentimos identificación alguna, pero sin embargo somos parte de las miles de personas que le dan vida a ese universo.

De eso se trata. Cientos y miles de personas que viven en ese contexto, la ciudad, el camino, lo imperioso de llegar a destino, sitios y lugares de los que somos parte, pero sin embargo, reparamos en saber que todos ellos suman, viven, transitan en la urgencia tanto como uno mismo, pero no apuntamos a nada más. Es en esos escenarios que nos encontramos con “ellos”, esos personajes muchas veces incomprendidos, marginados del sistema que sólo nos representan una reacción visual, cada vez que los vemos tirados en algún rincón de una vereda, estación o plaza. Ellos a quienes llamamos “indigentes”*.

Si bien siempre los identificamos, no siempre los observamos, no tenemos tiempo suficiente para hacerlo, para entenderlos. Nos demandaría mucho tiempo, tal vez más del que disponemos o creemos que disponemos para la iniciativa. Sin embargo, hay quienes a pesar de lo apremiante que pueda resultar dedicar algunos minutos en observar, acercarse, relacionarse con el otro, tan humano como nosotros, aunque en situación de “indigencia”, resuelven dejarse llevar, abstraerse de la urgencia cotidiana y dar lugar a la parábola del buen samaritano.

Desde aquellos tiempos bíblicos y el encuentro de Jesús con el buen samaritano** está latente la acción de “amar a tu prójimo como a ti mismo”, pero de la misma manera y al mismo tiempo muchos se preguntan “¿quien es mi prójimo?”. Justamante en lo imperioso de lo cotidiano, ante la sensación del tiempo contado en la vida diaria es que no siempre estamos al tanto del otro, debido a que sólo nos representa una imagen dentro de la amplia fauna urbana. Y es por eso que considero muy relevante la acción de este buen samaritano en el video presentado por BUENDIARIO, donde con actitud de buen hombre, este transeúnte de la rutina apremiante se dedica a complacer a una persona en su día de cumpleaños.

Todo comienza con un afectuoso abrazo, luego con ofrecer lo que le trajo para dedicarle ese corto, pero no menos importante, momento de celebración para la mujer y su perro. Esto provocó la atención de todos quienes trancurrían su trayecto apresurados entre sus obligaciones y diligencias. El bonete, el cotillón, la pequeña torta con la velita, fueron constructores de ese momento de felicidad, transformado en un panorama absolutamente diferente al gris diario que uno se imagina puede vivir una persona en estado de “indigencia”. Sin dudas, un gran momento de felicidad. El mismo que todos podremos elegir dar en algún o en varios trayectos de nuestras vida, solo neceitamos darnos cuenta de lo importante que es hacernos un pequeño tiempo para el otro entre tanta urgencia.

*Personas que carecen de vivienda adecuada y de ingresos propios, y que viven en una situación de pobreza y marginación social.

**Léase como samaritano al grupo étnico y religioso que se considera descendiente de las doce tribus de Israel. Hablan árabe o hebreo moderno.

 

FABIAN EL GRECO

Periodista / Productor de Eventos y Espectáculos de la Agencia BIG FUN / Conductor del programa TODOS AFUERA! (www.radiohoy.net)

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