Opinión

Escritor semanal: Bruno Sala

 

ECÓLICOS ANÓNIMOS

“Ejército de boludos, que guardan las latitas para reciclar.

Ejército pelotudo, no compren aerosoles que al ozono le hace mal.

¿Qué me importan las ballenas? ¿Qué me importan los pingüinos?

Yo quiero un ejército de locos que me saquen de la tumba”.

Así cantaban Las Manos de Filipi, una banda de rock y cumbia fuertemente ligada a ideales socialistas; y así tarareaba yo contento esta simpática melodía, hace unos cuantos años atrás. Con el tiempo estas palabras empezaron a generarme una sensación extraña, ambigua. Ciertamente me divertían; me imaginaba a un borracho punky delirando a un grupo de ambientalistas pancartistas que se la pasan tocando un tamborcito y comiendo remolacha integral , y me causaba risa. Al mismo tiempo, el hecho de que se cante esto en un ámbito socialista, con tipos que pueden pasarse diecisiete horas seguidas teorizando sobre como construir un mundo más justo y distributivo, me parecía un dato al menos curioso.  Como si esa sensibilidad para con quien no vive dignamente no existiera para percibir que en los últimos siglos, el estilo de vida que elegimos los humanos para progresar hizo y está haciendo un desastre absoluto en nuestro entorno. Como sociedad nos afecta más ver  gente pasar hambre que ver como destruimos todo.  “Lo urgente no deja tiempo a lo importante” decía Quino a través de Mafalda.

Por supuesto que una cosa no es exclusiva de la otra, podemos bregar por un mundo equitativo y a la vez ecológico. El problema es que las recetas que usamos no concuerdan. Cuando hay una crisis y enfriamiento de la economía el planeta descansa un poco. Y cuando hay reactivación, todo vuelve al ritmo acelerado que nos trajo hasta esta situación.

En definitiva, ¿será que todo lo que perjudica a los humanos, beneficia nuestra tierra y a los demás que la habitan? Qué hipótesis poco feliz. “¿Cómo podés pensar de esa manera y fundamentar tu vida profesional en trabajar con materiales reciclados, transmitir un mensaje esperanzador, prestarte a dar charlas sobre sustentabilidad?” me preguntó un gran amigo mío.

Y la verdad es que todavía me lo estoy preguntando. Ni hablar de responderlo.  Lo que sí sé es que cuando leo que un par de tipos en el medio de Zambia se les ocurrió usar todo el bambú que tienen para hacer bicicletas que permiten resolver problemas de movilidad de un montón de gente y al mismo tiempo reducir la cantidad de combustible, todo se me presenta armónico y real. Como una gran verdad. Y me invade la sensación de que esa verdad es imposible que no termine de imponerse, porque es una verdad natural, histórica. Se trata de ejemplos que contagian, motivan, desafían. Buenas noticias que evidencian que es perfectamente posible vivir de otra manera. Eso es lo que me entusiasma, que es un desafío.

“- Tomá, acá está. Con toda esta basura diseñame algo. Que sea cómodo, útil, funcional, lindo y vendible… y encima que no joda al planeta.” Bueno, dale, andá tranquilo. Te prometo que no vamos a parar de intentarlo.

 

Bruno Sala.

Diseñador Industrial.

Co-fundador y director creativo de Pomada.

www.pomadaweb.com 

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