Opinión

Escritor semanal: Elia Toppelberg

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Buenas noticias en cada momento de nuestra vida.

Las buenas noticias no solo las transmiten los medios, también las podemos generar cada uno de nosotros en la experiencia cotidiana.

Lo importante es que confiemos en esto y estemos dispuestos a generarlas y compartirlas. Por eso comparto mi sorpresa:

¿Quién me iba a decir a mí, que en un viaje de placer a Vietnam, me iba a enterar de que la gente joven ha dejado atrás el recuerdo de la guerra, no solo la cruenta en la que murieron 3.000.000 de Vietnamitas con la invasión de EE.UU., sino con Francia que los colonizo por 100 años?

Con todos los jóvenes que hablé coincidían en que las guerras son el pasado, y quieren mirar al futuro.

Había muchos turistas americanos y franceses, y ante mi pregunta inquisidora y escéptica, de cómo los aceptaban, me respondieron que esas guerras fueron entre gobiernos, no entre pueblos. Y que los vietnamitas nunca van a dejar de ser buenos anfitriones. Solo queda algo de odio en nuestros abuelos.

¡Gracias jóvenes Vietnamitas!

Y en mi paso por Bolivia, tuve la oportunidad de conocer a una mujer perteneciente a la comunidad de los Menonitas, solo un rasgo para ejemplificar: hablan un alemán antiguo, y las mujeres y los niños no tienen permitido aprender la lengua del lugar, para no asimilarse.

Sin embargo, con su poco español, me contó el sufrimiento de tener un marido golpeador. Ella mantenía la familia trabajando la tierra, había bajado 22 kilos en 10 meses.

Como soy psicóloga, especialista en envejecimiento, me fue simple con pocas preguntas, diagnosticar posible Alzheimer en las conductas del marido.

De manera que le envié una nota dirigida a su Ministro religioso, para que la mujer recibiera ayuda, y también mis libros a título informativo.

Así de simple, ella pidió ayuda y yo se la di, aunque proviniéramos de culturas tan diferentes y por qué no, antagónicas. Juntas generamos una buena noticia.

Y la mujer de la foto es Juana, de 80 años. La encontré sentada bajo los rayos del sol del mediodía en un pueblito alejado de Catamarca. Con bastón y varios bolsos, si no estaba integrada en el paisaje era porque su equipaje era colorido. Había caminado varios kilómetros y todavía le faltaban unos cuantos. Me ofrecí a acompañarla, no daba crédito a lo que veía, nosotros desde nuestra cultura urbana, y los miedos, y la sobreprotección…y ella tranquila me guió para cruzar el rio, mientras que me contaba que había tenido una caída muy fuerte el día anterior y por eso se había ido al pueblo más cercano para que la vea un médico. De paso reclamó en PAMI la dentadura postiza y los anteojos que le han prometido y no llegan… y nuevamente mi pregunta urbana: ¿Por qué vive aquí tan alejada y sola? Porque este es mi lugar, y aquí voy a morir, igual que mis padres, igual que mis abuelos…

¡Tomar decisiones! ¡De esto se trata! ¡Mientras yo la ayudaba, ella me iluminaba!

¡Gracias Juana!

Las buenas noticias están en nuestra vida… solo se trata de darnos cuenta.

 

Elia Toppelberg

Psicóloga y Escritora

www.eliatoppelberg.com

www.boomdelalongevidad.blogspot.com

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