Opinión

Escritor semanal: Carolina Zakrajsek y Luciana Flammini

 

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Buenos Aires cuenta tanto con defensores como con detractores, pero podemos asegurar que no pasa desapercibida. Su nombre ya contiene algo de ‘bueno’, y definitivamente se encuentran cosas interesantes al vivir en ella o transitarla. Su caos y su belleza, su historia y su personalidad, constantemente maravillan a extranjeros que vienen de visita y se van con impresiones positivas sobre la oferta cultural, gastronómica y noctámbula de la ciudad.

En cambio, quienes viven en Capital suelen ‘sufrirla’. No vamos a negar que ciertos aspectos pueden mejorarse -y mucho-. Suciedad, tránsito y protestas están en primer lugar cuando de quejarnos se trata. Los principales medios de comunicación tampoco hacen mucho por apaciguar este malestar. Por el contrario, en ocasiones parecería que debe llenarse parte de una publicación con noticias que a veces suenan exageradas y, otras tantas, innecesarias. Es por eso que en estos días la difusión de buenas noticias, como lo hace Buendiario, ayuda a dar otra perspectiva, tomando lo positivo como punto de partida. Se trata de ver el vaso medio lleno: la ciudad es mucho más que solo problemas.

Recorrer Buenos Aires y vivirla como turistas no es algo a lo que estamos acostumbrados los porteños. El concepto de interés cultural sólo parece surgir cuando estamos en otro país, recorriendo calles ajenas. El hecho de que siga siendo rememorada por algunos como ‘la Paris de Sudamérica’ da la pauta de la mirada hacia el extranjero como vara para medirlo todo. Esto no es necesariamente negativo. Buenos Aires realmente ha heredado muchas cosas del hemisferio norte. No solo las corrientes inmigratorias echaron raíces que cambiarían el país por siempre; arquitectos, artistas e ingenieros modificaron la fachada de una ciudad que se pelea continuamente entre el mote de ‘tercermundista’ y la inspiración extranjera.

Nosotras somos dos amigas que disfrutamos de esa mezcla típicamente porteña que se traduce, particularmente, en la arquitectura. Nos dimos cuenta que verdaderamente hay un Buenos Aires muchas veces ignorado. Sentíamos la necesidad de compartir estos hallazgos y nos propusimos hacer algo con lo que fuimos encontrando en el camino. Ideamos un proyecto dirigido a los porteños, un sitio dedicado a informar y -tratar de- exaltar en los otros el interés por conocer la ciudad. Al ser sus creadoras no podíamos menos que ser admiradoras no solo del patrimonio arquitectónico e histórico, que es bastante, sino también de las pequeñas cosas que aparecen de un día a otro o se renuevan y sorprenden cotidianamente: la arquitectura de un edificio descubierto desde la ventana del colectivo, la posibilidad de tirarnos a leer en uno de los tantos espacios verdes que por suerte tenemos, caminar y entrar en un pequeño museo/galería/taller abierto al público que no sabíamos que existía, tomarnos un cortado en alguno de los tantos cafés notables, pasear como excusa para conocer un nuevo barrio. Esos detalles o lugares que por apuro o cansancio, o simple falta de conocimiento, muchas veces se pasan de largo pueden ser el puntapié para empezar a conectarse con Buenos Aires.

Es que la ciudad no debería ser solo un espacio donde se vive. También puede ser un lugar para aprovechar y sentirse contento de estar habitándolo. Actividades que muchas veces no tienen nada que envidiarle a otras metrópolis, como muestras de primer nivel, cineclubes, recitales, actividades al aire libre, tours gratuitos y más, conviven bajo nuestras narices. Todo esto viene a ser un preámbulo para decir algo muy simple: Buenos Aires se puede disfrutar, y parte de la diversión está en buscar esas cosas que lo mueven a uno y lo llevan a darse cuenta de que la ciudad que uno hace personal va mucho más allá de las guías de turismo.

Carolina Zakrajsek y Luciana Flammini

Amigas y creadoras de Por Buenos Aires

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